Lo que el kinder me está enseñando ahora.

Comenzó la semana con el evento más importante de mi vida este año: el ingreso de mi hijo al kinder y no digo que es el más importante para él porque a estas alturas no sé si él pueda hacer esa diferencia, ya lo dirá cuando crezca un poco más; para mí sí lo fue a pesar de todas las cosas que me han sucedido este año y todo cuanto he tenido que soportar para seguir adelante, a final de cuentas me resulta mucho más trascendente el inicio de una nueva etapa en la vida de un pequeño que las intrigas y malversaciones de otros (no así para el bien común y el inconsciente colectivo que sí es importante ya que esos sujetos dañan muchísimo), así que me dediqué a centrarme en asuntos que puedo resolver y dejar de sufrir y estresarme por asuntos que quedan totalmente fuera de mi alcance, porque este año, sobre todo este año he aprendido que yo no soy Dios, que no soy la redentora de nadie sino muy apenas de mí, que cada quien sabe lo que le corresponde y si no, entonces cada uno tendrá que rendir cuentas y pagar sus facturas tarde o temprano, de tal modo que mis dolores de cabeza diarios desaparecieron y yo me siento más tranquila por comenzar a entender lo que significa fluir.

Padres de familia e hijos estábamos citados de 8.50 a 10:00 am para conocer al personal del plantel y las instalaciones, en cuanto entramos al saloncito, Adrián esbozó una enorme sonrisa y sus ojos brillaron, empezó a jugar y entonces pensé: ¡BIEN! vamos de gane, recorrimos la escuela y se nos dieron las indicaciones de rigor, era hora de marcharnos pero mi pequeño preescolar no quería dejar el salón, lloró porque quería quedarse y yo comencé a sentir un poco de orgullo maternal por aquello, llegamos a casa (muy cerca del kinder) y él seguía insistiendo en regresar al saloncito, me despedí de él para ir a trabajar y yo estuve feliz todo el día.

Al día siguiente en cuanto despertó, Adrián pegó un brinco pidiendo que lo llevaran al kinder, no se quería bañar pero eso siempre es igual: dice que no quiero y ya adentro se pone a jugar muy feliz de sentir el agua; lo vestimos, peinamos, perfumamos y dejamos listo para su primer día de clases oficial que no duraría las tres horas que dura la jornada del jardín de niños; serían sólo dos horas y sólo los niños de nuevo ingreso (estrategia que me parece muy conveniente porque los niños que nunca han dejado a sus padres, como Adrián tienen más oportunidad de irse aclimatando).

Me contó mi hermana que lo primero que hizo fue llevarlo al baño pero ya no la dejaron ir más allá, así que dejó que Adrián encontrara su salón él sólo, cosa que hizo sin ningún problema, pero todo comenzó cuando tuvo que empezar a convivir y a obedecer.

Ahí fue cuando comenzó la prueba de fuego y debió enfrentar el mundo él solito, fue una prueba superada apenas de panzazo, la presión del grupo y la falta de roce con otros niños durante sus primeros años de vida lo hicieron trastabillar una y otra vez.

Ha terminado la semana y según hemos podido observar sus avances son lentos, aunque yo diría que muy significativos dado que se trata de un niño muy ingenuo y muy inmaduro.

Ha sido una semana dura en todos los sentidos, laboralmente las decepciones no dejan de aparecer, pero lo cierto es que no me han calado tanto debido a que mi prioridad tiene un nombre de 6 letras, en estos 5 días mi percepción acerca de la educación y sobre lo que mi hijo necesita ha cambiado muchísimo: antes de que iniciara el ciclo escolar tenía pensando inscribirlo en algún gimnasio para que tome clases de TKD pero conforme han pasado los días me he terminado de convencer que es necesario fomentar su espíritu de cooperación y de equipo y no darle alas a su naturaleza autoritaria y competitiva (no al menos la competencia individual).

Es preciso ser paciente y dejarlos que fluyan, dejar que caminen delante de uno y sólo intervenir en el momento en el que estén en verdadero peligro, dejarlos que tomen sus propias decisiones e incluso dejarlos que caigan también,  Adrián ha crecido durante estos cuatro años con la certeza (muy a su manera y a su edad) de que es amado y protegido, es un niño que siente mucha seguridad y ahora le toca enfrentarse más a la hostilidad, pero ya aprenderá y así como tuve que ser paciente para que diera sus primeros pasos, para que hablara, para que dejara el biberón y los pañales, todo al momento en que él sintió que debía hacerlo;  ahora debo ser fuerte para que no me gane el sentimiento y dejarlo que siga adelante a pesar que no todo es dulce.

Veamos como nos pinta la segunda semana se clases y veamos qué otras lecciones me da la vida a través de la persona que más amo en el mundo: mi hijo.

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