Como el viento…

Entré,  así,  justo como entra el suave viento por la ventana,  sin ser visto y a veces ni siquiera escuchado.

Nadie se ocupó de mí justo como nadie se ocupa del viento que viaja… Nadie se queda mirándole para ver qué hace o a dónde se mueve; nadie lo nota hasta ser invadido por una caricia suya,  nadie le extraña hasta ese momento en el que alguien dice: ¡qué rico sopla! Entonces todos lo añoran y todos lo agradecen.

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