Islas y espejos

 

Hace unos días, una persona a la que aprecio y admiro mucho me dio uno de los motivos más grandes que he tenido para seguir escribiendo; no la cito textualmente pero sí recuerdo que me dijo algo así: “cada vez que te leo en tus letras me reconozco” y aquel instante redujo la distancia que nos separa, provocó uno de los nudos más grandes que he podido soportar en mi garganta e hizo que por breves segundos, valiera la pena mi eterno ejercicio de autocomprensión al que yo llamo escritura, aquel que uso más para comprender mis adentros que para tratar de comunicar algo; me hizo sentir casi de la misma forma en que me sentí cuando mi maestra más querida y admirada me dedicó unas hermosas palabras durante mi ceremonia de titulación y entonces, se completó un mensaje que me debía ser entregado: el que dos seres humanos a quienes considero un ejemplo a seguir se tomen la molestia de expresar su aprecio, me ha parecido uno de los más grandes gestos de humildad y reconocimiento que he presenciado

Existen quienes escriben para ser leídos, porque tienen algo qué comunicar, ya sea en sentido figurado o literal; en retórica, el lector y su análisis del texto sería la forma de completar el discurso; por otro lado, estamos los que primordialmente buscamos la claridad de la mente a través de la escritura, es decir que, si el discurso queda completo, seria el plus, porque lo importante es el resultado del proceso mental.

No obstante, escribir con claridad al menos para unos cuantos, implica entender, no con la razón, sino con la emoción y/o el sentimiento, la esencia del concepto “otredad“.

Al parecer el ser humano es gregario por naturaleza y digo, al parecer, porque en lo personal suelo ser más bien una especie de lobo estepario que a la larga va transitando por el mundo en soledad, la mayor parte de las veces por puro gusto y el resto por resignación; sin embargo, cuando una persona te dice que se reconoce al reconocerte, es como mirarte en un espejo que no esperabas encontrar.

Es curioso para alguien como yo que pide consejos y termina haciendo lo que mejor le parece, que una frase como esa haya calado tanto y haya dejado su propia marca, quizá porque a la larga, no somos más que espíritus que andan por el mundo tratando de encontrar espejos en los cuales podamos reconocernos teniendo la libertad de ser nosotros mismos, cantar frente a ellos sin recibir como respuesta una cara de “mejor cállate” o bailar en su presencia sin temor a que nos diga “mira qué descoordinado eres, mejor quédate sentado”; no, esos espejos del alma humana son los que dan sentido a esa constante caminata espiritual de la que somos parte.

Son instantes brevísimos que nos quitan lo efímero y nos vuelven como profundos abismos marinos, llenos de misterios deseosos de ser encontrados; porque en el fondo todos buscamos ser como el denso mar al que muy pocos se atreve a desafiar, llenamos nuestro camino de obstáculos para que llegar a nosotros sea todo un premio para el conquistador.

Pero todos somos una isla, somos islas rodeados de más islas, nunca llegamos a tocarnos entre sí, porque en el fondo, al final, en lo profundo, en el último capítulo de la historia, quien invariablemente está con nosotros acompañándonos en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la felicidad y en la desgracia, es uno mismo.

Y me gusta ser una isla, segura en la inmensidad de mi mar lejano, pero también me gusta verme reflejada en algunos espejos…porque también es cierto que todos necesitamos saber, de vez en cuando, si estamos bien peinados.

 

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3 Comments

  1. Creo que el problema radica en que solemos ser nuestros propios jueces y generalmente nos juzgamos con un paràmetro muy rudo. Eso es bueno por que de otra manera caerìamos en un estado de mediocridad. Pero honor a quien honor merece. Así que disfruta el hecho de ser reflejo de otros y que tus letras sirvan para hacernos reflexionar sobre los detalles de la vida.

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    1. ¿Cómo caemos en mediocridad? No entendí, ¿siendo nuestros propios jueces o dejando que otros nos califiquen? MMM, pienso que no, de cualquier forma uno está en peligro de caer en la mediocridad, el que es mediocre lo es con o sin la opinión del mundo, pero más que nada, más el reconocimiento de esa persona, más que el haberme dicho algo que me hizo sentirme orgullo, me impactó muchísimo el que alguien con ella me haya dicho eso, vamos, que no creía yo estar tan cercana y de hecho su plática, la única plática en tiempo real que he tenido con ella me hizo ver que somos parecidas en algunos aspectos, eso es con lo que me he quedado, la cercanía de nuestras almas, a pesar de la lejanía y más aún de que no nos conocemos.

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  2. Las islas, los espejos y las letras se cruzan de vez en vez en nuestras idas.
    Sí, una isla en donde te apartes hacia tu misma realización, un espejo, que inspire a otras islas.
    Las letras tienen poder.

    Felicidades.

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