Cuando una persona se tira al suelo para que la levanten, corre dos riesgos:
1. Que no la levanten,
2. Que la pisen;
contra la posibilidad de que exista otra persona que mire hacia abajo y se compadezca, pero nunca que la rescate. Ningún ser humano tiene la capacidad de salvar a otro de su propia autocompasión.
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