Epidermis

Te entrego mi piel viva,

enciéndela sin pudor

a tu antojo.

 

Fúndela,

hasta que forme parte de ti;

reconócela como tuya,

te pertenece.

 

Tócame,

acaricia,

rasga,

sángrame,

despréndeme la epidermis,

centímetro a centímetro.

 

Deja que seamos uno,

que la frontera de nuestros cuerpos

quede marcada

por el color de nuestra piel,

y sólo así,

sepamos dónde terminas tú

y dónde comienzo yo.

 

Bébete mi piel anhelante de ti,

sedienta de ti;

hambrienta y seca sin ti.

 

Tómala que arde,

está viva y al punto,

enciéndela,

hasta que muera de éxtasis,

es tuya.

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