Nacho Solares y la nota roja

Durante el 2007, la Universidad estuvo organizando actividades para celebrar los 100 años de la edificación de la Quinta Gameros, entre esas actividades se programó la visita de Nacho Solares para que presentara por primera vez  su novela más reciente, La Invasión.

Mi trabajo era programarle entrevistas con los medios de comunicación. En aquellos días, la mayor parte de los medios que tenían espacios disponibles eran matutinos -lo que por fortuna a cambiado-  por lo que, cuando se le presentó al escritor el rol de entrevistas, rechazó todas las que fueran antes de las 11 de la mañana; mi primera expresión cuando me lo indicó la persona que estaba como anfitriona del maestro fue: ¡¡PERO QUE VIEJO TAN MAMÓN!!!

Y entonces, durante toda la visita de Nacho Solares, seguí pensando en lo sagrón, lo malaonda y todos los adjetivos que se me ocurrían, luego tuve un mejor sabor de boca cuando empezó a platicar acerca de su novela, porque tiene gran simpatía para hablar y adémás de ser un gran conocedor, habla de una manera muy simple, por lo que puede ser entendido por el más letrado como por quien es lector novel.

Luego, cuando ya el señor había partido de regreso al Distrito Federal, mi juicio prematuro se vino abajo cuando su anfitriona, compañera de trabajo y amiga me platicó una anédocta sumamente interesante que me viene a la mente precisamente el día de hoy:

Entre los pocos medios impresos que tenemos, se encuentra un periódico vespertino llamado El Peso, que tiene sus seguidores y cuyo contenido no goza del aprecio de la comunidad intelectual de esta ciudad, no obstante, El Peso es uno de los medios que más cubren los eventos culturales y son asiduos visitantes de la Quinta Gameros.

Así que el día de la preséntación del libro del maestro Solares, El Peso estuvo presente y antes de que el escritor partiera, mi amiga le estaba entregando algunos recortes de periódico en los que había salido la reseña de la presentación, justo cuando iba a cortar la nota de El Peso, el maestro la detuvo y le pidió el ejemplar, al verlo, el maestro estaba fascinado porque su nota había salido justo a un lado de un par de anuncios con foto de mujeres muy voluptuosas y con poquísima ropa, así que pidió el ejemplar completo, para poder llevárselo.

Cualquier otro pseudo intelectual se hubiera escandalizado, pero no el maestro Solares, no Nacho Solares.

 

 

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