Falso positivo

Es un asunto muy simple, la vida es como un laboratorio, se la pasa uno haciendo pruebas, todo es una prueba, tú mismo lo dijiste “lo que suceda con ella, no lo sabemos, en absoluto”.

Yo tomé una decisión como si fuera un riesgo calculado, aunque el brujo dice que se llama “desatino controlado”, yo lo llamo como la mayoría: ensayo y error; cierto es que no todos los laboratorios invierten en todas las drogas, no, eso sería tirar el dinero a la basura; de igual forma yo no puedo tirar mis pesos en todos, no, invertí parte de mi capital en ti, no mucho,  debo decir, aunque a ojos de mis amigos y a tus propios ojos sí parecía mucho pero eso es porque yo soy más vehemente, más apasionada y mpas salvaje que la mayoría, incluso que tú…y lo demostré, puse en juego mi tranquilidad, porque estaba yo en una zona de confort tan agradable, tan llena de satisfacciones simples que la verdad, no me hacía falta nada de lo que tú prometías, ni me hacía falta escuchar todas las mentiras (que yo creí verdades) que me dijiste para convencerme ¡PERO CLARO QUE NO!

¿Quién va a necesitar adulaciones y falsos argumentos como los que tú me presentaste? ¡NADIE! ¡POR DIOS! ¡NADIE! Y menos alguien como yo que ha comprobado estar mejor sola que acompañada…mal acompañada.

Y entonces acepté hacer la prueba; esta droga me parecía prometedora y por eso, sólo vi lo que quise ver y dejé de lado lo malo, le ordené callar a mi instinto de supervivencia y cometí el peor autosabotaje; entré como ladrona a mi propio laboratorio emocional, pasé por alto todas las reglas y normas de seguridad sin que me importaran las consecuencias. Hice las pruebas y el resultado fue un falso positivo, parecía que era lo que en realidad no era.

Hice pruebas para buscar una esperanza, dio positivo pero era falso.

Hice pruebas para buscar verdad, dio positivo pero era falso,.

Hice pruebas buscando un reflejo mío, un compañero de andanzas, un hechicero para mis noches de viento y letras, mi yo masculino, dio positivo, pero todo, todo era falso.

Me arriesgué, le aposté al desatino controlado, pero se me descontroló.

Cerré el laboratorio, me quitaron la licencia y mientras tanto buscaré otros lugares para instalarme de nuevo, buscaré otros campos de acción, al menos este fallo me dijo hacía dónde no debo ir, me enseñó que el falso positivo se tiene que confirmar.

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Hoy, viernes

Semana de contrastes, dura y con varias invitaciones a la reflexión y bastantes decepciones de todo tipo; aunque ya había dejado de hacer mis ejercicios retóricos, hoy me resulta imprescindible retormarlos, sí, por ese afán patológico que tengo por tratar de entenderlo todo, aun cuando la explicación no sea siempre de mi agrado o aún cuando esté fuera de mi alcance conocerla.

Y todo fue porque esta semana la comencé un poco indispuesta, debido a que sin pensarlo, en la euforia de mi emoción me ofrecí para apoyar en el curso de verano que organizaron dos compañeras de trabajo, yo pensando en que podría apoyarlas durante el tiempo que me tocara ir a la oficina, lo que no contaba era que mis vacaciones este año son 19 días, justo los días que durará el curso…pero ya me había ofrecido y ni modo, a levantarme temprano el lunes, lista y no tan dispuesta a apoyar en lo que fuera necesario.

Vale decir que tenía todo el fin de semana esperando la confirmación de algo, pero como el lunes había que recibir niños, arreglar pendientes y resolver imprevistos, me tomó toda la mañana verificar dicha confirmación que para la una de la tarde, cuando me pude dar el tiempo, fue negativa, primera gran decepción del día, de la semana, del verano y primera gran decepción en mucho tiempo… no podía hacer nada, cuestioné pero nunca recibí respuesta…o sea que en pocas palabras no importaba que yo estuviera decepcionada y que quisiera una explicación, hay ocasiones en que uno tiene que aprender lecciones que van más allá de la propia comprensión, entonces me dediqué a resolver los pendientes del resto del día.

Para la tarde, ya en casa tratando de entender lo sucedido, quise dejar de analizar y mejor me puse a escribir y al día siguiente no pude ir al taller porque algo me hizo daño (quizá mi estómago no soportó el mal trato del día anterior), pasé todo el día en casa, intentando nuevamente y en vano, de analizar, pero nada…así que lo dejé por la paz y nuevamente me puse a escribir, me refugié en mis propias letras y éstas no me defraudaron.

Por la tarde recibí una llamada de la organizadora del taller, a su madre la operarían al día siguiente por la mañana, una cirugía exploratoria que quiza debía convertirse en algo mayor si es que le detectaban cáncer…triste y muy mala noticia así que, tratando de cambiar mi actitud, me ofrecí para cubrirla, yo no sé si se deba a que recientemente – a principios de este año- mi padre estuvo hospitalizado por un mes a causa de una pulmonía agravada porque mi padre ya padeció tuberculosis hace unos tres años y sé lo que se siente tener un enfermo en esas condiciones tan delicadas y sobre todo sé que es agobiante la aprehensión de tener que cuidar de ellos mientras el mundo no se detiene para darte una mano.

Y justo esa fue mi reflexión del miércoles, me di cuenta de que la gente no está dispuesta a sacrificarse tan fácilmente, no por otros, generalmente uno piensa: si ya otro se ha sacrificado ¿cómo para qué iba a hacerlo yo también? Entonces tender la mano a nuestros seres más allegados, se vuelve a veces un lujo y no debería ser así, de tal modo que intenté modificar mi actitud pensando que si estaba en mis manos hacer menos pesada esta carga para mi compañera y amiga, tendría que hacerlo porque el mundo gira, porque no sabemos lo que ha de suceder mañana y mucho menos si quienes estemos en esa situación complicada seamos nosotros.

Justo ayer, asistió al taller un nuevo grupo, niños más grandes pero más vivaces, menos encausados, más desbocados…y entonces me di el tiempo de convivir con ellos a la hora del breake, justo a la mitad de la jornada, cosa que no había hecho hasta ese momento, contaron chistes y se peleaban por el turno, me hicieron agradable el momento y me acordé porqué me gustan los niños, porqué disfruto de sus locuras, de su espontaneidad, de su energía… porque todo es tan puro, tan honesto, tan recto que siempre le dan a uno ganas de regresar esos días.

Y bien, al final de la jornada en los talleres, mientras limpiábamos el desastre, platicábamos sobre los niños, sobre lo que podíamos tomar para próximos talleres y me llevé un buen sabor de boca, fui a llevar  a dos niños con sus padres que trabajar en otra área del edificio y cuando regresé, el tallerista se quedó arreglando algunos detalles mientras yo empecé a apagar las luces, recibí un mensaje en mi celular de mi amiga diciéndome que habían dado ya de alta a su madre, pero que estaba atorada con trámites y papeleo, le marqué para ver cómo iba todo y mientras hablábamos, el instructor se paró en la puerta y me dijo: salúdala de mi parte, por favor, le extendí a mi amiga el saludo, le dí ánimos y colgamos.

Entonces, el “profe”, como le dicen los niños, dejó su maleta en la puerta de la oficina, tomó una silla y se puso a platicar conmigo…o yo con él, pasamos así cerca de una hora y lo curioso era que antes de que él llegara para enviarle saludos a mi amiga (también amiga de él) yo sólo quería salir corriendo, pero una vez que nos pusimos a intercambiar ideas, la prisa y todo lo demás quedó en un segundo plano.

Cabe decir que cuando nos “conocimos” tuvimos un encuentro más bien ríspido y  yo me quedé con una idea muy equivocada de él por lo que durante los días que estuve ahí, me aparecía lo mínimo en la sala donde él imparte su taller para no tener que verle la cara, aunque cuando daba mis vueltas me pude dar cuenta de dos cosas: los niños le toman gran cariño y él a ellos…tiene facilidad para tratar con  niños y eso me hizo pensar: “tal vez no es tan mala onda”.

Pero hoy, que pasamos poco más de una hora hablando me di cuenta de que en realidad es una versión mía en masculino y claro, con otros filtros y detalles, pero muy parecido a mí, con una gran pasión por la vida, por lo que hace y con muchas ganas de no permitir que el mundo se vaya al carajo…y ahí estaba yo, rompiendo paradigmas gracias a un mensajero del universo que pude haber apreciado antes si no hubiera sido por mi tonto prejuicio y me vuelvo a preguntar ¿cuánto de la vida nos perdemos por culpa de los prejuicios tontos, por decisiones soberbias e infundadas, por miedo, por orgullo…? Yo me perdí de una semana de buenas pláticas que quizá me hubieran hecho más llevaderas mis decepciones pero, lo cierto es que seguramente en próximas ocasiones, antes de volver a prejuiciar, intentaré ser más libre, más intuitiva y más abierta.

¿Qué quiero?

Te apareciste en mis sueños ¿qué quieres? ¿por qué irrumpes en la calma de mi abismo personal y profundo? Y sólo para preguntarme ¿qué quiero? Ahora yo te respondo con una nueva pregunta ¿acaso no lo sabes?

Es muy simple, quiero un compañero de camino en el que pueda reflejar mi amor y si, viceversa: un compañero de camino para quien yo sea la persona en la que pueda ver reflejado su amor…

¿Cómo sería ese reflejo?

Yo quiero un compañero que no me trate como su “por mientras”, yo no soy para pasar un rato, ni para matar el tiempo mientras aparece “algo mejor”, YO SOY LO MEJOR… soy toda abismo y toda furia y mi compañero tendría que vivir con eso y amarlo.

Quiero un hombre que sepa contenerme: más salvaje que yo, más fuerte que yo, más furioso que yo; que entienda mi naturaleza. Un hombre que al darse cuenta que soy como una Caja de Pandora no huya y entienda que puedo estar alegre por la mañana y para la tarde probablemente no ande en la frecuencia de este mundo.

Un hombre que entienda mi pasión, la comparta, la alimente, la viva y la ame…que no se asuste cuando yo ponga por delante todo lo que soy para entregárselo sin reserva, sin miedo y sin hipocresía…

Necesito un compañero de vuelo que sepa extender sus alas y emprender la partida cuando el mundo parezca demasiado pesado y no, no me refiero al suicidio, anota eso, no me gustan los suicidas, todo lo contrario, me gusta la gente que está dispuesta a vivir; me refiero a los hombres que saben y quieren soñar, los que saben tejer fantasías y te alimentan el espíritu con un beso espontáneo a cualquier hora, sin importar si te arreglaste para ellos o tienes la ropa llena de tierra del jardín.

Quiero un compañero que tenga ganas de construirme un mundo fantástico a donde nos podamos escapar cuando nos dé la gana; quiero un hombre que vea en mis ojos lo que me hace sentir y que con su mirada me haga temblar y me provoque maripositas en el estómago cada vez que vaya a su encuentro o él venga al mio…

Un compañero que sepa cómo tocarme y provoque en mí, chispas de electricidad y oleadas de calor ardiente e interminable; un hombre que sepa en la intimidad, ser él mismo sin máscaras, sin peros, sin dobles juegos. Alguien a quien me pueda entregar entera, sin dejar nada para mí, alguien muy “él” para alguien muy “yo”.

El Adiós…

Puede que esta reflexión resulte incoherente…quizá, pero resulta que la mayor parte de mis reflexiones son intentos -a veces vanos- por comprender un mundo al que en muy pocas ocasiones bajo, un mundo en el que no gravito porque me resulta muy pesado, porque generalmente prefiero vivir en las nubes, abrir mis brazos al viento y dejarme llevar por la fantasía de historias contadas por otros -muy pocas veces por mí- o bien por las historias verdaderas que otros suelen contarme.

Y cuando se trata de mí, no creo que sea muy interesante, salvo por una sola cosa, un simple detalle que hasta el momento me sigue resultando extraño, ajeno, lejano y muy sintomático: el adiós.

He vivido la misma historia muchas veces, pero nunca he podido tener un “adiós” que sepa a eso:  a despedida, a “gracias pero ya me tengo que ir”, a “no me puedo quedar”, a “ya no quiero estar aquí”…y siempre me quedo pensando ¿cuál de esas será? ¿será que ya no está a gusto? ¿será que tuvo miedo? ¿será que no soy convincente? ¿será que no fui suficiente? ¿será….? y nunca lo sabré, salvo, quizá con el paso del tiempo, cuando las heridas sanen por completo, la vida me de la oportunidad de conocer lo que había detrás de esos adioses no pronunciados, de esos adioses que se obviaron y de los cuales fui privada…no una, sino muchas veces…

Hoy por hoy, luego de tantos adioses inexistentes, luego de tantos adioses sin pronunciar, tendré que aprender a desprenderme, de las personas, de las ataduras, de complejos, de salidas falsas, de trampas como la fantasía, tal como lo dijo aquella sabía mujer: la fantasía es la trampa número uno de la mujer, porque le impide aventurarse a vivir…

Ahora, luego de haber pasado 34 años en este mundo, de haber vivido mil experiencias, de haber tomado malas decisiones y haberme equivocado en infinitas ocasiones, de haber creído tontamente quizá con la vana esperanza de encontrar en mi camino un alma semejante de la cual asirme para no sentir que es mejor seguir volando lejos de la tierra, para no quedarme definitivamente en el cielo, he comprobado que no importa cuánto me esfuerce, nunca podré  entender porque la gente tiene miedo de abrir sus alas y lanzarse al vuelo…

Yo,  una vez más parto, ya sin buscar adioses, ya sin la inútil esperanza, sola, con mi pluma de viento, mis alas de sueños y mi corazón de furia (todo quebrado, todo remendado, todo hielo…todo FURIA).

Ser…sin dilema…

Caer en la tentación de preguntarle a otros ¿cuál es el defecto que más les irrita de nosotros? es algo peligroso porque tal vez no estemos preparados para la respuesta y lo más probable es que no lo estemos.

No obstante ¿Qué necesidad tenemos de preguntarle a la gente sobre nuestras virtudes y defectos cuando esa pregunta primero tenemos que hacérnosla a nosotros mismos?

Santa Teresa de Ávila, Doctora dela Iglesia, decía “humildad es vivir en la verdad” y ella hacía hincapié en que cada uno supiera lo que guarda su corazón qué virtudes e incluso qué defectos tenía para poder servirse de ellos, para dedicarse espiritualmente y poder edificar a los demás.

Esa pregunta es algo personal ¿cuáles son mis virtudes? ¿cuáles son mis defectos? Cultivar las virtudes y vencer los defectos, ese es el reto, no satisfacer las carencias emocionales de los demás, no complacer a los demás; más bien, buscar iluminar con nuestra presencia, cada lugar que pisemos.

Pero ¿por qué le preguntamos al otro lo que debemos saber como una verdad básica? Conocernos interna y externamente es la clave del amor, de la felicidad, de la plenitud, cualquiera que sea la meta de cada quien. Quizá la respuesta es: por vanidad, somos vanidosos y nos gusta que los demás reconozcan lo que somos…quizá no…

Pocas veces he preguntado a la gente cuál es el defecto o virtud que más o menos le gusta de mí; en realidad eso es algo que ya sé, al menos intuyo cuál es el rasgo propio que irrita a la gente de mí -existen claro, a quienes les da lo mismo- existen muchos nombres para ello: voluble, volátil, veleidosa, caprichosa, inconstante; lo cual, por cierto encierra sólo una pequeña parte de la verdad que va más allá de las palabras y que para muchos es un gran defecto, para mí es simplemente un rasgo de mi personalidad, es una de las características que me hacen ser yo, es sólo una pequeña parte de mi –muy irritable quizá- es una pequeña parte de mi y de mi naturaleza, esa naturaleza que no me gusta esconder, no me avergüenzo de mis defectos (¿qué sociedad puritanista e hipócrita hace que la gente se avergüence de su naturaleza?).

En muchas ocasiones he visto cómo algunas personas esconden su naturaleza, sus deseos, sus emociones por varias razones que no tengo derecho a juzgar a menos que fueran mis propias razones y una de esas razones que he oído durante toda mi vida es: en este mundo uno no puede mostrarse tal cual es, uno no debe decirle a los demás todo lo que piensa o siente ¡NO! Porque en el mundo hay otros seres humanos y no todos van a estar de acuerdo… bla bla bla… y yo pienso ¡PRECISAMENTE!

¿Por qué se dan los malentendidos? Por nuestra empeñosa tendencia a ocultar lo que pensamos, lo que sentimos y peor aún: LO QUE SOMOS.

La verdad es que nada extraordinario hay por descubrir y por ello no necesito preguntar; ya lo sé, una de las características más irritables de mi persona para otros es la vehemente defensa que cada día hago de mi persona y lo entiendo; entiendo que las personas no pueden comprender porque defiendo a toda costa una personalidad como la mía: tan voluble, tan volátil, tal inconstante, tan veleidosa, tan caprichosa…tan viento y no tengo justificación, sólo obedezco a mi instinto primario, CONSERVACIÓN…lo que me hace ser yo, lo demás es lo que me hace ser “gente” (sí, gente, porque hablo de las características gregarias y no las individuales), eso no necesita defensa, eso se alimenta cada vez que puede, pero mi YO, ese sí necesita de cuidados, más aún cuando la gente suele atacar primero a la individualidad, cuando hay tantas personas que condenan los destellos que distinguen a una persona de otra, cuando hay por ahí tanta gente queriendo ser normal pudiendo defender lo propio, lo íntimo, lo YO.

No, la mojigatez del alma no me agrada, porque a final de cuentas todos necesitamos espacio propio, el problema es que no todos tienen la valentía para reclamarlo ni la honestidad para reconocerlo; yo misma no sé si lo tengo, lo que sí sé es que mi deseo de ser yo misma y no una copia de alguien más es un deseo tan grande que para los demás, para los que juzgan a superficialidad sólo soy eso: voluble, volátil, veleidosa…y si, tal vez, pero lo defenderé contra quien sea y como el viento jamás pediré permiso ni perdón por ser.

Humanidad y perdón.

El perdón hacia los padres es un proceso totalmente humano, es un camino que inicia  en el momento en que desmitificamos la figura “divina” y omnipotente que nos vamos creando acerca de nuestros padres y, en muchas ocasiones se completa hasta que tenemos a nuestros propios hijos…a veces más tarde…a veces, nunca.

No soy experta ni estudié psicología, sólo soy un ser humano que busca, en la medida de lo posible, aprender de las experiencias vividas; aunque ello no me libera de cometer errores.

Entre más inalcanzable y poderoso considere uno a sus padres durante la infancia y la adolescencia, más duro puede resultar la perdida del aureola divina que uno va dibujando sobre la cabeza de sus progenitores y ello es porque uno considera que los padres no son susceptibles de cometer errores; es lógico que en la medida en que los “humanicemos”, más fácil podremos comprender que, al igual que otras personas, son débiles, temerosos o imperfectos, pero al final de cuentas son lo mejor que tenemos y quizá su mayor mérito es haber sido nuestros padres a pesar de todo eso, a pesar de sus miedos, de sus defectos y de los nuestros.

¿Qué me reclamará mi hijo cuando crezca? Pfff…mil cosas: “Mamá ¿por qué eres tan neurótica?” “¡Mamá! ¡Déjame comer tierra!” “¡Mamá! ¡No tengo hambre, hoy sólo quiero jugo!” “¡Mamá! ¿Por qué me obligabas a bañarme?”  “¡Mamá! ¿Por qué me llevabas al médico por cualquier tontera!” “¡Mamá” ¿Por qué no vives con mi papá”

Y lo que le falta por vivir, los reclamos que le falta por acumular, al menos unos 20 años más de dudas y cuestionamientos hasta que por fin esté listo para comprender que su madre no es una diosa perfecta omnipotente ni omnisciente o infalible…sólo es un ser humano, muy defectuoso…muy humano.

Habrán de pasar más o menos un par de décadas para comience a darse cuenta que ni buena madre le tocó, que su progenitora es una mujer neurótica, miedosa, rebelde, que se la pasa peleándose con todo el mundo, que no le gusta conformarse con la injusticia y hace por ello un drama, que no se ajusta a la norma (¡Por Dios! ¿Por qué no pude tener una madre normal?) y por más que otros quisieran y por mucho que ella misma alguna vez lo intentara pasará mucho tiempo todavía antes de que el pequeño Strudell perdone a su madre y perdone el de hecho de que no es la madre que él hubiera querido tener.

No, por supuesto que no soy la madre perfecta, no es justificación porque nadie lo es; soy sólo una diosa de carne y hueso y no pido perdón ni ofrezco disculpas por ello, no puedo pedir perdón por lo que soy, antes más bien, puedo poner mi empeño en remediar lo que de mí le hace daño a los demás o lo que podría destruirme o destruir a los demás, pero nunca lo que soy.

En la medida que me acepte como soy será el grado en que me será más fácil aceptar lo que son mis padres y perdonarlos por ello y perdonarme por desear que fueran diferentes.

En nuestra cultura occidentalizada nos enseñan a ver a nuestros padres como santos e infalibles; nos enseñan y nos condicionan, “por respeto”, pero creo que a la larga eso daña más la relación y la visión que tenemos de quienes nos dieron la vida (vida que no pedimos, por cierto, aunque no por ello seamos unos ingratos), porque los alejamos de nosotros al verlos como los súper héroes que nunca se manchan, se rompen, se tiran a llorar o se mueren, los hacemos menos semejantes a nosotros.

¿Qué mérito implica tener padres superpoderosos? Creo desde mi particular punto de vista (del que no trato de convencer a nadie) que es más genuino admirar a tu padre cuando sabes que a pesar de tener tantas carencias, siempre hizo todo lo posible por darte lo que estuvo en sus manos, por criarte, por educarte…o no.

Tiene más peso luchar y lograr algo a pesar del miedo, el reclamo que todos hemos querido expresarle a alguno de nuestros padres (o a ambos) no es necesariamente señal de odio o rencor (lo es para quien no se ha convencido de la humanidad de sus padres), es quizá un intento por comprender, por estar más cerca de ellos; creo que es bueno que entiendan que sabemos de su esfuerzo, de su lucha, porque eso nos hace más agradecidos, nos ayuda a perdonarlos por no ser como los queremos y a nosotros por no ser como quisiéramos ser o como ellos quisieran que fuéramos.

El proceso del perdón es así, está lleno de angustia, de obscuridad, de obstáculos pero, en la recta final del perdón hacia la paz, el alma queda silenciosa para escuchar con mayor facilidad el llamado del amor.

No hay que tenerle miedo al caos que provoca en nosotros el proceso del perdón, al contrario, hay que tenerle miedo al silencio engañoso de la trampa que nos impide seguir caminando hacia la verdadera convivencia con los que nos dieron la vida y con los que están aquí por nosotros, a la armonía de un amor construido con la sólida base de la sinceridad.

¿En qué mundo es mejor vivir en el engaño que en la verdad? ¿En qué mundo es mejor vivir al pie de una montaña de nieve que podría derrumbarse sobre nosotros a la menor provocación que en un terreno fértil?

No, yo prefiero un mundo de verdad, construido por seres humanos que estén dispuestos a vivir con la frente en alto el proceso tan intenso y doloroso del perdón; prefiero ser una hija que supo distinguir entre los demonios propios que me impiden ser mejor hija de los errores de mis padres que me impiden ver lo bueno que tienen.

Espero por ello que un día mi hijo sea un adulto que entienda que el amor no se construye tras la mirilla de una puerta ni escondido en el cuarto de los tiliches sino en con la voz, sobre la superficie de todo pero que invade con luz y esperanza cada habitación de nuestra vida.

 

 

SOY

Soy la Tierra que germina cada primavera

soy el perfume de las flores y el néctar de los frutos maduros;

soy el agua de aquella cascada que brota desde el centro de la tierra

y la madre perla que nace en las profundidades del océano.

Soy la cultura que le da identidad a un pueblo,

soy el trabajo diario del campesino, del obrero, del ejecutivo;

soy la voz de los oprimidos y el grito de los desesperados,

soy la lucha por la dignidad

y la fraternidad que a veces se esconde en el corazón de los hombres.

Soy la madre que amamanta y protege a sus hijos,

soy la luz del día y la calidez de las noches de verano;

soy la esperanza que florece al alba,

soy la corriente de agua clara que lleva el río,

Soy la revolución del que se revela contra la injusticia,

soy la cultura del que demanda identidad,

soy la contracultura del que anhela un cambio,

soy la libertad del que emprende el vuelo hacia el progreso…

Soy la niña con un futuro por delante,

la adolescente y la joven rebelde y ansiosa,

soy la madre y la mujer que aman y lloran,

soy la anciana, la muerta…mi propia antepasada

soy el eco de las miles de mujeres que llevo en las espaldas…

soy, sin dudas, sin temor y con todo el orgullo del que soy capaz

aquel ser que se levanta en los albores de una nueva era,

soy, con toda mi alma y con el ardor de mi cuerpo,

aquel corazón inflamado de pasión,

soy MUJER.