PRÓLOGO

Solía decir aquel sabio bardo cuyas enseñanzas eran conocidas a lo largo y ancho del mundo por ser la síntesis de mil conocimientos místicos de otros maestros, que una mujer tiene que elegir uno de cuatro caminos distintos: la maestra, la virgen, la bruja y la guerrera.

Por lo general, el camino que la gran mayoría de las mujeres quisiera recorrer es el de la bruja; todos hablan de las brujas, todos escriben libros y tratados completos sobre las brujas, quizá porque de los cuatro caminos, el de la bruja es el más misterioso y el que más atractivo resulta a la gente.

Si bien es cierto que aún cuando nuestro camino personal es uno solo, siempre, durante toda nuestra vida, solemos transitar por alguno de los otros caminos; por lo que es preciso que de vez en vez cada una practique la paciencia y sabiduría de la maestra; experimente la templanza y la pureza de pensamiento de la virgen; utilice la furia y la fuerza de la guerrera y/o se valga de la habilidad y poder transformador de la bruja.

Ahora me toca a mí –por decreto personal- hacer justicia a todas las que como yo, andan por largos y sinuosos caminos para enfrentar a sus oponentes, corpóreos o etéreos; conocidos o desconocidos; propios o externos.

Hoy me encuentro aquí para recorrer mi propio camino, el camino de la guerrera.

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