Soy cazadora de utopías.

Una poderosa falta de motivación estuvo a punto de hacerme desistir de escribir sobre uno de los tópicos que más me apasionan, sin embargo, dos hechos de los que me enteré hace escasos minutos me hicieron -afortunadamente para mí- cambiar de opinión… pues metiche, “bocona” e impulsiva como soy, tenía que ponerme dilucidar al respecto.

No fueron cosas que me sucedieron a mí, sino de las que me dí cuenta y por puro respeto a terceros evitaré dar detalles; baste decir que el primer caso trata del típico macho que no se cansa de querer andar marcando su territorio (a veces con y a veces sin suerte) a cuanta hembra se deje, porque claro está, no todos las hembras están ansiosas por descubrirse “marcadas” por esos súper machos.

El segundo caso es, digamos la misma cara de la moneda, sólo que tiene que ver con las hembras que “buscan” hacer la diferencia pero a la larga terminan “encuadrándose” en los parámetros sociales que segregan a la que es diferente y aceptan a la que se suma a la “normalidad”, porque es más fácil seguir la corriente del destino hormonal que ir en contra de siglos y siglos de destino genético.

Y aunque estos dos hechos fueron los que me “prendieron el cohete”, como vulgarmente se dice, la realidad es que llevo días pensando en este tema justo, dado que ya han sido varios los días que a pesar de la lluvia me tengo que ir en camión al trabajo porque a mi hermano le da flojera levantarse temprano para llevarme.

Así que esos 45 minutos de camino a la QG me han servido para ir redondeando algo en lo que pienso constantemente: la dinámica entre machos y hembras, de cualquier especie, pero más, mucho más la de los seres humanos, que no dejamos de ser animales y que en lo personal me provocan muchas más dudas de las que aclaran.

Sucede que casi siempre que me voy en camión, me toca ver subir a una pareja que no llamó mi atención hasta que noté que en cierta ocasión, “el macho”, que se bajaba después de su esposa, aprovechó que iba atrás para mirar con descaro a una jovencita, muy bonita -debo decir-, fresca y sobre todo, con la sensualidad que caracteriza a prácticamente todas las mujeres en la adolescencia previa a la edad adulta, no lo puedo culpar, porque quizá si yo gustara de las mujeres también me hubiera mostrado tan insistente; no obstante, aquí había algo que no me resultaba del todo cómodo porque el “caballero” estaba tocando la espalda de su esposa mientras que con sus ojos miraba a una mujer que no era la suya (y no porque piense que las mujeres somos propiedad de los hombres); así que entonces, ellos que en ciertas ocasiones se encontraban en el mismo camión con sus compañeras de trabajo y hablaban de sus hijos con tanta alegría, él que con su cuerpo descomunal protegía, cercaba y marcaba a la pequeña humanidad de su esposa, con sus ojos distraía su mente hacia otra mujer.

La esposa, toda pequeña y graciosa, simplemente no veía eso y no porque se hiciera de la vista gorda sino porque no estaba en su ángulo de visión; era un punto ciego, tal como sucede en las cuestiones de pareja, siempre existe un punto ciego en el que uno trata de confiar aunque no lo pueda visualizar todo desde el sitio en el que se encuentra.

Pues sucede que precisamente en el punto ciego de ella, el marido obedecía a un impulso que nada tenía que ver con la parte racional que establece que él debe serle fiel y amarla en la salud y en la enfermedad, no, nada de eso, él prometió algo con su razón y su emoción, pero se olvidó de que sus sentimientos y sus razonamientos se rigen por normas distintas que de nada sirven para los propósito del instinto y la información genética.

Triste pero cierto y tampoco lo digo yo, lo dicen los expertos y la ciencia; yo desconozco si el propósito ulterior de la humanidad es perpetuar la especie, me gustaría penar que no, que somos más que eso, sin embargo también creo que la humanidad no es más que un asqueroso virus o cuando mucho una extraña y horrible anomalía del universo, así que mi esperanza de que seamos más que “máquinas” hacedoras de más máquinas que a su vez crearán más máquinas, bueno, tampoco tiene mucho futuro pero mientras sucede que nos damos cuenta de que somos una cosa o la otra y de que los científicos logran descifrar el propósito final del ser humano, quiero pensar que nuestro destino no está definido sino que podemos modificarlo y sobre todo que podemos revertir “esos” roles que nos fueron adjudicados a la fuerza desde antes de nuestro nacimiento, quiero pensar que a pesar de que genéticamente y de acuerdo con cierta facción social conservadora, mi destino como mujer es quedarme calladita para verme más bonita (aunque yo ni calladita me vería más bonita) y de esa forma exista un hombre que me descubra y vea que puedo ser su linda mujercita abnegada, sumisa y entregada, que le puedo dar un montón de hijos lindo hermosos -que se parezcan a él, claro está- y que puedo ser lo suficientemente mujer como para hacerlo feliz y tener lista a cena para cuando él llegue sin darle problemas, que a pesar de todo eso, puedo forjar mi propio destino y luchar por educar a mi hijo para que vea en la mujer, a su abuela, a sus tías, a su madre, a sus amigas, su posible compañera, como otro ser humano con el mismo derecho a buscar las mismas oportunidades que él, sin que tenga que estarse peleando, sino que lo gane por el simple hecho de ser una persona capaz y no una mujer más capaz, sólo otro ser humano.

Yo no fui educada para ser una mujer, fui educada para ser persona, para crecer y ver por mis necesidades, no fui educada para que alguien cuidara de mí, fui educada para tener la capacidad de cuidar de mí (o bien de alguien más como ahora lo hago de Strudell); no fui educada para estirar la mano esperando que alguien me dé dinero si no se trata del cheque que gano con mi trabajo cada quincena, fui educada para trabajar por mi alimento, mi ropa y mis gustos, no fui educada para ganar usando mis “talentos femeninos”, sino para convencer con mi capacidad como una profesionista profesional, responsable y capaz y espero ser un ejemplo para mi hijo y sé que pensando así paso a formar parte de las “no elegibles”, pero lo cierto es que, aun cuando a mucha gente le pueda parecer inconcebible, prefiero la soledad de mi autonomía a ser “elegida” (ni que fuera un pastel) por un alfa, porque también conozco a las que prefieren quedarse ya de perdis con un “epsilon”, pero que las elijan antes que ser el blanco de los militantes de ultraderecha que critican a las solteronas quedadas o a las libertinas lagartonas y coscolinas, pero nunca a las que sí eligieron bien el buen camino del matrimonio.

¡Qué chistosa la información genética de hombres y mujeres; la de aquellos hace que los Xy busquen el mayor número de parejas sexuales a fin de perpetuar la especie mientras que la de las XX hace todo lo contrario, al menos en las hembras humanas que buscan la fidelidad y que muchas utilizan como argumento para defender al matrimonio, cuando en realidad el matrimonio es una de las más grandes utopías del ser humano.

Cada quién es libre de elegir el camino que mejor prefiera, pero ¿quién determina qué es lo que debe decidir cada cual? Sólo uno mismo y creo que nadie tiene el derecho a determinar qué es lo mejor para los demás, podrán opinar más nunca determinar, así como yo no puedo saber si una persona es más feliz y hace lo correcto al elegir ser ama de casa, creo que tampoco nadie tiene el poder de decidir por mí y determinar cómo debo proceder al haber optado por otro camino.

Y por lo pronto, prefiero revertir la información genética para ir en busca de mi propia utopía: la de ser una persona a la que nadie le vea las XX por delante sino únicamente la cantidad de cromosomas con las que fue dotada en el momento de su concepción.

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2 Comments

  1. Definitivamente esa búsqueda del deber ser, tiene poco que ver con la genética, mucho menos con las pasiones de perpetuación de la especie.

    Creo que en muchas ocasiones uno se enfrenta a la problemática de los parámetros sociales establecidos y si comienza uno a torcer el paradigma, entonces es señalada como si fuera una exhibición de circo.

    Muchas veces me he quedado perpleja intentando entender a algunas personas del género masculino, pero la verdad ya ni siquiera me causa tanta inquietud, simplemente son la otredad de la cual debo definirme yo misma.

    Así que tal vez si estemos destinadas a ser esa estadística “no elegible”. Me vino a la mente por que Hada me dijo hace unos días mientras comíamos en algún lugar de nuestro camino: Oye eres una Bruja, mi papá, mi abuela y mi hermana se quedaron perplejos cuando le agradecí tal elogio. Entonces mi hermana comentó: “Si yo le hubiera dicho eso a mi madre, seguramente me habría abofeteado”.

    El asunto es que tu eres también de ese rango, indefinible, volátil, centrada y sobretodo autónoma e independiente. ¡Sigue así! No hay nada más “adecuado” que defender la libertad.

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