Matrimonios gay: una amenaza

De nueva cuenta toco el tema… el texto en negritas es mi aportación a una nota que salió pulicada el día de ayer en la sección nacional de El Heraldo de Chihuahua.

MÉXICO.- Los matrimonios homosexuales constituyen una seria amenaza para el país, pues pretenden destrozar la esencia del matrimonio heterosexual y trastocar el orden social al vulnerar la célula básica de la sociedad que es la familia, señalaron católicos.

Omnis kempis, cambiemos el argumento, eso de que lo matrimonio homosexuales constituyen una seria amenaza porque pretenden destrozar la esencia del matrimonio homosexual, me parece que no aplica; uno no puede sentirse amenazado por el hecho de que se legalice una unión, vayamos al fondo de las cosas, se trata de dos personas que quieren unir sus vidas de manera legal ¿el argumento para impedírselos es que ambos tienen pene o ambos tienen vagina? ¿el amor ya no cuenta?

Ahora bien, a lo mejor eso es un poco simplista de mi parte, pero sigamos argumentando: yo Martha Cecilia Soto Núñez, mujer, 32 años, heterosexual ¿siento amenazada mi sexualidad por el hecho de que se legalicen matrimonios de personas del mismo sexo? Para nada. Otra pregunta, imaginemos que soy una mujer casada ¿cómo peligraría mi matrimonio por el hecho de que los legisladores legalicen las uniones homosexuales? Sólo que mi marido en realidad fuera un gay que no ha salido del clóset o yo lo fuera, no veo cómo eso puede significar una amenaza para mi matrimonio ni cualquier otro matrimonio heterosexual, no nos pongamos locos, que se legalicen cierto tipo de uniones no significa que nos vayan a obligar a ellas….hay que tener criterio.

Tampoco entiendo porque hace peligrar la célula básica de la sociedad, pues el hecho de que la constitución de la familia esté cambiando, ello no significa que va a desaparecer ¿o sí? Si la familia llega a desaparecer es porque la sociedad va caminando hacia ese rumbo, no por culpa de personas que tienen un gusto por personas de su mismo sexo, nuevamente pregunto ¿estamos dejándole la responsabilidad de nuestra propia decadencia a personas que en realidad no tienen nada que ver con ello? Mejor vayámonos haciendo responsables de lo que nos toca ¿No? Ahora bien, la vida es un constante, cambio y si saben un poco de termodinámica entenderán que todo sistema necesita un reajuste, retroalimentación, yo que creo, personalmente, que es el momento en el que nuestra sociedad debe “sufrir” ese reajuste y cambiar, debe expandirse y sobre todo debe evolucionar, necesitamos de la evolución aunque muchos la nieguen, porque si la evolución es inexistente o reprobable, me gustaría debatir al respecto y me gustaría ver qué dice alguno de los desarrolladores de la vacuna contra AH1N1 ¿de verdad no existe la evolución? Bueno, entonces la medicina es un fiasco y la aeronáutica un verdadero fraude…

El Consejo de Analistas Católicos de México (CACM), organismo que integra a distintas instituciones cívicas y religiosas que se oponen a las reformas al Código Civil aprobados por la ALDF, que legalizan los matrimonios homosexuales y les permiten la adopción de niños, así lo manifestó en un comunicado.

El organismo mencionó que desde su perspectiva multidisciplinaria, “dicha legislación es ética, biológica, antropológica, religiosa, jurídica y socialmente inaceptable” porque se privilegia una ideología política nociva.

Pues, es debatible porque al ser una organización católica, ya implica que está aplicando un sesgo religioso. Ni siquiera es preciso decir más.

Día veintitrés. Principio Básico No. 6

Lealtad y lambisconeo no son sinónimos.

Yo siempre he dicho que el jefe directo de uno, siempre y cuando uno tenga jefes, es la segunda cosa que uno debe respetar en su trabajo, porque lo primero es el trabajo mismo.

Pues resulta que he conocido mucha gente que no lo entiende y quizá tenga que ver con una extraña percepción acerca del trabajo y de lo que implica tener un jefe.

Mucha gente no se da cuenta de que aún cuando nuestro sueldo no sea erogado por nuestro jefe, él es la autoridad primera a la que debemos respeto y el respeto a nuestro jefe implica un valor importantísimo: la lealtad.

Pero ¡OJO! Ser leal a nuestro jefe, nuestro empleo cualquiera que éste sea, no significa ser lambiscón, no significa que a todo debamos decirle que sí, la lealtad es un valor que implica compromiso y valentía; compromiso para hacer lo que a uno le corresponde y valentía para tener los pantalones de decirle a tu jefe: no señor, eso no es lo más adecuado, según mi experiencia, yo recomiendo esto…

Conozco muchas personas –y no diré de donde- que por miedo, por pereza o sólo por estupidez, se callan ante sus jefes y creo en esto sí existe una fórmula infalible: cuando uno es subalterno, está para cuidarle las espaldas y procurar que no quede mal ante sus superiores aunque ello implique tener que decir cosas duras que no siempre quiere escuchar.

Yo siempre he dicho una cosa que “dos cosas son sagradas en mi trabajo: mi trabajo y mi jefe; si no me gusta mi trabajo, tengo dos opciones honestas, dejo el camino para alguien que sí quiera mi trabajo o hago lo posible por quererlo y si tengo problemas con mi jefe, los soluciono o digo adiós…” Este es uno mis principios. Furia Dixit.


Día Veintidós. Principio Básico No. 5.

La familia es el único puerto seguro al que uno puede llegar luego de un día complicado. Los amigos tienen otras funciones.

Yo no sé como le ocurra a otras personas, a mi, me pasa así: luego de un día difícil, mi familia ha sido la única constante, quizá porque yo suelo se una mala amiga; pero ocurre que aún cuando tengo tantas deficiencias como persona, defectos terribles, insalvables para muchos e incomprensibles para otros, mi familia me abre sus brazos sin pensarlo dos veces, ya sé que en la mayor parte de las ocasiones quisieran que cerrara la boca, que no tuviera opiniones tan directas, abiertas y amenazantes y que fuera un poco más conformada con la vida, no obstante, me quieren o, al menos, toleran mi existencia y me dan su apoyo.

Mis amigos en cambio, los que logran persistencia y retan a las posibilidades, llegan más bien a ser mis cómplices, porque mi incapacidad e inmadurez emocional, no me dan para más, a un amigo le puedo ayudar a sentirse mejor, entendiendo su punto de vista, “sentándome”  a su lado, escuchando su punto y ondear su bandera de lucha, incluso aunque no esté de acuerdo, porque me toca ser cómplice en lugar de amiga, los amigos son hermanos elegidos, yo en cambio tengo compañeros y compañeras de viaje, que alimentan mi espíritu y ondean las mismas banderas que yo, por ahora, no puedo ser otra cosa y para mí está bien, porque ese es un proceso personal.

A veces pienso que debí nacer apenas en esta época cuando las relaciones interpersonales se cultivan no sólo a través del contacto físico sino de las redes inalámbricas  y de fibra óptica, ese es mi consuelo, pensar que mi incapacidad por la cercanía física se relaciona más bien con mi espíritu modernista y no con mis deficiencias emocionales, he reencontrado gente con la que poca relación tuve en el pasado y me hace feliz, poder ser la persona con la que se desahoga a través de un teclado, un monitor y un sistema de circuitos internos, todo lo demás, la forma, resulta no tener la menor importancia, si al final, aquel ser humano pudo descargar sus emociones y sentir menos, el rigor del peso.

Es por ello que una de mis lecciones de vida, uno de tantos caballitos de batalla que debo superar en mi vida es mi relación con mi familia y con mis amigos, debo resolver esas relaciones para poder subir de nivel, como si de un videojuego se tratase.

Mi familia, es un puerto seguro, mis amigos, son los compañeros del pequeño batallón que libra luchas diarias en cualquier rincón del mundo.

Ni Djini ni Furia ni nada

Ésta es una de esas semanas en las que la transmutación me cala, me ataca, me abruma, me avasalla, se cuela en mis huesos, me penetra y hace a mi sangre entrar en ebullición.

Son días en los que mis otras yo, todas ellas, las pasadas, las presentes y las que aún no he creado, quieren salir y atacar con sus encantos, sus garras, sus lujurias, sus deseos más profundos, sus afectos y sus sentidos, para enloquecer a los demás o sólo a mí que intento cómo explicar mis tremendos contrastes en apariencia contradictorios…

Ésta es una de esas semanas en las que no me contento conmigo, ni contigo; es una de esas semanas en las que duermo sin soñar; son días obscuros, amargos, dolorosos pero sin sabor, porque me encierro como una crisálida en un capullo de hielo que me cubre con frialdad y me cala en lo más hondo de mi alma carbonizada.

Son días de hastío e incertidumbre, desfasados, si fueran personas diría que narcotizados, días en los que veo todo fuera de mí como en cámara lenta, porque la transmutación me hace sentirme más, mirarme más, inspeccionar en mi alma; la transmutación me provoca dolor, me desgarra, me enloquece y me sacude, me saca de mi realidad y me obliga a evolucionar con dolorosos desgarramientos por la lucha entre mis yo, todas ellas, las pasadas, las presentes y las que quieren nacer…es una de esas semanas, que espero, no dure más de 7 días.

¿Así o más fascista?

La siguiente es una CARTA AL DIRECTOR publicada en día de ayer jueves 21 de Enero en El Heraldo de Chihuahua, que me tomé el trabajo de transcribir y que no voy a comentar tan sólo porque ni siquiera lo creo necesario, quienes me conocen ya saben cómo pienso, además de que es obvio que me provoca malestar porque YO SOY UNA DE ESAS SATÁNICAS, PROMISCUAS Y DEMENTES… he aquí:

Los tatuados, sin trabajo

Sr Director:
S innegable los malos ejemplos de muchos artistas y los medios de comunicación al festejar a sus agremiados en exclusiva y hasta poner de moda esta nefasta y cancerígena afición de tatuarse el cuerpo como un “arte”, más o menos al parejo del grafitti. Estas manifestaciones del mencionado “arte”, en mi adolescencia, sólo era de pésimo gusto de drogadictos, presidiarios y torvos asesinos y de gente malandrina de la peor ralea.
Ahora, ya hasta las hijas de “Don Fulanito” ricachón se tatúan en lugares íntimos como un lujo, hijos de distinguidos profesionistas, que sus abuelos en el pasado reciente gozaban de gran prestigio y decencias. ¡Qué esperanza que permitieran a un miembro de su familia deambular por las calle y menos dejarlo entrar a sus domicilios, aún a su nieto consentido con estas horrendas muestras de decadencia moral y fí, y si y tuviera sica. A los colegios y universidades menos cuando había educación, cultura y clase en los ciudadanos. Ahora todo es un bate. Por tanta permisividad de la sociedad actual las autoridades y los padres, los más culpables de este “desmadre” social rayan en los satánico, promiscuo y demencial.
Bien por las nuevas reglas de las empresas maquiladoras; en “algunas” oficinas, y si yo tuviera poder alguno, ni a los templo los dejaría entrar porque Dios estoy seguro hasta abominaría tan maléfica afición.
¿Qué tratan de decir los jóvenes actuales al tatuarse? Qué con tanta modificación a nivel mundial, con tanto bombardeo por TV, Internet y revistas pornográficas, ¿tratarán de llamar la atención de la sociedad para ser tomados en cuenta en inmundo cada día más indiferente y nefasto? Bien también por esos padres (ya quedan muy poquitos con pantales) que se les ponen al “pedo” a sus hijas(os) para que sean respetados no como ahora, que es una generación ridícula ¡No a los tatuados! A ver si agarran la onda. Todo tiene que volver, no estamos en contra del modernismo y la superación personal, pero tomar modas y costumbres positivas, y no como siempre: ¡Imitar las costumbres de los gringos, la nación más viciosa de la Tierra, que para bien y para mal son nuestros vecinos! Quien quiere un trabajo decente y esté tatuado que vaya con un “herrero” o con un cirujano plástico a borrarse esas satánicas estigmas que en nada dignifican a un ser humano que se precie de decente y de buen gusto…¡Ouch!

Gustavo J. Ruiz Pando.

PD. Que lindo mundo…nunca cambies!!

Día catorce. Principio básico No. 4

Vuelve a tu centro. Si no sabes dónde está, busca aquello que necesites para vivir tanto como el aire que respiras.

¿Qué es lo que soy? Hace muchos años escuché durante una plática una interesante analogía que todavía considero válida: los seres humanos somos como una lechuga, llenos de capas y capas que cubren nuestra verdadera esencia, hay que quitar todas esas “hojas” y en el centro encontraremos un corazón, ese corazón ha de ser tu verdadero yo… más o menos.

Entonces creo que en verdad todas esas capas que se van añadiendo a nuestra verdadera y más profunda esencia, son todas las experiencias externas, son capas que no podemos ir tirando por ahí, pues por algo andamos cargando con ellas, no obstante, hay momentos –muchos, creo yo- en los que es necesario regresar al corazón, profundizar en esa naturaleza primera que nos hace sentirnos vivos, en aquello que hace que nuestro corazón vibre y se sintonice con la frecuencia de la vida, de la madre tierra y nos haga sentir conectados con otras personas, con sus almas.

En nuestra vida siempre hay gente, estemos o no acompañados; mi vida, tan rara como es a veces me da la posibilidad de conocer personas que me hacen vibrar, aunque no esté del todo de acuerdo con su forma de ser o sus pensamientos, pero su esencia y originalidad provoca en mi tal estruendo que me obligan a retroceder para replantearme lo que estoy haciendo, por lo general se ha tratado de encuentros efímeros que no duran mucho pero que casi siempre me han dejado la misma enseñanza: volver a mi centro.

Retorno a lo esencial, a lo que necesito para sentirme viva, tanto como el aire que respiro sin darme cuenta siquiera.

¿Quién soy? Soy una contadora de historias, me gusta contar historias, me siento viva cuando logro transmitir un cachito de historia de una persona a otra, cuando era reportera me sentía viva porque contaba historias; nunca me he podido llamar periodista, ni siquiera reportera, ese trabajo era para las verdaderas apasionadas de la investigación, las buscadoras de la verdad, yo en cambio no tenía sed de verdad sino tan sólo sed de contar.

Escribir historias me da la posibilidad de ordenar ideas, racionalizar acerca de los hechos y tratar de encontrar el fundamente y la razón de ser del ser humano que me cuenta su cachito de historia.

¿Quién soy? Soy una contadora de historias que día a día escribe su propia vida, mi “manuscrito” tiene muchos borrones y tachones, pero todos ellos me han enseñado a pensar de nuevo las cosas, a desahogarme, a sentir, a reflexionar… a ser ¿quién soy? Sólo una contadora de historias que lucha por no perder el derecho de contar la propia.

Las imperdonables

“Las mujeres juntas, ni difuntas” versa aquel pseudo-axioma que denigra y etiqueta a la mujer señalándola como un ser incapaz de convivir con sus similares, eso, entre otras muchas cosas.

El día de hoy comprendí el significado profundo, el matiz, el punto medio y la esencia de esta frase, en contraste con otra frase también muy famosa gracias a aquella obra de teatro también muy famosa: “entre mujeres podremos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”.

La primera frase, seguramente fue acuñada por algún ser humano -hombre o mujer, da lo mismo- machista con mente no sólo retrógrada sino obtusa a más no poder, porque se trata de una frase que intenta describir la naturaleza de la mujer de una manera muy pobre y muy prejuiciosa, sin matices, sin análisis y simplemente creyó que era “audaz” por decirlo en rima.

En contraste existe la otra frase, que al menos en lo personal, recuerdo como parte de una obra de teatro y que al parecer intenta ir más allá de esa simpleza que tanto molesta y denigra la verdadera complejidad femenina.

Pues bien, tendré que realizar un ejercicio de paciencia al tratar de explicar mi punto, ya que al hacerlo, lo hago como un verdadero ejercicio catártico, ya que se trata de un tema que toca de manera directa algunas de las fibras más sensibles de mi ser como persona, como madre, mujer, trabajadora y ciudadana del mundo.

Vamos por partes, porque es preciso hacer el esfuerzo para poner las cosas en perspectiva, por lo que de antemano ofrezco una disculpa a todos aquellos varones que no se sienten identificados con mi apreciación y en todo caso, espero que su existencia sea tal que puedan hacer más llevadera esta situación de desigualdad con las mujeres de su vida.

Sucede que no puedo generalizar, porque hay varones muy conscientes y que con toda seguridad pueden ostentar el nombre de “hombre” sin que les quede grande, a todos ellos, mi respeto y mis sinceras disculpas por decir ¡QUE VERGÙENZA! ¡Qué vergüenza si todo lo que tengo para enorgullecerme por llamarme hombre es un falo que cuelga entre mis piernas!

¿Cómo es posible que disfracen con la palabra “lealtad” su terrible incapacidad para señalar lo que está mal entre “los suyos”? ¿Cómo es posible que tachen a las mujeres de “arpías”, tan sólo porque nosotras sí tenemos lo suficientes pantalones para reclamar lo que está mal y lo que es injusto?

Hace muchos años, yo era de las que se unía a quienes decían que los varones sí sabían ser amigos y que sí eran leales…hoy, me arrepiento de eso, porque he descubierto, con topes en la cabeza y golpes contra la pared, que esa “lealtad” no es otra cosa que el ropaje que disfraza la incapacidad para confrontar los errores de los demás.

Pongamos ejemplos concretos: un superior se enoja porque alguno de sus colegas varones no hace su trabajo, grita, hace aspavientos, golpea su escritorio y se desahoga con sus colegas mujeres porque claro, además de tener la capacidad -maternal- de solidarizarse con el jefe; una como mujer, sabe que las omisiones son tan peligrosas como los errores y entonces, empezamos a hacer suposiciones: si yo fuera la jefa, ya le habría cortado la cabeza, porque la gente floja, inútil e inepta seguirá mamando del presupuesto del gobierno, las empresas, la nación o hasta la familia, mientras la autoridad lo permita.

En realidad soñamos que somos la jefa y nos “ajusticiamos” al culpable, tal como hacen con nosotras cada vez que cometemos un error, por tonto que sea, porque como mujer, no podemos darnos el lujo de equivocarnos y mucho menos si “mal acostumbramos” a nuestros jefes a ser las empleadas perfectas y es que ¿a cuántas de nosotros nos resulta familiar la historia de la empleada perfecta, responsable que siempre sabe qué hacer y cómo resolver situaciones de conflicto, trabajar bajo presión y entregar excelentes resultados, pero al momento en que se equivoca corre el peligro incluso de perder su trabajo? ¿Voy bien o me regreso?

Según nosotras, las ingenuas, creemos que los “crímenes” del empleo no quedarán impunes esta vez, que se hará justicia y sólo prevalecerán los responsables, los comprometidos con su trabajo, los disciplinados… ¡pero no! ¡Falsedad de falsedades!

Si la jefa fuera mujer, aquel pobre hombre que juega a que trabaja y se pasa la vida cobrando un cheque que no se merece, ya estaría ofreciendo disculpas y con un pie en la calle, si la jefa fuera mujer, estaríamos en presencia de esa perfecta “CABRONA” de la que hablan los libros y las obras de teatro.

Curiosamente, si la jefa fuera mujer y el ser humano flojo, incapaz, irresponsable y errático, también fuera mujer, igualmente tendría un pie en la calle, porque las mujeres no perdonamos ni nos perdonamos, nos castigamos por nuestros errores y no andamos con medias tintas.

Los varones, se aplauden, se dan palmaditas en la espalda, se hablan con pleitesía y deferencia, se dicen: “licenciado”, “maestro”, “señor”, se ríen juntos de cualquier estupidez: ja-ja-ja, jo-jo-jo, se compadecen entre sí y se autocompadecen juntos y olvidan que el compromiso con el trabajo es sagrado y al ser condescendientes lo único que hacen es ultrajar lo que otros sí tratan con respeto.

Una mujer en cambio es imperdonable, una mujer no se perdona los errores ni ella misma, levanta la cara sin autocompadecerse y espera tener el suficiente tiempo para remediar sus errores; deja de lado la autocomplacencia y lucha por lo que cree, ya sea como ama de casa, ejecutiva, política o cualquiera sea la cosa a la que dedique su vida.

“Las mujeres podremos despedazarnos pero jamás nos haremos daño”, significa que la mujer que es una madre amorosa y responsable, condenará a todas luces a aquella que actúa con negligencia y omite cuidados con sus hijos; si es una mujer que sale a trabajar y todos los días se entrega en cuerpo y alma a su trabajo y se compromete hasta el tuétano con su empleo, condenará a la que es irresponsable, impuntual e incapaz sólo porque no le interesa ser mejor; si es una esposa diligente, condenará a que descuida a su marido…y así, podría poner mil ejemplos, somos las imperdonables porque no toleramos los errores derivados de la mediocridad y la falta de pasión; por la familia, los hijos, los amigos, el marido, el trabajo.

Por eso, vuelvo a disculparme por tener que decir ¡QUÉ VERGÜENZA! ¡Qué vergüenza si tu único talento es provocar lástima en tu jefe para que perdone tus constantes errores y omisiones! ¡Qué vergüenza si tu único talento es conocer gente que pueda “echarte la mano” para no perder un empleo que no mereces! ¡Qué vergüenza si tu único talento es lamer las bota de tu jefe con la saliva del servilismo! ¡Qué vergüenza si tu único talento es llamarte “maestro” aunque sólo enseñes el cobre del que estás hecho, sin hacer honor al título! ¡Qué vergüenza si la única fuerza de tu  ser la tiene el falo que te cuelga entre las piernas!