Los 40 “me choca”, “me incomoda”, “me molesta” de Furia.

  1. Me choca que la gente vaya escuchando música en su celular e insista en  “compartir” sus gustos con la demás gente sin utilizar audífonos.
  2. Me chocan que la gente (sean hombres o mujeres) suba sus “patotas” a los asientos de los camiones.
  3. Me incomoda no saber manejar.
  4. Me molestan las mujeres que ni siquiera se plantean sus posibilidades.
  5. Me choca que existan mujeres que se dejen victimizar por las circunstancias o las personas.
  6. Me incomoda que cualquier desconocido (hombre o mujer) me mire con insistencia.
  7. Me choca que la gente juzgue de contradictorio o absurdo lo que no entiende.
  8. Me molesta que la gente no tenga conciencia del espacio vital de los demás.
  9. Me choca sentir el resuello de la gente en la nuca cuando estoy formada en una fila.
  10. Me molesta ser tan impulsiva.
  11. Me choca la gente que pone pretextos para no trabajar.
  12. Me choca equivocarme.
  13. Me choca ser tan chocante.
  14. Me choca que cuando una persona ya no tiene un argumento válido ni contundente se defienda con ataques personales.
  15. Me molesta la gente vulgar que reparte lástimas a todo y a todos.
  16. Me choca sentir lástima.
  17. Me choca cuando me descubro siendo prejuiciosa.
  18. Me molesta la gente que se jacta de ser normal.
  19. Me molesta que me critiquen por no querer ser normal.
  20. Me choca la “normalidad”.
  21. Me choca tener que ir al médico.
  22. Me incomoda perder el tiempo en boberías cuando tengo cosas importantes qué terminar.
  23. Me molesta la gente que va todos los domingos a la iglesia y no es congruente con lo que enseña su religión.
  24. Me chocan los discursos que chorrean moralina.
  25. Me molesta la gente que se jacta de ser “moral” y “ética”.
  26. Me molesta la gente con doble moral.
  27. Me choca que se quiebren las tortillas de los tacos.
  28. Me choca el olor de una papa podrida.
  29. Me choca ser tan dispersa.
  30. Me choca tener que ser metódica para compensar mi falta de orden.
  31. Me choca no haber aprovechado algunas oportunidades.
  32. Me choca estarme cuestionando siempre.
  33. Me choca pensar que hay personas que nunca se cuestionan.
  34. Me molesta ser tan insegura.
  35. Me molesta darme cuenta de lo pequeñitos que somos.
  36. Me molesta que haya gente que nunca se plantea el “sólo sé que nada sé”.
  37. Me molesta tenerle tanto miedo al mar.
  38. Me molesta pensar que le transmito mis inseguridades a mi hijo.
  39. Me incomoda ser tan andrógina.
  40. Me choca que me digan qué hacer.

Si aun siendo como soy abyecta y vil

Si aun siendo como soy abyecta y vil
mujer, puedo llevar tan alto fuego
¿por qué no lo hago arder, siquiera un poco,
y se lo muestro al mundo con estilo?

Si amor con nuevo, extraordinario ardor,
que no esquivé, tan alto me condujo,
¿por qué no puedo yo, con juego insólito
hermanar en mi alma pena y pluma?

Y si no puedo por naturaleza,
por milagro podré, que tantas veces
vence, traspasa y rompe toda regla.

Yo no acierto a expresar si esto es posible,
pero empiezo a sentir, para mi suerte,
el corazón de un nuevo estilo impreso.

Gaspara Stampa (1523-1554)

Desmitificación

Con mi sincera y sentida felicitación a todos mis amigos, conocidos y compañeros padres… ¡Felicidades en su día!
“SOY MADRE”, sí… y por hechos circuntanciales combinados con mi obstinada imperfección también me ha tocado ser padre y digo “me ha tocado” porque el plan original era un poco diferente, aunque la verdad, de eso no me quejo… no me quejo, sólo analizo en mi afán por entender.
En mi infancia, crecí escuchando la frase “eres igualita a tu papá” y entonces, comenzó ahí la primera parte de mi condicionamiento, luego, al llegar a la adolescencia la frase sufrió una modificación “eres igualita a tu papá, por eso siempre están de pique”, y entonces se completó el condicionamiento que siempre provino, invariablemente de la misma fuente: mi madre.
Y entonces sí, así sucedió, tal como ella lo predijo, durante toda la adolescencia yo crecí con la idea de que mi papá era el malo de la película y siempre le eché a él la culpa de todo, hasta que un buen día, en una conferencia, algo dijo la ponente que me detuvo en seco, me hizo redimensionar las cosas y pensé: si soy igual a mi papá, lo lógico es que sea con él con quien me lleve bien, porque si tenemos ideas similares y procesos similares, entonces él y yo deberíamos ser aliados y no enemigos; comencé a mirar las cosas desde otra perspectiva: mi problema no era contra mi padre, sino contra mi madre, pero se escondía tras un extraño velo, porque personas como mi padre y como yo solemos ser etiquetados por nuestras reacciones primarias y la gente siempre se queda con eso, cuando en realidad hay que entender más que la parte instintiva, pero de eso tampoco me quejo, al contrario, es una parte mía que aprendí a aceptar cuando entendí que era una de las cosas que tenía en común con ese señor “gruñón” y más todavía cuando me enteré de que la “gruñonería” de mi papá era el resultado de una infancia muy infeliz, la mía, creo yo, era sólo aprendida.

Aquel proceso, según la conferencista, era algo complejo porque uno siempre idealiza a la figura materna: la perfeccionamos, le sacamos brillo, la pulimos, la idealizamos y la colocamos en un nicho, le prendemos veladoras, le rezamos novenas y cuando menos nos damos cuenta, nuestra madre es la mujer más santa y perfecta del mundo, es intocable y tambien, inalcanzable, creamos un mito.

Luego polarizamos la situación familiar y hacemos de nuestros padres la contraparte del lado materno, ya que así ha sido desde hace muchas generaciones, alguien debe ser el malo de la película, alguien debe hacer el trabajo sucio y no es necesario ser adivino para saber a quién le cargamos ese trabajo: al papá.

Pero lo cierto es que no debería ser así, padre y madre no deberían ser distintos para un niño, ambos deberían conformar para él, una misma realidad, quizá para mí es fácil decirlo porque me toca ser ambas figuras, no obstante, eso fue algo que yo aprendí mucho ante de que Adrián viniera a este mundo, fue algo que comprendí cuando inicié, por iniciativa propia, el proceso de desmitifación de mis padre, justo cuando entré en la edad adulta.

Y sucedió, comencé a ver las diferencias radicales entre personalidad y pensamiento; entonces me di cuenta de que mis padres son sólo un par de ser humanos; mi madre no era una santa mujer, no lo contrario, ciertamente, pero al ser ella la poseedora de la responsabilidad de formarmos, ya que mi padre salía a trabajar para darnos sustento, lejos de inculcarnos respeto por mi papá, nos creó una especie de miedo combinado con rechazo hacia él, cuando lo que en realidad necesitaba era una mayor comprensión por la triste niñez que le tocó vivir y entonces ella era el día, la luz, la bondad, mientras que mi padre, sin más opción tuvo que aceptar el papel de la noche y la gruñonería.

Pero lo cierto es que se trata de un par de personas, cuya historia de vida uno sólo conoce en parte y por ende, díficil resulta entender qué los llevó hasta el momento en que decidieron unir sus vidas para formar una nueva familia.

Muchos años duró mi proceso de aceptación y perdón, mi padre que era el villano de cuento dejó de serlo para convertirse sólo en Tony, mientras que mi madre dejó de ser la inmaculada para transformare en Yoya; fue entonces cuando todo pareció tomar su lugar y adoptar su justa dimensión, con sus detalles, claro está.

Al entender que mi papá tuvo una infancia muy triste y dolorosa, entendí que sus enojos y su falta de calidez no habían sido una compra de oportunidad, sino el resultado de una serie de sucesos que marcaron su vida y cuando ví a mi madre sin ese velo de perfección y santidad, entonces pude perdonar que nunca se mostrara más cariñosa y comprensiva conmigo que con mis hermano mayor y mi hermana menor, entendí que si tenía un preferido entre sus hijos, obviamente no podía ser yo, sino aquel que con el que tuviera más cosas en común.

Ahora que soy mamá, no me siento con más derecho para juzgar, ni me siento más perfecta, todo lo contrario, la llegada de mi bebé, me hizo volver a iniciar un proceso para redimensionar mi realidad, tener un hijo puso de manifiesto, más que nunca mis miedos, frustraciones, traumas e imperfecciones; gestar y parir no me hizo más sabia en automático, al contrario, cada día que pasa me doy cuenta de lo pequeñita e imperfecta que soy, me recuerda lo poco que sé acerca de la vida, me sobrepasa, me sobrecoge y me aterra, porque lejos de creer que tener un hijo es un motivo de orgullo, más bien creo que se trata de la mayor responsabilidad que uno puede tener y nos es concedida como signo de buena voluntad por parte de la vida, sin pedirnos garantía.

Cuando me encuentro jugando con Adrián y él mismo me pide espacio, me alejo y me mantengo a la saga, observándolo, contemplándolo, admirando la gran capacidad que tenemos los sere humanos para ser una entidad lejana y única, llena de posibilidades con todo un futuro por delante y sólo pienso: ojalá no cometa una gran equivocación, ojalá algún día me perdone, ojalá y algún día me vea tan imperfecta como soy y aún así me siga amando, a pesar de que no soy en absoluto como aquella figura maternal, virginal, perfecta e inacalcanzable que eran nuestras madres, que entienda que a pesar de mi tremenda torpeza como madre, siempre traté en la medida de lo posible, hacer lo mejor para él, que si me equivocaba era por estar tomando una decisión que a mi juicio era lo mejor para él, pero sobre todo que entienda que un padre, no tiene porqué ser la figura olvidada de su vida, que la figura paterna es igualmente valiosa, aun cuando no sea perfecta.

La Naranja Mecánica

“La fuerza de la Naranja Mecánica radica en la belleza de sus mujeres” ¿Alguien me podría decir lo que está mal con esta frase? Simple: TODO, ABSOLUTAMENTE TODO.

Todas las mañanas, Strudell de Manzana prende la televisión y se pone a hacer un breve recorrido por todos los canales, decide qué quiere ver y se retira a realizar sus tareas diarias matutinas tranquilamente.

Pero esta mañana fue diferente, mi madre no soportaba más escuchar a la pequeñita regia que se fue de colada con el equipo de Televisa Deportes y optó por cambiar el canal, sin embargo el cambio no fue mucho porque le dejo en TV Azteca.

Pues mi sorpresa fue mayor cuando una mujer a la que yo tenía considerada como algo de lo mejorcito que tiene esa televisora, presentó una nota con esas palabras:

“La fuerza de la Naranja Mecánica radica en la belleza de sus mujeres”

Y entonces, mi curiosa y patológica necesidad de criticar quedó latente: comenzó la nota, era una nota de color en la que el reportero quería mostrar la indudable belleza física de las hinchas holandesas.

Varias cosas tengo que decir al respecto y la primera es la presentación de la nota que ya de entrada puso a trabajar a mi cerebro criticón ¿acaso la Naranja Mecánica no es una selección con gran tradición futbolera que ha puesto en aprietos a las mejores selecciones del mundo, entre las que sin duda podemos mencionar a la alemana, a la irlandesa, la británica, la australiana y alguna que otra como la brasileña? ¿Y le dan  todo el crédito a la hermosura de esas rubias despampanantes? ¡POR FAVOR! Es la primera injusticia que escuchaba hoy por la mañana…

Pero no era todo el menú: aquella carta estaba compuesta por algo que intentaba ser una nota de color que, dicho sea de paso, para ser honestos las notas de color en televisión suelen ser más fáciles de hacer y editar y se les puede sacar muchísimo más provecho por la cantidad de recursos que tiene el medio televisivo, mientras que una nota de color para un medio escrito, sólo cuenta con los recursos del escritor y apela a la imaginación del lector, por lo que el discurso se vuelve mucho más complejo e implica una mayor capacidad de abstracción, tanto para el emisor como para el receptor del mensaje; sin embargo, recuerdo a un periodista de deportes que era magistral para la realización de notas de color en TV: DAVID FAITELSON.

El problema es que tanto él como el señor José Ramón Fernández se fueron a buscar nuevos horizontes y ahora trabajan para una cadena mucho más importante y grande y TV Azteca se quedó en la payasada, disputándole a Televisa el premio al que organiza el mejor circo en la presentación de los dos eventos deportivos de mayor importancia y cobertura mediática: El Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos.

Pero nos quedamos sin las notas de color y sólo nos resta escuchar a los reporteros que intentan según ellos, retratar el lado humano y ameno de la fiesta mundialista, aunque su nota se base en puras suposiciones más o menos así: “¿cómo le va a decir este hombre que ésta es sólo una fotografía?” en lugar de hacer una descripción, si bien no objetiva -porque eso de la objetividad no existe- pero sí al menos, sin hacer suposiciones, bastante babosas, por cierto, que hasta donde yo recuerdo, se entienden como juicios personales de los que debería estar libre en la medida de lo posible, una nota periodística, aunque sea de color.

Así que eso de que la fuerza de la Naranja Mecánica se debe a la belleza de sus mujeres, no sólo es una frase prejuiciosa, sino falaz, porque el futbol se juega entre 11 personas que patean un balón, tratado de anotar un gol en la portería contraria y no es un concurso de belleza…y no, no es cierto que la belleza de esas mujeres sea lo que anime a los jugadores, porque desde la cancha ni se han de ver. Furia Dixit.

Los chícharos y el círculo mágico

Ésta es la anéctoda de una madre hada, que por cierto, nos otorgó la certeza de que no se trataba de un hada del jardín, sino de otro tipo, pero no del jardín y todo ocurrió más o menos así…

Era un día caluroso y se había programado una reunión con todos los seres de aquella tierra, sin embargo terminó siendo un pequeño círculo mágico al que solamente acudió la Familia Faérica, la Furia de los Vientos, su pequeño hijo, la hermana doncella de la furia y las tres brujitas: la madre bruja y sus dos pequeñas.

Aquella sí que era una reunión mágica: la Familia Faérica esta compuesta por el Hada Madre, el hada de las letras, guardiana de la palabra mágica y la inspiración, que en un momento de locura se enamoró de un fauno con quien tuvo dos hermosos seres que, por fortuna resultaron ser faéricos, mucho más faéricos que fáunicos y que por estos días ya se encuentran llegando a la edad madura en la que reconocen sus poderes mágicos.

Luego está la Familia de Hechiceras, el triunvirato, el ciclo perfecto, el número divino; son la Hechicera Madre, una mujer entre lunar y solar que lucha en un mundo que se afana en querer hacerla normal, pero que no lo consigue por más que lo intenta, porque ella no puede negar su naturaleza mágica; luego están sus dos pequeñas hijas que heredaron su poder para transformar el mundo en el que habitan y la capacidad de hacer más bello todo cuanto tocan.

Finalmente la Furia de los Vientos, con su hermana doncella y su hijo pequeño nacido del extraño amor entre aquella y un Guerrero Espartano, el producto de su amor fue un semi-dios que por cierto y por ázares del destino, heredó de su padre la fuerza física y el ingenio del cuerpo y nació con la mente y el espíritu indomable de su madre.

La Hechicera Madre preparó algo especial para aquel día, la cosecha de los frutos, la fiesta del paso hacia la estación obscura, el término del verano, el paso de una estación a otra…

Estaban algunos de estos seres mágicos recogiendo los frutos de la Madre Tierra, la Hechicera Mayor, arrancó de su mata una hermosa vaina verde, la abrió, sacó unas pequeñitas pelotitas verdes y las ofreció al Hada Madre y a la Furia, ambas los probaron y vieron que los frutos sustraídos con delicadeza suelen ser más dulces; pero luego, la duda surgió, el Hada Madre era una de esas hadas modernas que vivían en la ciudad, con esos extraños y novedosos aparatos que conectan a la gente de remotos lugares, por lo que ella pensaba que esas dominutas pelotitas, provenían de esos capullos de aluminio que vendían en los centros comerciales, donde ella estaba acostumbrada a comprar.

¡¿ASÍ NACEN LOS CHÍCHAROS?! ¡No lo puedo creer!¡Qué maravilla! ¡Qué hermoso es todo esto!

Y con aquel asombro, entre risas y bromas, aquellas tres mágicas, siguieron en el ritual del otoño, agradeciendo a la Madre Tierra por regalarles la dulzura de sus entrañas y por alimentarlas a ellas y a sus familias con lo mejor de sí misma.

Los faéricos, las hechiceras, la doncella y el semi guerrero espartano con corazón de banshee andaban por su cuenta, disfrutando de la paz de aquellas tierras lejanas, maravillados por la grandeza y majestuosidad de lo sencillo.

Y al final de la jornada, todos seguían contando la anécdota, aquella por la que todos supimos que la Madre Hada era la patrona de las letras, de la poesía, pero nunca del jardín.

Nueva tesis feminista

Gioconda Belli

¿Cómo decirte

hombre

que no te necesito?

No puedo cantar a la liberación femenina

si no te canto

y te invito a descubrir liberaciones conmigo.

No me gusta la gente que se engaña

diciendo que el amor no es necesario

“témeles, yo les tiemblo”.

Hay tanto que aprender, hermosos cavernícolas que rescatar,

nuevas maneras de amar que aún no hemos inventado.

A nombre propio declaro

que me gusta saberme mujer

frente a un hombre que se sabe hombre,

que sé a ciencia cierta

que el amor

es mejor que las multi-vitaminas,

que la pareja humana

es el principio inevitable de la vida,

que por eso no quiero jamás liberarme del hombre,

lo amo

con todas sus debilidades

y me gusta compartir con su terquedad

todo este ancho mundo

donde ambos nos somos imprescindibles.

No quiero que me acusen de mujer tradicional

pero pueden acusarme

tantas como cuantas veces quieran

de mujer.

Refugio de letras

Ayer me contaron una historia que me conmovió hasta las lágrimas, pero que nuevamente no puedo contar porque no me pertenece, no obstante trataré de recrearla para complacer a mi crónico e incurable afán de explicarme, mientras escribo, todo aquello que no comprendo.

Es la historia de un niño que se ha sentido solo toda su vida, rodeado de un montón de gente que se preocupaba de que comiera sí, pero no se ocuparon de lo más importante: su corazón, este niño encontró un terrible y maravilloso refugio, que en todo caso suele ser mejor que cualquier otro escape que suelen procurar los pequeños cuando no se sienten amados, maravilloso porque en ese refugio se esconde la sabiduría del mundo y no suele abandonar a menos que uno lo quiera, se trata de amigos que abren “sus brazos” cada vez que uno lo quiera: los libros.

Los libros fueron los compañeros mágicos de su infancia, fueron el escape para su joven corazón, fueron la solución a su incomprensible soledad y hoy en su edad adulta, son la puerta hacia mundo que nadie más le puede dar. Todavía no sé lo que va a pasar con ese niño, pero sí sé que es muy probable que encuentre el camino de regreso a su puerto seguro porque esos libros no le destruyeron el cerebro, al contrario le crearon más conexiones neuronales que a un niño que no lee, no le crearon daños sistémicos, simplemente lo sacaron de este mundo que si bien no fue hostil, tampoco le dio la más cordial bienvenida.

Ojalá que todo los niños del mundo pudieran encontrarse con ese refugio, aunque claro está lo ideal sería que no lo encontraran solos, sino en la compañía de aquellos que más los deben amar: sus padres.