Ser…sin dilema…

Caer en la tentación de preguntarle a otros ¿cuál es el defecto que más les irrita de nosotros? es algo peligroso porque tal vez no estemos preparados para la respuesta y lo más probable es que no lo estemos.

No obstante ¿Qué necesidad tenemos de preguntarle a la gente sobre nuestras virtudes y defectos cuando esa pregunta primero tenemos que hacérnosla a nosotros mismos?

Santa Teresa de Ávila, Doctora dela Iglesia, decía “humildad es vivir en la verdad” y ella hacía hincapié en que cada uno supiera lo que guarda su corazón qué virtudes e incluso qué defectos tenía para poder servirse de ellos, para dedicarse espiritualmente y poder edificar a los demás.

Esa pregunta es algo personal ¿cuáles son mis virtudes? ¿cuáles son mis defectos? Cultivar las virtudes y vencer los defectos, ese es el reto, no satisfacer las carencias emocionales de los demás, no complacer a los demás; más bien, buscar iluminar con nuestra presencia, cada lugar que pisemos.

Pero ¿por qué le preguntamos al otro lo que debemos saber como una verdad básica? Conocernos interna y externamente es la clave del amor, de la felicidad, de la plenitud, cualquiera que sea la meta de cada quien. Quizá la respuesta es: por vanidad, somos vanidosos y nos gusta que los demás reconozcan lo que somos…quizá no…

Pocas veces he preguntado a la gente cuál es el defecto o virtud que más o menos le gusta de mí; en realidad eso es algo que ya sé, al menos intuyo cuál es el rasgo propio que irrita a la gente de mí -existen claro, a quienes les da lo mismo- existen muchos nombres para ello: voluble, volátil, veleidosa, caprichosa, inconstante; lo cual, por cierto encierra sólo una pequeña parte de la verdad que va más allá de las palabras y que para muchos es un gran defecto, para mí es simplemente un rasgo de mi personalidad, es una de las características que me hacen ser yo, es sólo una pequeña parte de mi –muy irritable quizá- es una pequeña parte de mi y de mi naturaleza, esa naturaleza que no me gusta esconder, no me avergüenzo de mis defectos (¿qué sociedad puritanista e hipócrita hace que la gente se avergüence de su naturaleza?).

En muchas ocasiones he visto cómo algunas personas esconden su naturaleza, sus deseos, sus emociones por varias razones que no tengo derecho a juzgar a menos que fueran mis propias razones y una de esas razones que he oído durante toda mi vida es: en este mundo uno no puede mostrarse tal cual es, uno no debe decirle a los demás todo lo que piensa o siente ¡NO! Porque en el mundo hay otros seres humanos y no todos van a estar de acuerdo… bla bla bla… y yo pienso ¡PRECISAMENTE!

¿Por qué se dan los malentendidos? Por nuestra empeñosa tendencia a ocultar lo que pensamos, lo que sentimos y peor aún: LO QUE SOMOS.

La verdad es que nada extraordinario hay por descubrir y por ello no necesito preguntar; ya lo sé, una de las características más irritables de mi persona para otros es la vehemente defensa que cada día hago de mi persona y lo entiendo; entiendo que las personas no pueden comprender porque defiendo a toda costa una personalidad como la mía: tan voluble, tan volátil, tal inconstante, tan veleidosa, tan caprichosa…tan viento y no tengo justificación, sólo obedezco a mi instinto primario, CONSERVACIÓN…lo que me hace ser yo, lo demás es lo que me hace ser “gente” (sí, gente, porque hablo de las características gregarias y no las individuales), eso no necesita defensa, eso se alimenta cada vez que puede, pero mi YO, ese sí necesita de cuidados, más aún cuando la gente suele atacar primero a la individualidad, cuando hay tantas personas que condenan los destellos que distinguen a una persona de otra, cuando hay por ahí tanta gente queriendo ser normal pudiendo defender lo propio, lo íntimo, lo YO.

No, la mojigatez del alma no me agrada, porque a final de cuentas todos necesitamos espacio propio, el problema es que no todos tienen la valentía para reclamarlo ni la honestidad para reconocerlo; yo misma no sé si lo tengo, lo que sí sé es que mi deseo de ser yo misma y no una copia de alguien más es un deseo tan grande que para los demás, para los que juzgan a superficialidad sólo soy eso: voluble, volátil, veleidosa…y si, tal vez, pero lo defenderé contra quien sea y como el viento jamás pediré permiso ni perdón por ser.

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