Esa que viaja a su lado…

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo vas a tener”
Gabriel García Márquez. 

Y así estaba él precisamente, añorando la presencia de aquella extraña que miraba subirse al camión casi todos los días, cinco paradas más adelante que la suya.

Siempre tenía ganas de verla aunque siempre sentía la misma aprehensión; su cuerpo y su mente le jugaban una mala pasada porque nunca se ponían de acuerdo, algo en su interior parecía crecerle por dentro  al sentir que el autobús llegaba a ese sitio en especial, su razón le decía: “tranquilo, calma, ella a a subir, pero debes permanecer tranquilo”, mientras que su corazón latía enloquecido experimentaba unas tremendas ganas de gritar o, por lo menos de dirigirle la palabra, de escuchar su voz, de mirar de frente sus ojos y de reflejarse en ellos, de tomar su mano, de sentir las yemas de sus dedos rozar con su rostro, de observar de cerca las comisuras de sus labios su textura, su temperatura…

Y a veces, sólo a veces ella interrumpe sus pensamientos para pedirle sitio para sentarse, otras pasa de largo y se sienta más atrás y otras más, cuando él se queda en los asientos de atrás, ella no llega hasta él y busca algún sitio adelante.

¿Qué es lo que pasará por su mente? ¿Ella sentirá lo mismo? A veces parece que se miran por instantes, él puede apreciar el fuego de sus ojos, pero no logra descifrar nada más, no sabe si enciende por si sólo o es él quien lo provoca.

 Tal vez un día de estos decida romper la barrera invisible que los separa, pero hoy no será ese día, hoy sólo se contentará con verla subir, pagar su pasaje y elegir el asiento a su lado; desde su lugar olerá ese perfume cítrico que otras veces ha percibido cuando pasa a su lado, intentará descifrar su respiración y se quedará añorando, una vez más, a esa que viaja a su lado.

No todo es lo que parece…

12 de febrero del 2013.
Hoy, como muchos días de mi vida desde hace 4 años (y como seguirá durante muchos años más con seguridad), mi tarde fue de cita médica de emergencia, mi hijo estuvo a punto de entrar en crisis asmática ya que en los días pasados el clima no nos ha favorecido porque nuestra ciudad tiene una particularidad: es seca y si el viento sopla, se vuelve más seca aún, si tienes un hijo con principios de asma, no resulta una buena combinación, hoy fue el día.

Como no había nadie en casa que me pudiera llevar, aunque el consultorio de la doctora queda cerca, pedí un taxi tanto para ir como para regresar a casa.

Antes de ir a casa, debíamos pasar por una farmacia para comprar el medicamento, en la entrada del estacionamiento una señora en un auto de lujo no pudo entrar y entonces mi taxista le ganó el tirón, no de una manera grosera, sino simplemente por una cuestión de supervivencia ya que la entrada a esa farmacia da directamente a una avenida de alta velocidad y gran tráfico.

Yo salí del taxi y la señora del auto gigantesco aún estaba batallando para virar su auto y poder entrar, creo que “no libraba” aunque el cajón es de un tamaño estándar (como lo marca la ley de tránsito).
Entré y las señoritas dependientas tardaron un poco en encontrar mis medicamentos, luego entró la señora que no se podía estacionar, echando padres y madres preguntando quién era el dueño de un auto blanco y un señor que ya estaba pagando su cuenta se acercó a la señora y le preguntó: ¿por qué señora? ¿le pegó?, a lo que la señora respondió: “es que la culpa la tuvo ese taxista que se me pegó mucho, bla bla bla bla”, se giró tiró algunos productos en exhibición y en eso yo dije por lo bajo: “no señora, usted fue la que no pudo meter el auto, el taxista ya estaba en el cajón cuando usted aún estaba sobre la calle…” y la señora seguía maldiciendo contra el taxista que me esperaba afuera de la farmacia con mi madre y mi hijo abordo.
Cuando encontraron mi medicina, me dirigí a la caja para pagar y la señora estaba delante de mí, seguía hablando mal del taxista y le preguntó a la cajera si el medicamento era para el estreñimiento a lo que la señorita que la atendió le respondió negativamente pero la cajera ya había marcado el producto y pasado la tarjeta de crédito de la señora que les preguntó ¿y qué hago? Es que el doctor se equivocó y ya salió para Cuauhtemoc y yo necesito esa medicina…¿qué hago?
La cajera le dijo: ya marcamos, pero si quiere le regreso el dinero en efectivo. Así fue y cuando salió la señora le empezó a hacer gestos y manoteos al taxista, quien por cierto, no tenía ni idea de que él era el culpable de que la señora haya chocado contra el auto blanco.
Yo no quiero moralizar cuando escribo, simplemente que cuando regresábamos a casa, mi mamá, el taxista y yo nos reímos porque les dije: al principio me cayó muy mal la actitud de la señora, pero cuando ví qué tipo de medicamento necesitaba, comprendí todo y si acaso hay una moraleja es: la próxima vez que te topes con alguna persona irracional, no la juzgues, probablemente tiene estreñimiento.