Mis tres lecciones al inicio de las vacaciones…III.

Barranca del Cobre. Julio 2011.

“Si no puedes hacer otra cosa, escucha al viento cantar”

Hicimos la primera caminata corta por los alrededores de la estación y del hotel después de la comida, fue cerca porque la lluvia amenazaba con caer, no fue así, cuando llegamos de regreso al hotel ya se había detenido… mientras avanzábamos, yo escuchaba el canto del viento, muy distinto al sonido que hace aquí en la ciudad, incluso en zonas arboladas; se trata de un sonido tan grandioso y tranquilizador que intimida, no en sentido negativo sino en un sentido más bien encantador ese zumbido que hace al golpear contras las copas de los árboles…

Pero, por su parte, Strudell ya empezaba a dar lata ya estar incómodo porque él quería regresar al tren y descubrí que si por él hubiera sido, mejor hubiera pagado el boleto del tren completo hasta Los Mochis y una sola noche de hotel para regrsar a Chihuahua a las 6:00 am.

Pero no lo preví, no imaginé que su fijación por los trenes fuera tal; comenzó una tremenda batalla contra la “adicción” de mi hijo hacia los trenes, en mi molestia, luego de que no me permitió cenar por tremenda escena que me armó en el comedor haciendo que todos los huéspedes que disfrutaban de una rica comida,  me voltearan a ver con cara de “bruja maldita ¿qué les has hecho a la criatura?”, tomé una decisión drástica…, yo que quería cenar a gusto y pasar un rato en la terraza admirando el atardecer-anochecer en plena barranca, en cambio, tuve que irme al cuarto con un niño que sólo gritaba y pataleaba.

Les dije a mi hermana y a mi mamá: nos regresamos mañana, dos días más de esto será un martirio, Adrián siguió llorando, pataleando, enojado, gritando, hasta que luego del baño, se quedó dormido.

Yo no podía dormir, un par de horas después, mis acompañantes dormían y yo seguía repasando en mi mente, pensaba que lo mejor sería que nos fuéramos al paseo a Creel, tal como lo habíamos previsto desde antes y de ahí comeríamos y esperaríamos el tren de regreso a Chihuahua, así que tendría que liquidar la cuenta en el hotel después del desayuno para salir con el guía puntualmente a las 9…para eso tendría que levantarme más temprano de lo que había pensado debido a que tenía que dejar todo listo, arreglar las maletas, etc.

Barranca del Cobre. Julio 2012.

Entonces, acudió a mí una nueva idea: ¿qué tal si sólo me regreso yo con Adrián? ¿por que deberían mi mamá y mi hermana suspender su viaje sólo porque mi hijo no quería estar ahí? No, yo no podría cargar con eso, además no íbamos a estar a gusto, ninguno de los 4 y para el siguiente día yo tendría ganas de arrancarle los ojos a quien se me cruzara por enfrente.

Las desperté y se los comuniqué, mi hermana al principio se quiso resistir a la idea pero la convencí diciéndole que era por mi mamá, que ella se quedara a cuidar de ella y a disfrutar del viaje, Adrián y yo estaríamos bien, después de todo, en casa ya no extrañaría a su tío, a su abuelo, sus jueguetes y todo aquello que me pidió esa tarde en la que me obligó a levantarme del comedor.

Así fue, desperté a las 6:30, quería ver el amanecer porque el sol por debajo de  una elevación rocosa que queda justo en dirección hacia nuestra habitación hace de aquello un paisaje hermoso, pero tuve mala suerte porque ese día estaba nublado, el sol apenas comenzó a asomarse una hora más tarde y ya bastante alto por lo que no hacía mucho juego con las rocas espectaculares.

Nos alistamos, desayunamos y emprendimos nuestro viaje por carretera hacia Creel, nuestra primera parada fue en el Lago de Arareco, Adrián no quiso bajar y yo me tuve que quedar con él tranquilizándolo y asegurándole que en efecto iríamos a la estación cuando terminara el viaje y como no pude bajar a la orilla del lago, me senté en una roca y mi hijo se acurrucó junto a mí, justo cuando estaba por enojarme nuevamente, escuché nuevamente ese canto del viento, escuché cómo rozaba la copa de los pinos y como se iba y regresaba, era una canción que me estaba regalando y dado que en poco tiempo estaría de regreso, decidó que en lugar de enfadarme de nuevo con mi hijo opté por escuchar la canción que me estaba dedicando.

Lago de Arareco. Julio 2012.

Y así fue como aprendí que a pesar de todo y aunque pensemos que todo está en nuestra contra, siempre existen momentos y motivos para sentirnos bien, a veces las cosas pasan por algo y a veces simplemente tendríamos que sentarnos sobre la roca para escuchar cantar al viento a final de cuentas, no siempre tenemos esa oportunidad.

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