Desgarres virginales V

Apenas con tus ojos

me rompiste el alma;

tu mirada me envistió

y me lanzó contra la pared.

 

Desde entonces

no hay lugar seguro;

me clavé las tijeras para ya no verte,

me corté la nariz,

me cosí los labios,

me quemé las manos.

 

Envolví mi cuerpo

en hiedra venenosa,

para no tener que romperlo a girones

cada vez que sienta tu presencia.

 

Me haré rasguños

cuando tu mano esté cerca,

y cada vez que sienta palpitar mi vientre

herviré mi deseo

y enterraré

el breve hilo de vida

que aún me quede.

 

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