Oasis

“‎Bébeme…
hasta la última gota,
no permitas que la sequía se apodere de mí”

Era un día caluroso, ¡qué extraño! un día caluroso en medio del desierto, nadie lo creería…pero así era, el sol estaba en el punto más alto y aquel hombre ya no tenía idea de qué camino seguir…en el desierto, todo se ve igual para todos; para todos, menos  para aquellos que tienen ojos expertos como los beduinos, los jeques o los ermitaños del desierto, extrañas personas que encuentran la espiritualidad en medio de dunas y salamandras… no, para ellos es muy fácil reconocer cada espacio, cada centímetro de arena, aún cuando ésta tiene la particularidad de cambiar de lugar a causa de los vientos áridos.

Así que el explorador, quien era un experimentado hombre de aventura, creyó que el desierto no representaría mayor problema, porque a final de cuentas estaba acostumbrado a sobrevivir en condiciones extremas, pero nada, ningún ecosistema representa mayor peligro que la aridez y el calor del desierto.

Ya habían pasado semanas y no aparecía ninguna señal de vida y hubiera cejado en el intento por encontrar el oasis, si acaso se hubiera encontrado en otro sitio, pero ahí, en medio de la nada, es imposible, es decir, sólo tiene dos opciones: continuar o quedarse ahí hasta morir, y a decir verdad, continuar al menos le aportaba un poco de esperanza, la idea de morir, no era muy agradable ni entusiasta.

Así que, ya sin ánimo, siguió caminando; probablemente la muerte lo encuentre de frente y al verlo tan maltrecho se lo lleve en un acto de piedad infinita.

Comenzó a deshidratarse, lo sabía, porque comenzó a alucinar, frente a él pudo ver un sitio hermoso, había palmeras altas, pequeñas palmeritas chaparritas, llenas de dátiles algunas extrañas plantas que él no había tenido oportunidad de conocer en ninguno de sus viajes y…¿era agua aquello que brillaba en tono azul? ¡si!…qué alucinación tan deliciosa, al menos su última imagen, aunque irreal sería hermosa…

Cuando despertó, se encontraba justo a un lado de la hermosa laguna, soplaba un poco de viento y fue por eso que despertó, unas gotas provenientes de aquella porción de agua cayeron sobre su rostro, regalándole una hermosa y fresca caricia.

Se incorporó poco a poco, se talló los ojos y no podía creer lo que veía -¡LO ENCONTRÉ! ¡LO ENCONTRÉ!- gritó al tiempo que deba brincos de alegría dentro de la laguna, luego aventó el agua con sus manos, como si jugara con alguien más; cuando volvió en sí, se quedó muy quieto, tratando de descubrir qué cosa era aquel pequeño brillo en lo que parecía el fondo de la laguna, se lanzó dentro del agua y entonces siguió el sendero marcado por el inquietante brillo.

Al minuto de haber bajado, descubrió que podía respirar, estuvo a punto de entrar en pánico e intentó regresar, pero algo lo detuvo ¿qué estaba sucediendo?, una voz le respondió -no podrás subir hasta logres romper mi hechizo-

– ¿Tu hechizo? le preguntó el hombre.

– Sí, pero no puedo hablarte de él, tú sólo tendrás que descubrir la clave y una vez que lo sepas, deberás romperlo.

“Perfecto”, atrapado en el fondo de una laguna, definitivamente debía estar soñando o pero aún muerto, porque aquello no podía estar pasando, sin embargo aquella voz femenina lo conmovió y de no ser porque estaba atrapado sin poder regresar, habría sentido misericordia, por aquella…¿mujer? ¿quién podría saberlo? era una cosa de locos.

Al llegar la noche, el hombre decidió buscar un claro para poder intentar dormir… -¡Pero qué locura! ¡Dormir debajo del agua!, espetó.

Encontró un sitio que se veía cómodo y entonces se acurrucó y por fin pudo conciliar el sueño. Abrió los ojos y ahí estaba ella, era hermosa y fascinante, pero no lograba saber qué era lo que le encantaba, quizá eran sus ojos profundos o sus labios abundantes…”esas alucinaciones lo estaban desquisiando”.

Ella le habló al oído, muy despacio – ¿Y entonces, me ayudarás? sólo tienes dos opciones: puedes quedarte y consumirte o puedes ayudarme a liberarme de esa prisión que durante el día me convierte en agua de la laguna y entonces, podrás irte libre.

El explorador aceptó y entonces le preguntó a la mujer -¿qué tengo que hacer?

– Hace mucho tiempo, yo peinaba mis cabellos al borde de esta laguna, usaba el agua como un espejo, la luna iluminaba todo el oasis y cuando me vio, no pudo soportar que yo la eclipsara con mi belleza , así que me lanzó un hechizo; tienes que descubrir cómo romperlo y desde ahora te digo: no es con un beso de amor.

– Pero ¿no me puedes dar un pista?  ¿sólo así? ¿descubrir cómo romper el hechizo? ¿cómo voy a saberlo? eso sería como buscar una aguja en un pajar…

– Justamente…

El primer rayo de sol traspasó la superficie del agua y llegó al fondo dónde ellos se encontraban y entonces algo mágico y maravilloso ocurrió ante los ojos del explorador: la hermosa mujer se convirtió en agua…y entonces sólo pudo percibir su canto… que poco a poco se fue apagando hasta dejar en silencio aquel sitio.

El hombre se dedicó a explorar aquel sitio que parecía mucho más chico desde afuera, encontró criaturas increíbles y cómo no podía hacer apuntes ni tomar fotografías porque debajo del agua, sólo se tenía así mismo, intentó tomar nota mental de todo cuanto veía ¡Ojalá pudiera recordar todo cuando regrese a la superficie, espero que no pase mucho tiempo!

Estar ahí era extraño, no sentía cansancio ni hambre, era como el agua le bastara para estar bien y tener fuerza, cada noche, la mujer se presentaba ante él, le hablaba de su vida, de sus sentimientos, de lo que haría si regresara a tierra firme, si él lograba romper el hechizo; en cambio él, la escuchaba, si bien fascinado su belleza, sólo porque no había otra cosa qué hacer, a veces no tenía muchas ganas de escucharla, pero lo hacía porque invariablemente ella se le presentaba.

Muchas semanas pasaron y justo un día en que la laguna era iluminada en su totalidad por la luna llena, ésta le habló al hombre, quiso tentar su corazón y le ofreció dejarlo en libertad sin necesidad de encontrar el hechizo que caía sobre la mujer de los cabellos oscuros, sólo tenía que prometerle matrimonio y debía estar listo para hacerla suya y darle un hijo de carne y hueso cuando ella se lo pidiera.

El explorador no supo qué responderle, ciertamente se sintió tentado a aceptar la propuesta, sería el esposo de la luna antes del solsticio de verano y para que él pudiera quedar libre tendría que clavarle un cuchillo de plata justo en el pecho, antes del primer rayo de sol del último día de primavera, el oasis se secaría y la mujer, moriría.

“Qué increíble propuesta”, magnífica, porque era posible que nunca encontrara la forma de romper el hechizo y quizá la luna caprichosa no le daría otra oportunidad para escapar de aquella prisión líquida.

– Tienes hasta la noche de luna menguante para responderme, el solsticio está cercano y tienes que haber tomado una decisión.

El hombre se fue a meditar todo y logró encontrar la forma de engañar a la mujer de los cabellos oscuros: la haría suya, le haría el amor y antes del amanecer, justo cuando ella durmiera, le clavaría el cuchillo de plata en el centro de su pecho.

Esa noche, el hombre dejó que la mujer hablara, la escuchó con paciencia, atendió cada palabra, se sintió verdaderamente atraído por lo que decía: observó con cuidado sus ojos y pudo notar que brillaban con mucha intensidad cuando hablaba del oasis, de cómo era cuando ella estaba allá arriba, en tierra firme,  miro sus labios abundantes y sintió unas inmensas ganas de besarlos, se aceró y como una petición de que callara, puso su dedo índice sobre su boca y le indicó silencio; ella no supo cómo responder a eso, se quedó quieta mirando cómo él se acercaba más y más, cuando la distancia entre ambos se redujo tanto que él podía escuchar el latido del corazón de la mujer, ella acercó su rostro al de él… se arqueó para oler su cuello y lo besó, suave y pausadamente haciendo un camino inminente hasta sus labios, cuando por fin se fundieron en un beso, el se puso de pie y la condujo hasta el claro que había elegido para dormir el primer día, justo donde ella lo despertó.

Ahí, la tomó de la cintura y nuevamente la besó, deslizó sus ropas para poder admirar su cuerpo, posó sus dedos sobre cada centímetro de piel morena y cuando ambos se entrelazaron, comenzaron a flotar en el agua, aquello era una danza hermosa, el agua parecía un remolino y ellos hicieron el amor hasta el amanecer… justo antes de que el primer rayo de sol cruzara el agua, el explorador sintió miedo de perder a la mujer de la que finalmente se había enamorado y entonces la abrazó con fuerza y le dijo:

– ¡No te vayas, por favor, te amo! estuve a punto de traicionarte, creí que sólo ansiaba mi libertad,  pero al fin me di cuenta de que sólo quiero estar contigo, aquí me quedaré para esperarte cada noche cuando vuelvas como mujer y seré paciente mientras seas agua….el hechizo se rompió…y juntos regresaron a la superficie.

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