El génesis de los poetas dormidos

Texto leído durante la presentación del poemario de Israel Gayosso “COMPENDIO DE POESÍAS NEGADAS”, el pasado viernes 13 de septiembre, 19:30 horas, Carnicería Boston.

El génesis de los poetas dormidos

MARTHA CECILIA SOTO

“De todos los poetas, prefiero a los que están dormidos”; me dijo en cierta ocasión y entonces, una nueva realidad se descubrió ante mis ojos, no porque me fuera desconocida sino porque siendo como soy, una admiradora de la belleza oculta, de la belleza que no siempre se presenta atractiva, de aquella belleza que llamamos rara, entendí lo hermoso de la negación, de la decadencia, de la fealdad.

Chihuahuenses como somos, artistas de uno de los circos más bizarros que la mente pueda imaginar, el decadentismo bien puede renacer en una representación más contemporánea.

¿Por qué no? Acaso no vivimos en el mundo de la apariencia, ¿no somos como el payaso que ríe y hace reír mientras su alma se pudre por dentro? ¿No somos como la prostituta que trabaja del placer de los demás mientras que el propio se le queda pegado en las entrañas alimentando el cáncer interno que poco a poco le va carcomiendo el alma?

Tenemos nuestros propios cánceres, nuestras purulencias, día con día nos trepamos en “el tren de la alegría”, sólo porque el dueño del circo nos dijo que iba a ser más digno, pero sólo resultó ser más caro, como todo en él, como toda su apestosa megalomanía; no obstante, eso es lo paradójico, es asqueroso sí, pero ¿qué mejor poesía que esa? ¿qué mejor negación que esa? ¿qué mejor circunstancia para escribir sobre la decadencia? ¿no es acaso el tiempo y espacio ideal para consumar la teoría del naufragio? y es que a final de cuentas ¿qué mérito tiene hablar de la belleza de una flor o del perfume de una mujer? Ese es el YING de la poesía, lo dulce, lo cursi, es la poesía despierta, la poesía de reafirmación, mientras que la poesía negada encuentra su sublimación en los vagabundos, la pestilencia, la prostitución y en toda clase de temas que queremos evitar, que nos hacen girar nuestros rostros hacia sitios hermosos, hacia los ángeles que empuñan espadas que arrojan rayos láser, hacia balcones que le cuestan al pueblo algunos millones de pesos, hacia grotescas figuras humanas que lejos de otorgar dignidad al pueblo rarámuri no hacen otra cosa que ridiculizarla, aunque, mirándolo con ojos de creador, también eso es la poesía negada.

La poesía negada vive de la ironía de gastar 8 millones de pesos en una réplica que por lo visto cuesta más que un original aunque no valga sino tres cacahuates; a eso le llamo yo ironía poética, a eso le llama Israel Gayosso: poesía negada y lo transforma en una expresión de belleza sublime cuando escribe:

¡Soy el maldito, soy la penuria, un desgraciado!

¡Soy la poesía negada, la que encontró maltrato,

epidemia, retraso y fe en la envidia!

¡Soy el universo negro sin estrellas, con colmillos

arrullando al maldito firmamento, soy yo, la poesía negada!

¡Chihuahua es poesía, es la maldita poesía negada!

Cuando Israel me pidió que hiciera una revisión ortográfica y de estilo a su poemario, intenté, como hago siempre que reviso algún texto, leer de corrido para no perder tiempo y visualizar mejor los errores pero, no lo conseguí porque me quedé atrapada entre las verdades ineludibles de los motivos sobre los cuales está fabricado este poemario.

Al final de la revisión, como es de esperarse me hizo la temida pregunta ¿Te gustó?

–          ¡NO! ¡NO ME GUSTÓ! –le respondí- Me sobrepasó, me sobrecogió.

Eso me ocurrió cuando leí un poemario que sólo iba a revisar, un poemario que no se suponía que debería impactarme ya que estaba buscando una razón estética ni una experiencia de sublimación.

Pero eso es justamente lo que ocurre cuando lees o escuchas la poesía de Israel Gayosso, te arrastra hasta sus entrañas, te arranca pedazos de tranquilidad, coloca tu alma y tu corazón en una bóveda oscura que te separa de las dulzuras de lo cotidiano y te abandona en una isla que te aleja de lo fácilmente reconocible.

Aunque al final, lo que más se agradece de la poesía de Israel es la lejanía de las tendencias parnasianas, pues claro está que de sus versos no obtendrás sólo versos, en su poesía no sólo leerás poesía, para este “Maldito Contemporáneo”, la miel de su literatura es maná que nutre creencias, luchas, fuegos, pasiones, que propone, que entrega, que construye y que destruye pero nunca el verso por el verso, el arte por el arte… es su poesía una protesta, un rugido contra la injusticia de la fuerza armada que arremete contra los inconformes, es un bramido de espinosas rosas salido de sus dedos y sus labios subversivos e irreverentes.

Al final, su texto titulado POETA, describe –sin buscarlo seguramente- el resumen de este trabajo en concreto y de su obra en general:

POETA

 

A ti, siempre a ti… Al que escribe negros palacios

al que contempla a los héroes de cien serpientes

mientras la tuya se marcha al rito moribundo

¡Ay, siempre a ti… Mortajado verso vagabundo!

 

Los contagiados gritan que estarás endemoniado

al fin y al cabo tus fieros labios desangran terror

¡Levanta los brazos en mensaje de sarcasmo!

porque  jamás tu negra y tinta embarazada

no abortará por decir verdades y dará luz y dará dolor.

 

Siempre a ti, amagando con destruir castillos

con hacer de la sonrojes una idiota palabra.

Siempre a ti, hermano de librados pensamientos

¡Furiosos navíos destruyendo muros viejos!

para pasearnos en las tinieblas prometidas.

 

Y que tu lengua no te queme la carne de la dignidad

escribe la canción sublime con trompetas preñadas

de cuervos, de buitres, para ver con delirio bello

las aves blancas agusanadas repletas con fiebre,

repletas de deseos de morir cobardemente

por un puñado de poetas malnacidos.

Que mucho me recuerda a otro excelso trabajo del autor de la colección de ensayos “Los poetas malditos”, escrito por el francés PAUL VERLAINE, Languidez:

Yo soy el imperio al fin de la decadencia
que mira pasar a los grandes bárbaros blancos
componiendo acrósticos indolentes en un estilo
de oro donde la languidez del sol danza.

Sola, el alma se marca en un denso hastío.
Allí abajo, se dice, hay combates sangrientos.
¡Y nada poder, débil con deseos tan lentos,
y no querer florecer un poco esta existencia!

¡Y no querer, ay, y no poder morir un poco!
¡Ah, todo está bebido! Bathyllo, ¿acabas de reir?
¡Ah, todo está bebido, comido! ¡Nada más que decir!

Sólo, un poema algo bobo que tiramos al fuego;
sólo, un esclavo algo juerguista que os abandona;
sólo, un tedio de no se sabe dónde, ¿qué os aflige?

 

Para nosotros puede ser un poco nebuloso en qué momento Israel se convierte en la poesía negada, en un representante moderno del decadentismo y realmente eso no importa porque es su trabajo el catalizador que anima su romance entre él y sus lectores, entre él y algunos de sus admiradores, no sólo los que admiran su trabajo con intención recta sino también de aquellos que lo leen por puro morbo aunque no tengan el propósito de convertirse en sus seguidores y he aquí una nueva paradoja: leemos aquello que despreciamos para despreciarlo más pues ¿cómo podríamos despreciarlo sin leerlo primero? Y sin embargo el fin ulterior de la poesía no es otra cosa que la de expresar y ese objetivo cobra sentido cuando llega a un lector que en un principio no quería ser lector; leer con desprecio a un poeta, resulta ser incluso más intenso y eficaz porque anteponemos un sentimiento que quizá era intención del mismo poeta exaltar.

No obstante, no puedo menospreciar a quienes lo leen por puro gusto, por admiración, tal como yo lo hice, no por cumplir con un cliché o con una obligación estética sino por la claridad de su rechazo hacia los valores puritanos de la sociedad y su intensa libertad de espíritu que sin duda lo convierten en un poeta maldito… maldito, urbano, decadente y proscrito.

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