Niños y trenes

Desde ayer en la noche, Adrián que es un romántico suicida y alcahueteado por mi hermano mayor, me ha pedido que lo suba a la ventana que tiene una gran saliente en la que incluso yo quepo para poder contemplar la belleza de la luna llena.

Ayer lo pude bajar entre gritos y lágrimas porque él quería seguir contemplando a su hermosa luna que al parecer lanzó un poderoso hechizo sobre mi pequeño guerrero espartano que no se cansa de contemplarla.

Hoy, apenas despertó de su peligrosa siesta de las 5 – 7 de la tarde, me pidió que lo subiera a la ventana, todavía había mucha luz y no quería ver la luna, pero sí quería experimentar los peligros de subirse a la ventana y es que para quienes no han ido a mi casa, mi ventana es la que queda completamente desprotegida hacia abajo, si Adrián llegara a empujar demasiado la tela mosquitera, sin duda iría hacia abajo, qué digo se iría ¡CAERÍA!

Yo me puse a leer en la computadora, pero luego de un rato de estar al pie de la ventana con un ojo al gato y el otro al garabato o lo que es peor, con un ojo en el libro y el otro en Strudell, no sólo me quedé bizca sino que los pies ya me empezaron a molestar un poco…

Llegó mi hermano que contempló a Adrián en su loquera de la ventana, yo sólo dije “ya me cansé” y en eso acudió a mi auxilio, prendió la luz de su cuarto, prendió su propia computadora y se puso a buscarle videos de trenes…ahí estaban los dos, contemplando la hermosura de las locomotoras y disfrutando de un viaje al que realmente no fui invitada.

Luego subió mi papá, ya medio dormido, entró al cuarto de mi hermano y se puso a molestar a Adrián, yo empecé a reir porque me hizo gracia la forma en que uno y otro se miran y se tratan, pero lo cierto es que a esos juegos tampoco me invitan mucho.

Antes, me enojaba porque mi papá “molestaba” a Strudell y ya luego me fue adaptando a la idea de que mi papá disfruta mucho de esos juegos y más aún  cuando me di cuenta de que a mi hijo le gusta ser tomado en cuenta por su abuelo…luego cuando mi papá estuvo un mes internado en el hospital y percibí la tristeza de uno y de otro por no estar juntos, entonces acepté esos juegos.

Pero hoy tuve una revelación: esos “juegos” de niños, son algo que quizá no puedo entender mucho, a mi me gusta jugar rudo con mi hijo, pero nunca será igual, porque no soy hombre y he ahí donde los territorios masculinos quedan completamente fuera de mi alcance y agradezco a la vida que mi hijo tenga un abuelo latoso que no pueda vivir sin él y agradezco que Adrián tenga un tío alcahuete que lo consienta y lo entienda en los terrenos en los que su torpe madre se convierte en cualquier niña que no puede entender esa misteriosa fascinación por los golpes, los trenes y los manotazos…

Hoy fue noche de niños…de trenes…soy feliz…

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