Mujer

Cuando al fin abrí los ojos,
ya me habías arrancado
cada uno de los pocos espacios
que aún me quedaban
entre la duda y la angustia.

Fueron muchos los abismos que se abrieron
con el sonido de sus pasos de medianoche,
de veranos tardíos,
de locura prematura,
de león enjaulado,
de soltero a la fuerza,
de sinvergüenza piel de oveja,
de lobo caribeño con sonrisa de jueves,
de inútil con sueldo de burócrata.
de político idiota con nombre elegante y puesto de jefe,
de mentirosos todos, de hombres todos.

Cada uno de ustedes me fue dejando
sin espacios para la duda,
sin gotas de confianza de doncella ingenua,
sin inventarios por terminar,
sin hímenes por romper…

Cada uno de ustedes
me mató una virginidad,
cada uno me arrancó
Un rugido de leona salvaje.

Mutilaron uno a uno todos mis clítoris;
ahora sólo me queda ésta que soy
cuando alguien pronuncia mi nombre,
cuando alguien recuerda
el aroma de todas mis yo:
la del sexo húmedo,
la del perfume de oficina,
la de tabaco ajeno y eyaculaciones de a $1,000 por noche,
la del seno que alimenta a sus crías,
la de la bruja,
la que lleva grilletes en sus pies,
la que usa burka,
la que ríe, llora, ama, perdona, engaña y se excita.

Esa de nombre tan frágil, tan dulce,
ese monstruo bestial al que llaman MUJER.

De vuelta a casa

No niego que estuve tentada
a perderme en el sonido
de tu risa de jueves.

Y sí, ¡Claro que sí!
Me arrastró el ritmo
de tu sombría voz de verano.

Pero el naranja crepúsculo
me estalló en los ojos,
ascendí.

Ahora sólo escucho
trinos y copas rotas,
ilusiones de octubre.

Ecos de medianoche
que abrigan esperanzas congeladas
en un baúl de rojo y cenizas.

Ya no sonrías
ni siquiera miro tu rostro,
me llama el hogar,
voy a casa,
retorno,
de regreso al vientre materno,
al útero que una vez
me arrojó al mundo.

Néctar

Me sabe a néctar el silencio,

me embriaga la paz

viento que se detiene

a esperar el flujo de la vida.

 

Me sabe a néctar mi silencio,

mi calma y mi paz,

me detengo y espero,

desde arriba miro con sosiego

el trayecto de las flechas.

 

Me sabe a néctar mi calma,

devoro silencio,

silencios,

sus silencios,

fluyo

y me sabe a victoria el viento.

 

Las flechas persiguen

un blanco invisible

yo,

disfruto el sabor del silencio,

me sabe a victoria el silencio,

me fundo con él,

muero de paz embriagadora.