Mayela

Ayer nos fuimos de fiesta, era una fiesta infantil, de las dos hijas de una amiga de la infancia que es prácticamente como mi hermana porque durante algunos años era estar en su casa o en la mía; a sus dos hermanitos pequeños 10 y 8 años más chicos que yo, los cuidaba mi mamá, hoy los tres tienen hijos más grandes que Strudell.

Mayela, hoy de 32, tiene dos hijas de 8 y 10 años; Maribel de 25 años tiene dos hijas de casi tres y 5 y Gonzalito que para mí siempre será un niño porque yo le cambié los pañales y lo bañé, hoy tiene 23 años, tiene un pequeño de tres años.

Desde que llegamos a esa colonia, la mamá de Mayela trabajaba, ella fue hija única hasta que tuvo 7 años y su papá estaba ausente durante mucho tiempo sólo venía a visitarlas cada determinado tiempo, aunque nunca las desatedió.

La mamá de Mayela fue durante muchos años, asistente médico en el IMSS y creo que eso de alguna manera influyó para que su hija eligiera ser trabajadora social.

Vivimos nuestra adolescencia algo separadas, quizá porque Mayela si vivió su adolescencia como cualquier niña normal, mientras que yo me refugiaba en otras cosas y no me gustaba demasiado escuchar a otras niñas hablar de cosas que aún me siguen pareciendo boberías pero que definitivamente debí haber vivido.

Luego ella se casó, hace como 11 años, en ese entonces tendríamos 21 y 22 años; a esa edad yo estaba ocupada estudiando en la uni y trabajando, ella ya había terminado su carrera de Trabajo Social y tomó la decisión de casarse con su novio de la escuela.

Después de algunos años de rebeldía hacia su madre, todos pensamos que era una buena decisión que Mayela decidiera formar su propia familia; así fue, tuvo a sus dos hijas, Karla de 10 y América de 8.

Ya con su propia familia a quien cuidar, naturalmente dejamos de frecuentarnos aunque nos seguíamos encontrando porque ella trae a sus hijas a casa de su madre para que las cuide (cabe decir que la mamá de Mayela es mucho más joven que la mía).

En una cierta ocasión mi hermana fue quien la encontró y en la plática ella le contó que ya estaba separada de su marido; le empezó a gustar mucho el trago y en una de esas “escapadas” ya muy entrado en copas quizo golpearla, pero ella le paró el alto y en cuanto estuvo sobrio lo corrió de la casa.

Entonces ella nos explica que al ser trabajadora social (trabaja en el mismo hospital en el que tiene servicio Strudell, de carácter estatal y por eso le toca atender a gente con mucha necesidad, de todo tipo) ella no puede permitir ser la mujer de un hombre alcohólico y golpeador y menos aún dejar que sus hijas crezcan viendo la incongruencia de ser una mujer que da consejos a otras mujeres abusadas y que además viven en situaciones extremas.

Y no va a faltar por ahí el “señor” que ha de estar pensando: “claro, a la primera de cambio y ya se cansó del marido… ¡Qué poco aguante!… ¡Qué delicada! … ¡Qué fácil! En lugar de ayudar a su marido a salir de su problema, mejor decide la salida fácil… ¡Clarooooo, ya no es de utilidad, mejor lo corre! ¡Pobre del marido!

Y me podrán relatar una latanía completa, pero nada, absolutamente nada de lo que me puedan decir me hará apoyar al marido en lugar de a ella; en primer lugar porque no es cierto que sea fácil correr al marido, al hombre al que se supone que alguna vez se le juró amor en la salud y en la enfermedad, noooooooo y menos saber que de aquí en delante va a tener que tomar decisiones ella sola y a mirar por dos seres humanos (además de ella) ella sola ¿O sí es fácil?

No, a veces hay que ser radicales, ella se dijo: “si dejo que me golpee una vez, ya nunca parará, si lo permito una vez, habrá una segunda” y es cierto, todos conocemos al menos una historia semejante, sólo que en la mayoría de los casos, la mujer permite que le sigan golpeando, en lugar de enfrentar a otro ser humano, mucho más fuerte y tratar de detenerlo porque ¿quién dice que el día de mañana no serán sus hijas?

Yo aplaudo a mi amiga, mi hermana y espero que esas mujeres a las que ella atiende puedan seguir su ejemplo…

Ahora que la ví, me pareció mi hermana mayor, repuesta, madura, muy señora y sobre todo, muy resplandeciente, segura de que a la larga, por muy dolorosa que haya sido esa dura transición, tomó la mejor decisión que una mujer con hijos puede tomar, preferirlos a ellos en lugar del marido (¿crudo? sí, pero real) que en este caso, se trataba de una par de niñas pequiñitas (porque entonces tendrían unos 5 y 3 años) que ahora se ven felices y a quien de todas formas no les ha faltado amor y cuidados.

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