¿Cómo demonios te metiste

en el silbido del viento?

¿A quién le pediste permiso

para mojar con tu lluvia

mis campos de fresas dulces?

 

¿Cuándo te convertiste en verano?

No mi verano;

no quiero estaciones que sean tuyas,

ni tu lluvia ni tu sol,

tus llanos ni tu canto de bardo.

 

Ese canto que pedí cuando era primavera;

hoy que logré florecer

por encima de los cardos

prefiero la contemplación del atardecer,

ya no añoro tu calor perenne

ahora sólo vivo para la danza

que vibra al ritmo de Gea.

 

Hoy sólo canto,

soy mi propio verano,

soy las cuatro estaciones

me arremolino en la curva del viento

dibujo presentes sin promesas vanas,

seré ese mismo viento que regresa al nido,

seré el nido que transmuta

la realidad de mi tiempo,

de mi naturaleza,

de mis iguales,

de mis hermanas, las otras Tierras,

las otras Geas, las otras YO.

 

 

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Cuando una persona se tira al suelo para que la levanten, corre dos riesgos:
1. Que no la levanten,
2. Que la pisen;
contra la posibilidad de que exista otra persona que mire hacia abajo y se compadezca, pero nunca que la rescate. Ningún ser humano tiene la capacidad de salvar a otro de su propia autocompasión.

Hechizo para agradecer una nueva misión

Hoy entrego de regreso aquello que me fue encomendado  para su cuidado.

El retorno de lo que no es nuestro mantiene el equilibrio del universo y nuestra paz interna.

Hoy tomo una nueva misión con el amor y la pasión que me son características;

soy la constructora, la renovadora, la mensajera y la creadora;

la Démeter que nutre, la Afrodita que embellece al mundo, la Artemisa de logros.

Que mi trabajo edifique los otros,

los que pasan junto a mí, los de paso y los que permanecen.

Todo cuanto hago hoy es mío

hasta el momento en que deba regresarlo al universo

para cumplir una nueva tarea.

De la intuición, lo femenino, el feminismo y las etiquetas…

“Tanto los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción.

En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes. Durante miles de años, y basta mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se la ha relegado al territorio más yermo de la psique. A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.”

(Mujeres que corren con los lobos, Clarisa Pinkola Estés)

Tejedoras, cantadoras, costureras, parteras, madres, esposas, hermanas, hechiceras, herreras, soldadoras, doctoras, maestras, carpinteras, obreras en general, eso somos las mujeres; en lo concreto y en lo abstracto, pero también hemos aprendido a ser mujeres de negocios, políticas, abogadas, administradoras y todo aquello que en algún momento de la historia se dijo: sólo es para varones.

¿Es menos mujer una que boxea que una madre que sabe tejer y cuidar de sus hijos? ¿Quién podría decirlo? ¿Quién tiene en su poder el MANUAL GENERAL PARA DETERMINAR EL NIVEL DE FEMINEIDAD DE UNA MUJER? Yo no, pero agradecería que si alguien encuentra un volumen al respecto o similar, me hicieran llegar el dato…o el volumen, aunque, si acaso me atreviera a leerlo, sólo sería por curiosidad; hasta la fecha, cada vez que escucho “una mujer no hace…” o por el contrario, veo que una mujer se empeña en rebelarse contra todo aquello que se dice tradicionalmente femenino, me parece que existe tanto miedo hacia lo tradicional como hacia la rebeldía.

¿Una mujer feminista es aquella que se pelea contra los hombres y los cree inferiores? ¿una mujer feminista es aquella que lucha contra todos los valores tradicionales como familia, hogar, matrimonio, hijos? ¿una mujer feminista no debe cocinar, tejer, coser, lavar, planchar, trapear? Vaya, entonces una mujer feminista de acuerdo con ese análisis tan reduccionista además de ser una holgazana, ha de ser una mujer rica que paga para que otros le limpien, laven y cocinen y por si fuera poco, es una mujer que no tiene mucha habilidad manual porque detesta hacer eso que nuestras abuelas hacían muy bien como las labores manuales –al menos mi abuela, sí lo hacía con perfección, belleza y estética- como bordar y coser.

Cuando el feminismo se convirtió en un movimiento social para reivindicar los derechos de la mujer que deberían ser tan naturales como lo son para el hombre, ser dura y luchar contra los valores tradicionalistas y conservadores era algo que funcionaba muy bien porque se debía combatir una terrible resistencia a que la mujer tuviera más opción que quedarse en casa cuidando de su familia o bien de sus padres si se quedaba soltera.

No obstante, ya se han logrado superar muchos obstáculos y no es que en estos tiempos ya no se tenga que luchar, es que simplemente nosotras mismas deberíamos dejar las tontas etiquetas que nos separan y nos segregan.

Entiendo que a nadie le gusten las etiquetas, lo que no entiendo es el miedo a las etiquetas y mucho menos entiendo que una mujer deje de hacer todo aquello de lo que disfruta por ese miedo.

Ni para las que quieren una vida tradicional con marido, hijos y una casa ni para las que quieren una vida de triunfos laborales y académicos, es decir ¿no sería más simple que sólo tomaran su decisión sin miedo a lo que otros digan? De todas formas siempre habrá gente dispuesta a criticar, siempre estará la feminista extrema que mira con repulsión las mujeres tipo Démeter o Hera que quieren hijos y/o marido, pero también están las defensoras del patriarcado y de la hegemonía masculina que critican a las subversivas, a las reformistas, revolcionarias y rebeldes, entonces ¿no sería más simple que cada cual tomara su camino conforme a lo que le dicte su naturaleza, su alma y su corazón?

Esa es mi defensa de lo femenino y lo feminista.

La mujer moderna está dormida, al parecer dejó su instinto guardado en la gaveta más lejana de su clóset y prefirió abrir sus oídos a otros distractores; rescatar a la mujer salvaje, según Clarisa Pinkola es rescatar su instinto, aquello que le da la certeza de la acción, de sus acciones, se vuelve una mujer oráculo, una antigua dama del lago que entiende lo que sucede a su alrededor sin la necesidad de sentirse aprobada por quienes le rodean.

Más simple, es una mujer que decide y se hace cargo. Decide ser madre y atiende a sus hijos con amor; decide ser esposa y cuida de su marido brindándole respeto, atención, amor y deseo en busca de la misma respuesta por parte de su cónyuge; decide ser profesionista y se entrega con pasión…

Esa es la verdadera mujer salvaje, la que se entiende como un ser independiente, que toma las riendas de su vida y que asume sus deseos, que es fiel a sí misma.

 “Cuando las mujeres reafirman su relación con la naturaleza salvaje, adquieren una observadora interna permanente, una conocedora, una visionaria, un oráculo, una inspiradora, un ser intuitivo, una hacedora, una creadora, una inventora y una oyente que sugiere y suscita una vida vibrante en los mundos interior y exterior. Cuando las mujeres están próximas a esta naturaleza, dicha relación resplandece a través de ellas. Esa maestra, madre y mentora salvaje sustenta, contra viento y marea, la vida interior y exterior de las mujeres”

(Mujeres que corren con los lobos. Clarisa Pinkola Estés)

Dejemos las etiquetas para los productos comerciales o para la paquetería;  nada bien nos hará etiquetar a otras personas o etiquetarnos a nosotras mismas y mucho menos huir de esas etiquetas. Seamos simplemente, para ello, únicamente debemos hacer una cosa: escuchar atentamente nuestro interior para actuar en congruencia con nuestra naturaleza.

¿Y en qué perdemos nuestra energía?

Me parece que la única manera de sanar y encontrar la paz luego del desamor, del engaño, de la desilusión, de la pérdida, del dolor, de la ruptura, es dejar pasar y pensar en lo que es trascendente; empeñarse y esforzarse al máximo en una lucha contra quien creemos nuestro(s) enemigo(s) sólo nos aleja de la calma y la armonía que toda alma necesita para hacer lo que verdaderamente ama.

Dibujo en tu espalda

los versos que caen

cortados por la espada de la noche.

 

Más te pareces al del espejo,

más me parezco a la luna,

caminas en penumbras;

murciélago soy,

descifro tus pasos.

 

No llego,

no alcanzo,

me esfumo.

 

Coloreo tu llegada

a la hora del paraíso

cuando el alba me canta al oído.

 

El feminismo debe morir

Este es un tema que da vueltas en mi cabeza desde hace un par de días; me vino el título a la mente al mismo tiempo que la idea del contenido, no obstante, me resulta bastante complicado plantear un inicio…debrayemos…

Machismo y feminismo no son equiparables, son acaso fuerzas opuestas, la segunda nació para minimizar a la primera y actualmente se le entiende como un movimiento -las ramas moderadas- que pretende reivindicar a la mujer, pero no en función del hombre sino en función de ella misma.

Dejemos radicalismos de lado, el hembrismo no entra en esta disertación.

Resulta que desde hace muchas décadas, miles de mujeres se han reunido para lograr espacios en la vida política y social de los pueblos; derecho al voto, respeto e igualdad de condiciones y oportunidades en el trabajo, derecho a decidir, entre los más tratados.

Luego han surgido otros motores para alimentar el feminismo y el que más llama mi atención es aquel que busca la creación de círculos de mujeres y aquel que se centra en la mujer por la mujer.

El primero es aquel en el cual  existen mujeres que, al haber creado conciencia sobre los imperativos femeninos buscan guiar a otras mujeres para que descubran su propio valor, a ese movimiento se le llama sororidad, termino que se deriva de la hermandad entre mujeres, en el cual se perciben como iguales que pueden aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión.

En lo personal creo que se trata de un nuevo feminismo, aunque la lucha no sea nueva, de acuerdo con la antropóloga mexicana Marcela Lagarde: “La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida”.

Es aquel que plantea Jean Shinoda Bolen en su libro El Millonésimo Círculo, aquel que mediante la conformación de círculos de confianza y verdad, las mujeres contribuyan a que cada día nos encontremos cada vez más cerca del cambio hacia lo que en verdad queremos: igualdad de oportunidades.

Agrega Lagarde que:

“La sororidad comprende la amistad entre quienes han sido creadas en el mundo patriarcal como enemigas, es decir las mujeres, y entendiendo como mundo patriarcal el dominio de lo masculino, de los hombres y de las instituciones que reproducen dicho orden (…) la sororidad está basada en una relación de amistad, pues en las amigas las mujeres encontramos a una mujer de la cual aprendemos y a la que también podemos enseñar, es decir, a una persona a quien se acompaña y con quien se construye.

*.*

El segundo, muy afín al primero, es aquel que usan algunas terapeutas para lograr que las mujeres se reencuentren consigo mismas, se conozcan, se acepten y terminen amando lo que son.

No tiene que ver con motivos políticos, ni siquiera sociales; es un feminismo intuitivo e introspectivo y en lo personal creo que mucho más duro, más poderoso y más efectivo, aunque no por ello menos meritorio, pero eso sí: más amenazante, porque lograr que una mujer se sincere consigo misma es, creo, la lucha más terrible que un ser humano pueda encarnizar.

Se trata de que logren entender que no se es hombre o mujer en función de ninguna virtud, ningún ser humano merece ser hombre o mujer, simplemente se nace hombre o se nace mujer, así de simple.

Pero un fenómeno interesante ocurre aquí: los hombres no tienen esos conflictos, no se plantean ni se cuestionan ¿qué significa ser hombre? sólo son hombres y ya, hacen lo que hacen y punto, no se preguntan ¿estará bien si decido dedicarme mejor a mi carrera que a tener una familia? es más, pueden tener un familia sin tener que sacrificar su carrera porque si deciden casarse, asumen que la mujer debe ser sobre quien recaiga la responsabilidad de cuidar de él, de sus hijos y de su casa.

La mujer en cambio se empieza a preguntar ¿qué si…? ¿qué si me dedico a mi carrera en lugar de tener familia? ¿qué si no quiero tener hijos? ¿qué si no me caso? ¿qué si decepciono a mis padres por no ser como ellos quieren que sea? etcétera, etcétera…

Están las que nunca se lo plantean (que son las menos), las que a veces se cuestionan algunas cosas y las que se la pasan preguntándose si lo que hacen es la lo correcto, si los demás las aceptarán tal como son, si son dignas, si son suficientemente femeninas y peor aún, están las que reniegan de los estereotipos por estar demasiado temerosas de que las etiqueten y quieren a toda costa liberarse del yugo sexista, a estas últimas les tengo una noticia: querer ser madre, esposa o realizar prácticas identificadas con lo femenino no significa absolutamente nada ¡NADA!

Usar un taladro, no te hace más ruda; querer ser madre, no te hace más débil; anhelar el amor para compartirlo con un hombre no significa que no seas libre; desear tener una familia para cuidar de ella, no te hace conformista; ser policía, tejer, coser, cocinar, construir, diseñar, cortar el cabello, ser albañil, policía, boxear, practicar deportes extremos son sólo acciones y no determinan quién eres, lo que en verdad determina quien es una mujer es la capacidad que ella tiene para elegir de manera libre si es feliz siendo una ama de casa o una astronauta.

A veces somos las mujeres mismas quienes nos convertimos en el verdugo de otras mujeres, pero aún, de nosotras mismas, eso es contrario a la sororidad; el nuevo feminismo no pretende reunir a las mujeres para hablar mal de los hombres, no exhorta a las mujeres a pelear contra los hombres y mucho menos a creerse superiores a ellos; busca simplemente la hermandad para el reencuentro personal, para el descubrimiento de lo que hace valiosa a cada mujer.

Se trata de autovalorarse para aprender a valorar a las y los demás.

“El feminismo debe morir”, cuando se hayan superado todos los rezagos sociales y políticos, cuando ya no haya batallas por ganar, cuando nacer mujer sea tan simple como nacer hombre y no sea necesario cuestionarse ¿qué significa ser mujer?, cuando no haya necesidad de crear círculos de mujeres que se apoyen, cuando nuestra conciencia como seres humanos no tenga distinciones, sólo hasta entonces, el feminismo es necesario aunque existan mujeres que le teman, aunque existan hombres que no lo soporten.