Al final del día

Ojalá, al final del día, no de éste, ni siquiera mañana o pasado, cuando tengamos tiempo, puedas contarme una historia diferente, la verdadera historia que estaba detrás de todas esas historias que me tejiste alguna vez.

No para revivirlas, es que me asalta la curiosidad, me provoca angustia y aprehensión pensar que nada en esos cuentitos fue verdad, me aterra llegar a creer que todo lo soñé y que fuiste producto de mi imaginación y es que para no pensar ni sentir, para detener el tiempo y evitar que mi corazón llegara a desgarrarse por alguna de las viejas cicatrices quemé toda evidencia de tu existencia, eché a la hoguera todas nuestras charlas vespertinas, hice trizas los intercambios por correo, eliminé todo vestigio tangible, sólo me falló un pequeño detalle: de mi mente no te puedo sacar ¿cómo le hago para desterrarte de mis sueños y de mis noches?

Esa fórmula debí pedírtela al principio, antes de que te convirtieras en sombra, antes de todo ese frenesí… ya se me hizo tarde y sé que esta noche, al menos esta noche seguiré preguntándome: de todas esas historias que me tejiste ¿hubo siquiera una que fuera verdad?

 

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