Mis tres lecciones al inicio de las vacaciones…IV

“Es más fácil admirar lo hermoso y cerrar los ojos ante lo que no lo es”

Barranca del Cobre, Julio 2012.

No sé cuantas veces he tenido la oportunidad de visitar la Sierra Tarahumara, pero sé que no han sido tantas como a mí me gustaría ni tampoco bajo las condiciones que me gustaría, salvo en algunas ocasiones. No puede uno conocer la Sierra Tarahumara en un viaje turístico, bajo condiciones óptimas uno sólo admira la grandeza de los cañones y lo maravilloso de los inmensos paisajes y se hace de la vista gorda ante ciertos aspectos que resultan no tan bonitos.

Mi tercera lección ha sido la más difícil de entender y no ahondaré mucho en ella pues creo que lejos de darme respuesta ha generado en mí más preguntas, muy difíciles de responder.

La Sierra Tarahumara es uno de los más hermosos atractivos naturales que tiene este país, es el hogar de los indígenas tarahumaras pero ¿por qué entonces se encuentran sumidos en esa pobreza extrema?

Es hermoso admirar aquellos inmensos cañones, disfrutar del aire limpio y fresco, aventarse por las tirolesas, escalar por la vía ferrata o subirse al teleférico pero ¿será bonito mirar cómo algunos turistas se toman fotografías con algún niño tarahumara como si se tratara de un animalito del zoológico? o ¿será igual de atractivo ver cómo cada vez que ven a un turista las niñas te ofrecen sus artesanías? ¿cómo te piden comida, moneda o lo que sea? No, eso no es lindo, ni siquiera es folklórico, porque su pobreza no es producto de alguna extravagancia relacionada con su ideosincrasia…

Mirar cuesta, en palabras de uno de mis maestros, es muy fácil mirar lo bonito, fotografiar lo bonito, no hay cosa más fácil; pero mirar más allá, mirar con los sentidos es un ejercicio agotador y no cualquiera tiene el estómago para eso. Nadie toma fotografías de sus vacaciones que retraten la pobreza y la miseria que azota la zona, no, se toman fotos de los paisajes, de los árboles, de los animalitos hermosos.

No se realizan paseos a los sitios donde viven los indígenas, sólo los mira uno caminar a su pasito veloz hasta que se pierden en el horizonte, los ve uno ir y venir preguntándose ¿qué se dirán unos a otros? ¿qué pensarán de nosotros?

A la fecha, a dos semanas de haber regresado sigo pensando en mi viaje y en lo mucho que me gustaría vivir allá, donde el progreso no se mide en el aumento que recibe uno en su cheque cada año, dónde la tierra, los truenos, el aire, el agua, los árboles, la gente está más cerca de uno y no por la distancia física… y de todas mis lecciones aprendidas, esta es en la que más pienso porque aún me parece una lección no resuelta.

Mis tres lecciones al inicio de las vacaciones…III.

Barranca del Cobre. Julio 2011.

“Si no puedes hacer otra cosa, escucha al viento cantar”

Hicimos la primera caminata corta por los alrededores de la estación y del hotel después de la comida, fue cerca porque la lluvia amenazaba con caer, no fue así, cuando llegamos de regreso al hotel ya se había detenido… mientras avanzábamos, yo escuchaba el canto del viento, muy distinto al sonido que hace aquí en la ciudad, incluso en zonas arboladas; se trata de un sonido tan grandioso y tranquilizador que intimida, no en sentido negativo sino en un sentido más bien encantador ese zumbido que hace al golpear contras las copas de los árboles…

Pero, por su parte, Strudell ya empezaba a dar lata ya estar incómodo porque él quería regresar al tren y descubrí que si por él hubiera sido, mejor hubiera pagado el boleto del tren completo hasta Los Mochis y una sola noche de hotel para regrsar a Chihuahua a las 6:00 am.

Pero no lo preví, no imaginé que su fijación por los trenes fuera tal; comenzó una tremenda batalla contra la “adicción” de mi hijo hacia los trenes, en mi molestia, luego de que no me permitió cenar por tremenda escena que me armó en el comedor haciendo que todos los huéspedes que disfrutaban de una rica comida,  me voltearan a ver con cara de “bruja maldita ¿qué les has hecho a la criatura?”, tomé una decisión drástica…, yo que quería cenar a gusto y pasar un rato en la terraza admirando el atardecer-anochecer en plena barranca, en cambio, tuve que irme al cuarto con un niño que sólo gritaba y pataleaba.

Les dije a mi hermana y a mi mamá: nos regresamos mañana, dos días más de esto será un martirio, Adrián siguió llorando, pataleando, enojado, gritando, hasta que luego del baño, se quedó dormido.

Yo no podía dormir, un par de horas después, mis acompañantes dormían y yo seguía repasando en mi mente, pensaba que lo mejor sería que nos fuéramos al paseo a Creel, tal como lo habíamos previsto desde antes y de ahí comeríamos y esperaríamos el tren de regreso a Chihuahua, así que tendría que liquidar la cuenta en el hotel después del desayuno para salir con el guía puntualmente a las 9…para eso tendría que levantarme más temprano de lo que había pensado debido a que tenía que dejar todo listo, arreglar las maletas, etc.

Barranca del Cobre. Julio 2012.

Entonces, acudió a mí una nueva idea: ¿qué tal si sólo me regreso yo con Adrián? ¿por que deberían mi mamá y mi hermana suspender su viaje sólo porque mi hijo no quería estar ahí? No, yo no podría cargar con eso, además no íbamos a estar a gusto, ninguno de los 4 y para el siguiente día yo tendría ganas de arrancarle los ojos a quien se me cruzara por enfrente.

Las desperté y se los comuniqué, mi hermana al principio se quiso resistir a la idea pero la convencí diciéndole que era por mi mamá, que ella se quedara a cuidar de ella y a disfrutar del viaje, Adrián y yo estaríamos bien, después de todo, en casa ya no extrañaría a su tío, a su abuelo, sus jueguetes y todo aquello que me pidió esa tarde en la que me obligó a levantarme del comedor.

Así fue, desperté a las 6:30, quería ver el amanecer porque el sol por debajo de  una elevación rocosa que queda justo en dirección hacia nuestra habitación hace de aquello un paisaje hermoso, pero tuve mala suerte porque ese día estaba nublado, el sol apenas comenzó a asomarse una hora más tarde y ya bastante alto por lo que no hacía mucho juego con las rocas espectaculares.

Nos alistamos, desayunamos y emprendimos nuestro viaje por carretera hacia Creel, nuestra primera parada fue en el Lago de Arareco, Adrián no quiso bajar y yo me tuve que quedar con él tranquilizándolo y asegurándole que en efecto iríamos a la estación cuando terminara el viaje y como no pude bajar a la orilla del lago, me senté en una roca y mi hijo se acurrucó junto a mí, justo cuando estaba por enojarme nuevamente, escuché nuevamente ese canto del viento, escuché cómo rozaba la copa de los pinos y como se iba y regresaba, era una canción que me estaba regalando y dado que en poco tiempo estaría de regreso, decidó que en lugar de enfadarme de nuevo con mi hijo opté por escuchar la canción que me estaba dedicando.

Lago de Arareco. Julio 2012.

Y así fue como aprendí que a pesar de todo y aunque pensemos que todo está en nuestra contra, siempre existen momentos y motivos para sentirnos bien, a veces las cosas pasan por algo y a veces simplemente tendríamos que sentarnos sobre la roca para escuchar cantar al viento a final de cuentas, no siempre tenemos esa oportunidad.

Mis tres lecciones al inicio de las vacaciones…II.

Valle de los Hongos, vacaciones del Pingüino Maquinista. Verano 2012.

La vida es como un tren.

“Aún no lo sé, pero ¿qué le parece si por lo pronto ustede termina de escribir su historia de este día y disfruta de su viaje, mañana ya será otra cosa”.

Eso le dijo el anfitrión a un pasajero, ignoro qué fue lo que le pregunto, pero se lo dijo con tal amabilidad y confianza que resultaba imposible ignorarlo.

Recuerdo que el año pasado, el anfitrión también era un hombre amable, muy cálido… recordé aquel viaje y entonces pensé: ¿Será que la vida a bordo de un tren nos otorga una perspectiva distinta de las cosas? ¡Claro! ¡Eso era!

El tren no es como otros medios de transporte, es lento pero muy impresionante, sobre todo cuando se trata del CHEPE dado que es un ferrocarril que debe cruzar la montaña y llegar al mar para lo cual debe subir a una gran altura y entonces esa máquina enorme logra vencer la gravedad contra todas las posibilidades, con todo y su gran carga (además de la máquina, en esta ocasión el tren arrastraba el carro comedor, el carro bar, cuatro carros de Primera Expres y unos 10 carros de Clase Económica), por lo que lo convierte en una de las creaciones más maravillosas del hombre.

La vida es como un tren, se escribe día a día, metro a metro, según avanza porque nunca se tiene la certeza de lo que habrá más adelante, como en esta ocasión en la que se había reportado un derrumbe por las lluvias más adelante; ya nos lo había advertido el anfitrión quien se suponía que iba a regresar a Chihuahua en el tren que salió de Los Mochis a la misma hora que nosotros salimos de la capital del estado, pero resulta que ese día, por lo que me dijo uno de los encargados del hotel, el tren no pasó por la estación FFCC Posada Barrancas sino hasta las 0:00 horas, así que el anfitrión tuvo que  llegar hasta Los Mochis para poder regresar a Chihuahua y esa fue su lección de vida, no sólo para él, para mí también.

Yo tuve que tomar la decisión de regresar a Chihuahua al día siguiente aunque tenía programado un viaje de tres días y cuando le notifiqué mi decisión al encargado del hotel, le pregunté a qué hora se suponía que pasaba el tren por la estación de Creel, me dijo que cerca de las cuatro, pero no era seguro, “ayer no hubo tren”, me dijo y seguramente me vio abrir los ojos muy grandes porque me pregunto: “¿te tienes que regresar en tren? ¿por qué no te regresas en camión? esos salen cada dos horas?” y le dije: okey, gracias.

Así fue, hicimos un paseo por la zona de interés turístico cercana a Creel (El Valle de las Ranas, Arareco, El Valle de los Hongos, La Misión de San Ignacio, la Cueva de Sebastián y el pueblo de Creel), a una hora  por carretera desde Posada Barrancas) y ahí fue donde obtuve mi segunda lección.

Mis tres lecciones al inicio de las vacaciones… I.

Rostro al viento a bordo del CHEPE

Otro año más de vacaciones de verano en el que tuve la oportunidad de viajar a la Sierra Tarahumara y aunque debí acortarlo por causas de fuerza mayor, creo que ahora me traje muchos más aprendizajes que el año pasado, quizá porque ahora tenía la encomienda de abrir los sentidos con la finalidad de aprender y de tener más ideas para un nuevo proyecto que emprendo en compañía de algunos amigos.

Nuevamente debíamos levantarnos temprano para abordar el tren a las 6:00 de la mañana, yo desperté desde las 3:23 y estuve dándome vueltas unos 5 minutos hasta que mejor decidí levantarme, total ya no me iba a poder dormir y además tenia que despertar a mi hermana, mi mamá y a mi hijo para salir a las 5:10 de la casa ya que el abordaje comienza a las 5:30 am.

Mi pequeño “maquinista” ya sabía de qué iba todo, porque desde días antes le había enseñado el boleto y cuando lo desperté alrededor de las 4:00 am le dije que era hora de alistarse para viajar en tren.

Estuvo emocionado y afable durante todo el viaje y eso me permitió viajar mucho más tranquila que el año pasado cuando aún no sabía si a medio camino perdería la compostura.

Además ahora viajaba la abuela con nosotros y eso hacía que Adrián tuviera más confianza…salvo breves momentos, tanto mi hermana como yo, nos fuimos de pie en los vestíbulos porque Adrián ama el viento sobre su rostro.

Fue hasta minutos antes de pasar por el túnel más largo del camino que al fin se quedó dormido, lo cual nos vino muy bien porque estaba despierto desde muy temprano y la falta de sueño -como a todos- suele ponerlo de muy mal humor.

Así que la parte más increíble de nuestro viaje en la que el tren traza su camino  en ángulos de 360°, ya en el asiento con mi pequeño en los brazos, duermiendo plácidamente, fue cuando vino a mi mente una idea maravillosa gracias a las palabras del anfitrión que nos atiendió durante el viaje.

Hermana Valquiria:

Te doy la razón amiga, sólo un tanto porque sí anduve en la pendeja, sí se me pasó la mano; ¿a poco no iba a saber? ¿a poco no me pude dar cuenta?

Ni que fuera algo nuevo, las montañas no crecen para abajo, el cielo es azúl aún en las ciudades más contaminadas sólo que la gruesa capa de smog no nos permite verlo.

El amor es igual desde siempre… y la calentura también.

Y si un hombre siente primero el calor de un cuerpo femenino, viajará por sus honduras, se perderá en sus selvas, se ahogará en sus ríos, tragará sus aguas, escalará sus montañas, se adentrará en sus cuevas, se excitará con sus humedades, pero el amor no lo tocará, no entenderá su gracia, no buscará aniquilar sus ansias, más bien alimentará sus antojos hasta empalagarse y luego irá directo al lavabo a enjuagarse la boca, listo para la siguiente comilona.

Sí creo que exista el amor y no, no me refiero al fraternal, en verdad creo que exista el amor de pareja al más puro estilo de novela romántica, lo que no creo es que en esta vida me esté deparado algo así y no lo digo en tono fatalista, simplemente lo sé porque no sé de qué manera se puede amar sin poseer y lo que he visto simplemente no me gusta, así que prefiero dejar de lado ese romanticismo que es como una burbuja de jabón que al tocar el suelo simplemente se rompe y se desintegra en menos de lo que canta un gallo.

Si uno se va a adentrar en los misterios de la vida de pareja, creo que primero debería dejar afuera falsas expectativas, dejar de ver a su pareja como un espejo y sobre todo saber si de verdad ama a la persona o sólo se ama a quien uno es cuando está con la otra persona o peor aún, a la persona que es el otro cuando está con nosotros… demasiada complejidad para mí y no temo decirlo, no temo decir que no me gusta la idea de la pertenencia, ni de cambiar por el otro, ni de sacrificar por el otro; a la larga eso no cuenta, siempre se termina reprochando haber dejado la carrera por cuidar del marido y claro dejamos en la pareja la responsabilidad de todos esos sacrificios, es una trampa, no me gustan esas trampas, lo mejor es adentrarse con sinceridad y decir: no sé si te puedo amar hasta que la muerte nos separe, es más, no sé si te voy a amar todos los días, menos si te amaré todavía al terminar el año…la naturaleza humana es así, ¿acaso uno come arroz -por más que te fascine- todos los días? ¡NO!

Qué pena me da tener que ser tan cínica, pero lo cierto es que no veo otra forma de decirlo.