Sonidos de otra dimensión

Apenas el día de ayer me percaté. Desde el pasado 20 de abril, la familia UACH hemos tenido la fortuna de ser los organizadores de un encuentro sin precedentes para nuestra ALMA MATER: la Universiada Nacional, Chihuahua 2010 y muy en concreto, el departamento en el cual estoy adscrita, tuvo la honorable encomienda de organizar la Universiada Cultural 2010, enmarcada en esta gran fiesta deportiva, pero como un espacio alternativo, ideado, no sólo para aprovechar el “boom” de la euforia deportiva, sino para abrir un foro no sólo para los artistas universitarios sino para toda la comunidad chihuahuense; una fiesta de y para los universitarios de nuestra gran estado y  de toda la República Mexicana.

Nuestro arranque se tornó tranquilo y como siempre con la elegancia que caracteriza la exposiciones presentadas por el Centro Cultural Universitario Quinta Gameros, el 23 de abril, el Instituto Chihuahuense de la Cultural organizó el II Congreso de Patrimonio Gastronómico de la Frontera Norte, dentro y fuera de la querida y centenaria Quinta Gameros.

Después, el sábado 24, una familia muy querida en el medio periodístico, se unió para presentar la exposición “Arte y Deporte”, del periodista gráfico Alex Aguirre, el fotógrafo deportivo con más experiencia en el estado de Chihuahua.

Finalmente, un día muy esperado por todos, porque marcaba el inició oficial de la Universiada Cultural 2010 y de los eventos masivos en la Plaza Mayor o Plaza del Ángel, el concierto titulado NOCHE DE ROCK, en el que tendríamos la espectacular participación de dos grupos: 1nfinito, una banda integrada por estudiantes de la Universidad Autónoma de Chihuahua (los Jonas Brothers versión mexa), ganadores del 1er Concurso de Bandas Universitarias U>Rock de Universia y el famoso grupo regiomontano, Jumbo.

En las prisas del lleva, el trae, el aeropuerto, el hotel, la plaza y todos los demás detalles como horarios, pruebas de sonido y el catering (cuyo olvido no fue culpa mía sino de alguien cuyo nombre quedará en el anonimato para evitarnos problemas), la impresión del evento fue distinta y la perspectiva interna; desde este lado de la valla de contención, el momento en el que el evento dio inicio resulto ser una especie de remanso de paz, luego de más de 12 horas (al menos para mí, porque hubo gente trabajando desde el viernes por la noche y sin descanso) en pie, para que todo saliera bien.

Los grupos participantes sintieron –ellos mismos lo dijeron- una vibra positiva que los llenó de ganas, porque se encontraban muy cansados y sin embargo salieron al escenario para tocar y alzar su voz ante más de 3 mil quinientas personas.

No obstante, el día de ayer fue distinto para mí porque sólo operé como personal de apoyo ya que había finalizado mi comisión al dejar al grupo en el aeropuerto justo en la entrada a la sala de última espera.

Caminé una cuadra, junto con mi madre y Strudell de Manzana para que mi hermano pasara por nosotros, estábamos sentados escuchando la música de Jalisco y los zapatazos de  la Compañía de Danza Folklórica de la UACH y entonces una sensación de bienestar me invadió: es posible escuchar sonidos de otra dimensión, sonidos de una naturaleza tal que nos pueden llenar de paz y nos hacen olvidar que en Chihuahua, como dijo durante el congreso gastronómico un ilustre funcionario: “necesitamos hablar de otra cosa”, no sólo en Chihuahua sino en todo el país, todos queremos escuchar la música de Jalisco y sentir que las calles son seguras, que el centro de la ciudad es para caminarlo y disfrutarlo y no para esconderse de las balas.

Fue realmente muy gratificante ver grupos chiquitos y grandes de estudiantes universitarios, propios y visitantes, que iban de sus hoteles a la plaza y viceversa, sin problema, sin preocupación, más bien charlando, riendo y hasta bailando al ritmo del Son de la Negra, si es posible hacer que esos sonidos invadan los espacios de nuestra realidad y la cambien, pero no lo vamos a lograr sino trabajamos por ello.

Quizá un festival como la Universiada Cultural no cambie la realidad así como así, pero en estos dos días hemos visto el gran poder de convocatoria que tiene no sólo entre los universitarios sino entre las familias chihuahuenses, la cultura y en este caso específico, el arte y deporte, por lo que debemos seguir pugnando por ganarle lugar a la negatividad que actualmente nos corroe.

Hay que luchar por un mundo mejor, eso es algo que nunca pasará de moda.

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La calma de Furia

Hoy fue el día en que la ira de Furia cedió su lugar a la tranquilidad, una tranquilidad muy apresurada, claro, porque la vida no se detiene, hay que luchar y hacer que el trabajo, los hijos y uno mismo sigamos circulado por este mundo; no obstante el color con el que Furia se levantó esta mañana fue diferente, hoy en lugar de ver las cosas en tonos púrpura, todo se tornó un poco más azul, un azul que le pidió prestadas sus tonalidades el crepúsculo ¿cuál? No importa, el que sea…

Hoy dejé que el cabello me despeinara a su antojo y me senté del lado que da el sol en el autobús para que sus rayos pudieran acariciar mi rostro sin pedirme permiso, permití que la gente pasara delante de mí sin enojarme y ya en esta mini jungla he permitido que todo fluya de manera que mi alma y mi mente pudieran estar conectados como en muy pocas ocasiones sucede…

Hoy fue el día en que la ira de Furia pasó de los tonos agudos de la escala hacia los bajos, hoy su voz fue más lenta y grave para poder saborear las palabras que fluían por sus labios… hoy Furia espera con el tiempo, cansada de desesperarse por él… hoy Furia vive…

Hijos

Este lunes una reflexión que escuché en el capítulo de Grey’s Anatomy llamó poderosamente mi atención, la Dra. Calíope Torres le pregunta a la Dra. Miranda Bailey -¿Cuándo es el mejor momento para tener hijos?

-Los hijos te quitan todo –respondió- no te dejan dormir, lloran por todo, te quitan todo lo que tienes, tu tiempo, tu libertad, tu espacio, a ti misma, así que tú preguntaste ¿cuándo es el mejor momento para tener hijos? Nunca…

No obstante, lo que la Dra. Bailey dijo, fue dentro de un contexto en el cual hizo ver a la Dra. Torres que, cuando el deseo de tener hijos se presenta, uno debe omitir ese tipo de racionalización como argumento para decidir si es adecuado tener un hijo en tal o cual momento.

Suena complicado pero no lo es, yo veo a mis amigas con hijos y entonces respiro aliviada porque pienso: claro, ellas también pasaron por las angustias, frustraciones, desvelos, dolores,  incertidumbres, cansancios, tristezas, que yo y, así como ellas, muchas otras mujeres, mi propia madre… pero eso no significa que sienta con menor intensidad, quizá mucha gente que me conoce podría decir que lo último que hubieran imaginado de mi es precisamente el ser madre y están en lo cierto, porque ser madre implica para mí el sentimiento más sobrecogedor que he podido experimentar en la vida; nada como la maternidad me ha hecho sentir más plena y más frustrada a la vez, más feliz y más angustiada, insegura, pesimista, iracunda y furiosa, nada…

Pero tampoco existe algo que me haya dado una satisfacción más grande, nada ha alegrado más mi vida que escuchar por primera vez los latidos del corazón microscópico de un ser que apenas media dos centímetros, nada ha llenado más mi existencia que la sonrisa o el grito de alegría de mi pastelito de manzana, cada vez que regreso de trabajar…

Y sí, este no era el momento para tener un hijo, pero nunca o hubiera sido, porque los hijos irrumpen intempestivamente en la vida de sus padres, incluso cuando se trate de hijos planeados y bienvenidos, pero creo, sin dudarlo, que se trata de la irrupción más maravillosa que un ser humano pueda experimentar.