Seca y maldita historia

La historia nació maldita,

no era nuestra,

era sólo mía

fue como parir un hijo muerto.

Un hijo muerto

que no tenía padre,

lo tuvo sí,

de nada valió,

fuiste más un donante

y desde entonces

la historia se torció.

Era mi historia maldita

sobre lo que pudo ser,

lo que quise que fuera,

lo que “debió” ser,

lo que aparantaba,

lo que parecía tan obvio,

pero estaba hueca,

ni siquiera como una fruta podrida,

no,

era como una fruta sin pulpa,

seca por dentro,

como el vientre estéril de una vieja.

Entonces,

¿fui mala jardinera?

no lo creo,

sólo fue que tus semillas

no eran para mi tierra,

yo desierto

hago florecer espinas,

pero no entiendo de qué manera

puedo florecer

en tierra húmeda y cálida,

yo sólo sé de hielo,

sólo sé de ardor,

sólo sé

de partos que aúllan viento negro,

sólo sé  de mi desierto,

sólo sé de mi historia

que sin ti ya no es maldita,

es apenas un poema

que se me ocurrió

mientras un sonido

rechina mis ventanas

y azota en lo profundo de mi alma sin pulpa,

sin miedo, sin substancia…

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