La travesía I.

“En verdad prefiero el momento, las horas, los días que uno invierte en el traslado de un sitio a otro;

prefiero el camino que la meta, ese tiempo en el que los pies ya no están tocando sino el suelo del auto,

el avión, el autobús, el tren o barco pues saben que no se está sobre tierra firme,

sino que avanzan, caminan…se mueven…”

Para mí, el asunto comenzó desde el día anterior, el estómago lo traía hecho nudos, no había mayor malestar que ese, un estómago nervioso por el día siguiente, por no tener la certeza de la reacción que Strudell de Manzana tendría al ver un tren en movimiento y ruidoso, no como las “teteras” que hemos visto afuera de las dos estaciones de ferrocarril que hay en la ciudad, no como los vagones de ornamento que hay en Santa Eulalia… no, un tren totalmente “vivo”, listo para llevarnos a nuestro destino final: Barrancas del Cobre.

No descansé, sé que dormí un poco a ratos, pero la mayor parte del tiempo estuve pensando, pensando…pensando. Así que al sonar el despertador a las 3:30 para irme a bañar, sentí más alivio que coraje por tener que levantarme de madrugada, un baño me ayudaría sentirme mejor, tal vez.

Luego desperté a mi hermana y me quedé escribiendo un poco para entretenerme mientras nos llevaban a la estación a las 5 de la mañana, ya que el tren se debe abordar a las 5:30 para partir a las 6:00.

Me preparé un té de manzanilla para ver si me sentía mejor pero al final ni me lo tomé, vestí a Strudell mientras aún dormí y cuando traté de levantarlo con cuidado para que no despertara, abrió sus ojotes y me miró…un poco asustado, pero aún sin emitir un juicio del todo sobre lo que estaba pasando, así que ya no lo tendría que llevar en brazos, abrochamos su silla y el auto avanzó, la voz ronca de mi hermano terminó por despertarlo y entonces cuando más o menos me aseguré de que ya estuviera en sus 5 sentidos le pregunté ¿Vamos al tren? Abrió más sus ojos, sonrió y me dijo si con su cabeza y volteó por las ventanillas del auto, como buscando el tren en el que nos íbamos a subir.

Llegamos a la estación y de inmediato reconoció el lugar aunque sólo ha estado una vez ahí y estaba bastante obscuro aún; no quiso entrar en la sala de espera, así que yo me quedé con la maleta justo en la entrada (sí, como salero), mi hermano se llevó a Strudell para que admirara la máquina, que está estacionada afuera y mi estómago cada vez se hacía más nudos.

Cuando pasaban las 5:30 de la mañana, abrieron la puerta de la sala de espera para abordar, tomé a Adrián en brazos y él comenzó a resistirse y pensé: ¡Oh, nooooooooo!  Esto ya valió… luego la fila se fue haciendo corta y entonces cuando atravesamos la puerta hacia el patio de la estación, los ojos de mi pequeño se abrieron y sentí que su corazón comenzó a galopar, entonces su respiración cambió de ritmo y entonces ya no quería escapar de mis brazos sino avanzar…miraba los coches del tren y su actitud cambió por completo.

Ya arriba, entre gritos y relajo de unas familias chilangas que nos rodearon, Adrián se quedó mirando hacia afuera esperando que avanzara y así fue…

Tardó un rato más en reaccionar y justo a las 7 de la mañana, cuando ya teníamos una hora de camino, fuimos al comedor… ahí Adrián optó por estar de pie, hasta que ya no se sintió muy a gusto y se levantó, se fue por el pasillo y tuve que seguirlo, iba al vestíbulo que unía al carro comedor a los vagones de pasajeros y ya de ahí no se movió, nos sirvieron el desayuno y no quiso tocarlo, él quería ir ver la naturaleza sin cristales templados de por medio, quería que el viento tocara su rostro, quería sacar su manita para que la golpeara el frío de afuera, quería asomarse cuando el tren tomaba curvas para ver la cola o ver la máquina…pero no quería ni desayunar ni estar sentado…así que nos turnamos para poder estar con él, a ratos mi hermana, a ratos yo…sería un viaje muy largo y muy pesado.

Se quedó dormido luego del tunel de más de un km que está justo antes de llegar a Creel y despertó hasta que llegamos a la estación Divisadero a 5 minutos de nuestra meta: Posada Barrancas.

No se dio cuenta muy bien de lo que sucedía, nos subimos al micro que nos iba a llevar al hotel y entonces sólo miraba al tren moverse diciendo: PUUUUUUUUUUUU PUUUUUUUUUUUUUU…llegamos al hotel, el vestíbulo lo asustó o la gran cantidad de gente que estaba checando entradas y salidas.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s