Noches y aroma

Me encontré tu camisa

y aunque estuve a punto de rendirme

reaccioné a medio camino;

iba a caer en el embrujo de tu olor…

Ya me pasó una vez,

guardé la camisa de otro,

otro antes de ti,

la puse junto a mi almohada;

trescientas noches soñé su aroma

trescientas noches le sufrí y le amé y le añoré…

Me encontré tu camisa entre mi ropa,

estuve a punto de rendirme

tu olor seguía ahí, lo percibí a lo lejos,

a decir verdad, quería soñarte de nuevo,

quería amarte y añorarte,

queria seguir sufriendo por ti,

pero ya se fueron tus trecientas noches

con tu camisa doblada entre las mías.

Ahora que desperté del embrujo

ya no quiero recordar tu aroma,

ya no quiero oler tus besos,

ya no quiero ver tus pensamientos;

tiraré tu camisa,

o quizá la doble entre las mías

para que su olor se confunda,

entonces me creeré que nunca estuviste

que tu olor siempre fue el mío,

que esas trecientas noches fueron sólo un sueño

que desperté de un letargo en el que amaba…

                                                                       lloraba

                                                                                  añoraba…

                                                                                              sentía.

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