Prisión de hielo

I.

Hace tiempo, cuando la noche era azul y el canto de las estrellas se parecía mucho al de las sirenas aladas de la mitología griega, existió una criatura, cuyo nombre sólo sabían pronunciar los elementales del viento, porque era una palabra que sonaba como un susurro a punto de ser gemido.

Pero existió un hombre que encontró la manera de pronunciar el nombre con articulación humana, con sonidos humanos, con dientes y lengua humanos, nadie sabe en realidad cómo lo logró.

Lo cierto es que aquel que lograra reproducir el nombre, sería dueño del corazón de aquella criatura que era como las hojas de los árboles que vuelan en otoño, no por el color, aunque un poco sí, como ellos; pero más bien porque le gustaba sentir la brisa matutina o vespertina en el rostro; al sentirla, cerraba sus ojos y abría sus brazos y se dejaba llevar por el viento, cuando sentía que sus pies no tocaban el suelo, abría los ojos asustada y entonces se daba cuenta que estaba lejos de casa, muy lejos por lo que solía pedirle al viento que la llevara de regreso y éste, a regañadientes la transportaba hasta el punto de partida, aunque disfrutaba mucho del viaje, ambos lo hacían.

II.

Un día mientras la criatura jugaba en el claro del bosque, escuchó que una voz masculina la llamaba por su nombre, pero no era el viento ya que éste se encontraba jugueteando con su cabello color chocolate, era una voz diferente, más llena de soles y fas, más rítmica, más llena de…algo…algo que la criatura no podía precisar…quizá de ¿amor?… no, no tanto, pero sí de una especie de fascinación.

La criatura no se pudo resistir y acudió a ese llamado ¿cómo podría ignorarlo si antes sólo lo había escuchado del viento, su amigo inseparable y eterno? Era lógico que acudiera ante el ser capaz de pronunciarlo aún cuando aparentemente no tenía la habilidad para ello.

III.

Quedó impactada ante aquel hombre que logró pronunciar su nombre y lo llevó hasta el sitio en el que guardaba las llaves de su corazón sin usar.

Era una cueva húmeda, profunda y misteriosa con verde heno colgando por la entrada, al fondo se podía ver una extraña pero hermosa luz roja que caía sobre una roca que tenía encima un finísimo cobre fabricado en oro y recubierto con piedras preciosas; era brillante y muy pesado.

La criatura lo tomó entre sus manos y se ayudó con sus antebrazos para no dejarlo caer, entonces se lo entregó al hombre, sacó de su ropa una llave que a la vista hacía juego con el cofre, el hombre lo abrió y entonces pudo ver y escuchar un corazón que palpitaba muy fuerte, parecía el galope de un caballo salvaje, de él brotaban varias cosas: música, palabras, letras sueltas, silbidos, ideas, sentimientos y alguna que otra cosa que el hombre no supo muy bien que era.

Tomó el corazón entre sus manos por un buen rato hasta que comenzó a palpitar con tanta fuerza que el hombre creyó por un  momento que terminaría explotando, aunque no fue así y de pronto tanto él como ella quedaron sorprendidos al ver salir de aquel corazón extraño un rayo de luz roja, muy intenso, tanto que casi los cegó.

IV.

Aquella luz estaba acompañada de un canto extraño que no se pronunciaba en lengua conocida, pero que tanto el hombre como la criatura pudieron entender muy claramente porque el mensaje iba a dar directo a su alma.

El canto decía que, aquel que pudiera levantar el corazón sin morir y hacerlo emanar la chispa del amor, sería el nuevo dueño, aunque el hechizo se rompería si el nuevo poseedor del corazón llegara a quebrantar el amor que en esa cueva había surgido.

El hombre guardó de nuevo el corazón en el cofre y la criatura lo siguió hasta su cabaña porque versaba el canto que ella debería ir hasta el sitio donde estuviera su corazón sin importar qué lugar fuera, porque esa era una ley de amor.

V.

La criatura vivió feliz durante mucho tiempo, escuchaba la música de los ángeles y su día se iluminaba con la luz divina del amor que era de todos los colores, el hombre todos los días alimentaba el corazón, tenía una dieta muy balanceada: había días en los que amanecía con humor de escuchar algún soneto, en otras ocasiones, su ánimo era más bien silencioso y se conformaba sólo con una mirada y un suspiro por parte de su dueño, pero en otras ocasiones, la densidad de su estructura obligaba al hombre a realizar mayores esfuerzos y entonces ni un soneto ni una mirada ni un suspiro ni todos juntos eran suficientes para alimentar el amor del corazón.

El hombre se obligaba a permanecer al lado del corazón, ahí junto a la cama en la que dormía con su amada criatura, se pasaba las horas mirándolo, adorándolo, componiéndole versos y dedicándole el silencio de su alma, hasta que el corazón quedaba satisfecho.

VI.

Pero un buen día, mientras el hombre hacía sus trabajos habituales en el bosque, pudo escuchar cerca de ahí un canto que lo hizo seguir las pistas de las notas hasta que de pronto se topó con el ser más hermoso que jamás había visto, quedó deslumbrado y entonces, a lo lejos se pudo escuchar que algo se rompía; el hombre siguió su camino hasta estar frente la mujer que era como un hermoso ángel…o un demonio…

Era extraña la sensación de mirar esa mujer, por un lado despertaba en él sentimientos tan frenéticos y desesperados que lo hacían enloquecer y por otro lado, sabía que algo no marchaba como debía, luego ya no importó mucho porque la mujer le llamó con su mano, hizo una señal para que la siguiera, entonces el hombre olvidó lo que dejaba detrás y se perdió en la espesura del bosque.

Pasaron los días y las semanas, durante ese tiempo, el hombre olvidó todo lo que había vivido antes y sólo dedicaba su existencia a complacer a la mujer que había encontrado en el bosque… -¿qué eres? ¿eres un ángel, un demonio? ¿de dónde vienes? ¿qué poder ejerces en mí?- eran las preguntas que él le hacía y que ella nunca contestaba  y eso le intrigaba cada vez más, hasta que un día ella le respondió: -soy, quien tú quieras que sea, lo que tú quieras que sea, cómo tú quieras que sea- y el hombre quedó complacido con aquella respuesta.

VII.

Lejos de ahí, cada vez más lejos, se encontraba una cabaña que al parecer estaba hechizada: sucede que un buen día, cuando su dueño salió a trabajar, la criatura que vivía con él, se quedó trabajando en lo habitual hasta el momento en que un corazón que estaba resguardado en un hermoso cofre recubierto de piedras preciosas sufrió una terrible rasgadura y cada vez que su dueño se entregaba a los placeres que la mujer del bosque le regalaba, el corazón se rompía más y más hasta que un día, para poder soportar el dolor del olvido y la soledad, comenzó a protegerse con una gruesa capa de hielo que llegó a traspasar el cofre hasta dejar toda la cabaña congelada.

VIII.

Parece extraño, pero la criatura no murió, seguía viva aunque su piel ya no era tersa ni cálida, ahora era dura y fría, como el hielo, su corazón estaba atrapado por inmensos bloques de hielo y ahí se quedaría hasta que alguien llegara de nuevo a la vida de la criatura a romper la maldición que pesaba sobre ella y sobre su corazón.

Anuncios

3 Comments

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s