El “No” del otro día…

“Qué feo me respondió: ¡NO!”, fue el reproche que una mujer desconocida me hizo cuando le respondí “NO” a una pregunta muy simple y totalmente impersonal.

Todo ocurrió cuando bajé las escaleras y junto con una compañera me puse a buscar unas llaves que necesitábamos, en aquel sitio había una mesa pequeña cubierta con un mantel que a su vez, en un doblez de abajo hacia arriba cubría algo sobre esa mesa (eran unos dulces que estaban a la venta por uno de mis otros compañeros); mi compañera y yo levantamos el mantel para buscar las llaves y una persona que se encontraba a un lado, preguntó ¿Me va a ofrecer?  yo apuré un “NO”, seguí buscando y lo que siguió jamás me lo esperé, un reproche al que por cierto tampoco hice mucho caso pero que sí me hizo reflexionar sobre varias cosas:

¿Cómo pude responderle “feo” a una persona que en realidad ni conozco? ¿Cómo pudo sonarle “feo” la palabra NO cuando en realidad es una palabra tan cortita cuyo significado es muy simple: negativa, negación, contrario a afirmativo, contrario a SI. Pienso que la persona molesta con mi NO tiene un tema no resuelto.

Creo y lo creí cuando subí las escaleras luego de encontrar las llaves que la mujer tenía su ánimo predispuesto porque de otro modo hubiera dejado pasar aquello como algo sin importancia.

Hoy, soy yo la que reflexiona sobre el hecho en cuestión que, si bien para mí no era importante porque mis asuntos eran diferentes y mi atención apuntaba hacia otro lado que no involucraba a la parte “ofendida”, lo fue a partir del momento en el que escuché la queja de aquella persona y me hizo pensar en que todo aquello que decimos o pensamos tiene una razón, nosotros la conocemos, pero a veces ocurre que somos juzgamos desde el cristal de otros, no desde nuestro propio cristal.

Pero lo que más me impactó fue la reacción -desde mi punto de vista exagerada- de la persona y me pregunto ¿de verdad quería que le dijera que sí? ¿por qué iba a decirle que sí cuando la única respuesta posible para mí en ese momento era NO? Es una bobería… no podemos complacer a todos sólo para que no se enojen y reaccionen negativamente, además, para mí era imposible conocer la predisposición de aquella mujer hacia la respuesta negativa.

Es posible que ella hubiera querido que yo bromeara, pero tampoco estaba dentro de mis posibilidades bromear cuando mi ánimo estaba enfocado en la búsqueda de algo perdido y así es como ocurren los malentendidos, cuando cada quien está por su lado y no se fija y ni mira, pero lo peor de todo, cuando nos tomamos demasiado personal las personas de personas que ni siquiera conocemos, adelantamos un juicio que a la larga no nos llevará a nada porque la única manera posible de conocer la situación de quienes cruzan por nuestras vidas es preguntándoles o que ellos mismos nos las cuenten.

Yo ignoro lo que esa persona trae o traería guardado en su corazón o en su mente, igual apuro mi propio juicio e intuyo que es una persona que necesita de la condescendencia de los demás, pero quizá sólo era un día en el que no estaba de ánimo para que le dijeran NO. De todas formas, nada gano con tratar de averiguar lo que en realidad pasó y los motivos, me gusta la reflexión que sale de un simple suceso que en apariencia no tiene la menor importancia, me gusta indagar en mi propio interior -ya que no puedo hacerlo en el de los demás- porque pienso que todo tiene un porque y para mí resulta divertido tratar de entender a las personas.

Me gusta sumergirme y divagar, mirar y trata de adivinar lo que hay detrás aunque nunca más en la vida vuelva a ver a las personas. Igual seguiré respondiendo que NO cuando tenga que hacerlo, aunque eso implique un reproche, total, no leo la mente de la gente y creo que no me gustaría poder hacerlo, me parece más divertido jugar a que adivino.

La sonrisa del celular

A finales del 2012 asistí a un Seminario de Interpretación Lúdica de Textos, la primera tarea fue que a la mañana siguiente, rumbo al seminario tendríamos que sonreir a la gente que se cruzara en nuestro camino, a ver qué pasaba…

Al iniciar labores al día siguiente, luego del repaso del día anterior el instructor nos preguntó cómo nos había ido con la tarea ¿pudieron sonreirle a las personas que se cruzaron en su camino?¿qué hizo la gente a la que le sonreímos? Las respuestas fueron interesantes, casi todos coincidimos en que la gente no está o no estamos acostumbrados a responder a una muestra espontánea y totalmente desinteresada de alegría, decimos “buenos días” “buenas tardes” sin recibir respuesta, nos quedamos con la cortesía como si habláramos en otro idioma y preguntándonos si hablamos tan bajito que nadie nos escuchó o si de verdad pronunciamos algún saludo.

Hoy que regresaba del trabajo entendí que más bien nos encontramos en espacios diferentes, no físicamente hablando sino más bien mentalmente, llegas a un lado y dices “buenas tardes” pero la mente de la persona  a la que crees presente en realidad está en otro lado, está en Facebook, en Twitter, en Whatsapp o en algún otro sitio virtual en el que la gente acostumbre reunirse hoy en día.

Así cavilaba yo mientras viajaba en un autobús lleno de gente que no sabe cómo mirar a otros, tratando de mirar gente a la que no le interesa que la miren, gente que ya no sabe cómo descifrar los rostros ajenos -ni el propio-, ya nadie mira a los ojos cuando habla, más bien mueven la boca y pronuncian palabras pero sus ojos, sus dedos y su disposición corporal general se encuentra en sus redes sociales, es más importante tomarse una selfie que disfrutar de los olores, los colores y los sabores del sitio en el que están, hay gente que prefiere likes en sus redes sociales a descubrir el color de ojos de las personas y yo me pregunto ¿estaremos perdiendo algo? Tal vez no, tal vez algún día los dispositivos móviles nos regresen las sonrisas y nos hagan sentir lo mismo que sentimos cuando miramos el brillo en la mirada de las personas, mientras tanto, creo que no estaría de más responder cada vez que alguien nos dice “hola”, “adiós”,  “buenos días”,  “buenas noches”, “hasta luego” o “gracias”.

 

 

 

 

El Tintero de la Mariposa, Tercera Edición

Comparto con todo aquel que pase por aquí, esta pequeña muestra de esfuerzo; se trata de El Tintero de la Mariposa, una revista cultural que se publica cada dos meses en versión digital a través de issuu y wordpress.

Es una publicación independiente que buscar promover la lectura y las artes gráficas así como ser una plataforma para quienes no encuentran la forma de dar a conocer su trabajo.

Además incluimos la entrevista a una personalidad del arte y la cultura; en nuestras páginas virtuales hemos contado con el honor de haber podido entrevistar al fotógrafo y pintor Pierre Fudarylí; el poeta, novelista, ensayista y pintor Alfredo Espinosa; el guitarrista y compositor Víctor Castillo y la violinista, pianista y directora de Orquesta Melodía Gaytán.

Finalmente, no llena de orgullo que a partir de este número estaremos incluyendo las ilustraciones del genial Miguel Ángel Hernández Macías, un querido amigo y talentoso artista plástico.

Esperamos seguir contando con la entusiasta participación de todos ustedes, pueden enviarnos sus colaboraciones y solicitar el tallereo de su obra, así como la publicación de la misma al correo: colectivolamariposa@gmail.com y lavacapoeta@gmail.com.