¿Cómo demonios te metiste

en el silbido del viento?

¿A quién le pediste permiso

para mojar con tu lluvia

mis campos de fresas dulces?

 

¿Cuándo te convertiste en verano?

No mi verano;

no quiero estaciones que sean tuyas,

ni tu lluvia ni tu sol,

tus llanos ni tu canto de bardo.

 

Ese canto que pedí cuando era primavera;

hoy que logré florecer

por encima de los cardos

prefiero la contemplación del atardecer,

ya no añoro tu calor perenne

ahora sólo vivo para la danza

que vibra al ritmo de Gea.

 

Hoy sólo canto,

soy mi propio verano,

soy las cuatro estaciones

me arremolino en la curva del viento

dibujo presentes sin promesas vanas,

seré ese mismo viento que regresa al nido,

seré el nido que transmuta

la realidad de mi tiempo,

de mi naturaleza,

de mis iguales,

de mis hermanas, las otras Tierras,

las otras Geas, las otras YO.

 

 

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