Pachinka…

Cuando Alejandra dejó este mundo, removió un montón de cosas creo yo, en todos quienes la conocimos; mientras estuvo en el hospital, siempre me resistí, no me agradaba nada la idea de verla en el estado en el que se encontraba, mis dos abuelas murieron de manera semejante: una de alzheimer y la otra por un par de embolias e infartos cerebrales, por lo que las funciones de ambas estaban disminuídas y algo parecido, al menos en los resultados, fue lo que le sucedió a Ale.

Cuando por fin creí haberme convencido de que ella estaría bien y de que muy pronto la vería tra su escritorio en su oficina pequeñita, regañándome otra vez por haber postergado un trámite que debí haber concluído hacía muchísimos años.

Pero no fue así, un domingo me levanté con la noticia y entendí algunas cosas, otras, las sigo masticando… entre los mensajes que pude captar de este asunto está el quedarte sin decir las cosas, sin decirle a la gente que significa algo para tí, precisamente eso, que tiene un lugar en tu corazón, en tu vida…en tu existencia.

Y yo empezaré hoy (aunque el preludio de esto fue la muerte de Ale), no tiene que ver con la importancia ni con que ocupen un mayor o un menor lugar en mi corazón, porque eso en realidad no lo puedo definir, la única persona que sé en qué lugar se encuentra exactamente y cuyo lugar es inamovible es Strudell, pero eso ya lo saben todos cuantos me conocen.

Si en el mundo existe una persona igual o más pasional que yo, esa es Pachinka, como su marido -noséporquerazón- le dice, mejor conocida en el bajo mundo como Marthita Hernández Jr. (porque Senior es la respetable progenitora de esta mujer), de quien he aprendido bastantes cosas a lo largo de más de una década…casi dos…

Es difícil y muy complicado tratar de analizar fríamente qué es lo que te ha dejado tal o cual relación a lo largo de tu propia historia, sin embargo he aprendido que varias de las cosas que nos unen tienen que ver con aquello que nos asemeja, cosa que recién he descubierto a pesar de que hace muchos años que nos conocemos y que dejamos la universidad (aunque nos conocemos desde el bachilleres) .

Sé que ambas hablamos hasta por los codos, damos nuestra opinión casi sin que nadie nos lo pida, nos gusta leer y que la gente lo note, preferimos el cinismo que la hipocresia, odiamos andarnos dando baños de pureza, reaccionamos y vaya que reaccionamos, ambas nos llamamos Martha, ambas estamos loca y hemos superado etapas complicadas, solas y entre nosotras, pero luego de tanto tiempo, aquí estamos y ya ni recuerdo cuándo fue el último día que la vi, pero creo que eso no importa, porque a la larga, ese día no es el que marque ni su vida ni la mia y lo que habrá de hacer la diferencia en esta amistad, será la forma en que sigamos reconociendo qué cosas nos acercan y no qué cosas nos hacen diferentes… gracias por cruzarte en mi experiencia de vida… gracias Pachinka.

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