Del día que me levanté de mi asiento.

Por séptima ocasión en aquel verano, me encontraba sentada en la parte externa de aquel cafetín tan lindo disfrutando de mi última adquisición literaria con un delicioso irlandés y el mejor pastel de queso y zarzamora que había probado después del que comí por primera vez en mi vida y que me dejó marcada para siempre al convertirse en punto de comparación cada vez que tuviera la oportunidad de probar dicho postre…aquel era EL PASTEL DE QUESO Y ZARZAMORA… este no, este sólo estaba entre los mejores.

Ya iba por la mitad de mi libro y como tenía todas las tardes libres, decidí que la mejor forma de terminar con ese libro era terminarme también el pastel de queso y zarzamora y toda la crema irlandesa de aquel cafetín.

El olor que me invadía era delicioso: las hojas de un libro siempre me abren el apetito, pero no el clásico apetito, no, odio las librerías y odio las bibliotecas porque quisiera salir con más libros de los que puedo comprar y leer; nunca he sido rápida para leer, nunca, lo acepto sin problemas: nunca he sido una devoradora de libros, simplemente leo a mi ritmo y si tengo que regresarme, lo hago, total ¿quién me apura? yo no tengo la culpa de que en este país el promedio de lectura sea dos libros, yo cubro bien mi cuota y la sobrepaso, así que eso no me apura y tampoco me preocupa que la gente me tome por una SUPERLECTORA, me preocupa más que voy a morir sin haber leído tantos y tantos libros que andan rodando por el mundo…

El olor del café, la dulzura de la zarzamora y el primitivo olor del papel me tenían absorta cuando escuché que alguién me hacia: psssssssss…psssssssss…

Aparté la vista de mi lectura y giré la cabeza para ver quién me hablaba, pero sólo estaba una jovencita limpiando la mesa detrás de mí… me quedé un poco perturbada…volví a la lectura y otra vez escuché el psssss psssss, levanté la vista y lo vi dirigirse hacia donde yo estaba, alto, delgado, piel clara y cabello obscuro, con una chaqueta color beige para la lluvia; pasó justo a un lado mío, tan cerca que pude percibir su aroma a sándalo mezclado con lo que seguramente sería su olor personal, estuve a punto de levantarme y caminar tras de él…¡CON UN DEMONIO! ¡ME LEVANTÉ Y CAMINÉ TRAS DE ÉL…!

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