Sueños IV

Le sobreviví una sonrisa,

pero jamás iba a salir invicta invicta si lo miraba a los ojos o,

mejor dicho, si dejaba que él me mirara a los ojos,

¿Cómo lo haría si desde el primer contacto sentí que leía dentro de mí?

Esa noche me fui a dormir sin otro anhelo que soñar con él;

soñé que él me tomaba entre sus manos

y yo me convertía en libro…

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