Palomilla

La primera vez que me fijé en ella, estaba sentada en una esquina, nuestro salón de clases eran el último del segundo piso justo enseguida de los baños, al final del corredor o bien al principio, dependiendo de la escalera que se utilizara.

Teníamos hora libre, el pan nuestro de cada día en FFYL durante la primera semana de clases; ella leía ávidamente un libro, cómo lo hizo hasta el último día en que fue estudiante de licenciatura en esa facultad, como siempre lo hacía.

A pesar de estar en Filosofía y Letras, su imagen no era la habitual ni siquiera para esa facultad; lentes metálicos, de aro casi redondo, su cabello rubio cenizo, largo agarrado hacia atrás con una coleta de caballo, un pantalón gris, botines negros de zipper a un lado, punta redondeada y tacones medianos, su blusa de manga larga con una especie de corbatín cuyo color recuerdo difuso, creo que era de tonalidades verdes en fondo blanco, pero, bah, ya han pasado 13 años, es posible que me equivoque.

Ella leía y leía y leía mientras los chicos en el grupo de los chicos, platicaban para “tantear el terreno”; las chicas en el grupo de las chicas, me aburrían porque las escuché hablando de cosas que me parecieron triviales, otros muy sociables platicando con todo el mundo y los inadaptados como yo, buscando a qué bando unirse…

Salí más allá de las paredes del salón y ahí la vi, absorta en su lectura y no recuerdo como fue que llegamos al punto en que descubrimos que estudiamos en la misma secundaria, ella un año abajo, ella con muy gratos recuerdos de sus compañeros, con algunos de los cuales compartió camino en la preparatoria mientras que yo, evitaba recordar mis feos días de secundaria en los que parecía que la vanidad, lo “in” en el sentido vanguardista estaba de moda y lo nerd, eran cualidades bastante reprobables…

Luego, seguramente algún profesor entró en el salón y tuvimos que posponer la conversación que seguramente era menos interesante que el libro que ella sostenía en sus manos, de lo que sí estoy segura es de que hoy, después de 13 años, el recuerdo de aquel primer día me llena de paz y me anima a seguir adelante a pesar de mi patológica insistencia por gravitar fuera de este mundo, buscando casi siempre la autonomía del viento, gracias Fab, por ser uno de los fuegos que confortan mi espíritu.

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4 Comments

  1. Si recuerdo que me preguntaste que leía, curiosamente a estas fechas cual era el libro. Pero fue chido, esa chispa en ese momento. Igual sigo bastante distraída, pero creo que es parte de mi carácter. Gracias a tí, que llenas de viento mi vida, que me has enseñado tantas cosas y que sigues ahí. Por eso te digo que definitivamente no necesitaste nunca buscar quien eras por que en el fondo siempre sabes exactamente lo que te hace ser tu.
    Bexos para ti y para el pequeño espartano.

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