Dientes

Verte como hoy me hace enteramente feliz… y me hace sentir que algo estoy haciendo bien.

Hace como 3 semanas te compré un cepillito de dientes, chiquitín para comenzar a lavarte los dientes, ya que sólo te están faltando dos muelas por salir; pero me preocupaba que te daba asco cada vez que intentaba, fallidamente, de lavar tu boca.

El sábado pasado tuvimos cita con tu pediatra y me alegró muchísimo que te quitó parte del medicamento y nos dijera que la siguiente cita la tendremos hasta octubre, justo cuando comience a resecarse el ambiente por el cambio de estación.

Saliendo, nos llevó para que sacáramos cita con la odontopediatra luego de que yo misma le pregunté cuando era necesario comenzar a llevarte a revisión dental; la cita nos la dieron para este miércoles (o sea hoy, 7 de julio -a tres día de tu segundo cumpleaños-) y llegamos muy temprano porque, como siempre, cada vez que te das cuenta de que vamos a salir, te pones como loco en la puerta queriendo abrirla; aunque eso fue una gran ventaja, la dentista nos recibió antes y entonces comenzó todo.

Caminabas con recelo, pero aún así hiciste un espacio en una de las mesitas del consultorio para ponerte a corretear tu carrito mientras la doctora me hacia preguntas sobre ti.

Luego vino lo malo, que luego se convirtió en lo bueno; te acostamos en el sillón de la odontóloga y ella comenzó a revisarte en medio de gritos, lágrimas y mucho llanto de desesperación, no es la primera vez que tengo que aventarme tu número de protesta, que bastante me llega a lo más profundo de mis hormonas, porque comienza a recorrerme un tremendo calor que me sofoca y me hace sudar y sudar y sudar… puf, ahora caigo en la cuenta porqué cada vez que visito a mi médica, me dice: Martha, tiene que tomar mucha agua, anda muy deshidratada… -Pero sí vengo tomando agua, doctora, mire, me acabo una de estas cada rato-

Luego de haber examinado tu boca y hacerme sentir como una buena madre por tener un hijo con una hermosa dentadura, sin una sola caries y en perfecto estado, comenzó algo peor: me iba a enseñar a lavarte los dientes.

Y comenzó, los molares de adentro hacia afuera, unos diez movimientos para asegurarme de que la comida no se quedara ahí, multiplicado por cuatro, dos arriba y dos abajo; luego los dientes desde el paladar hacia afuera, luego los dientes por el frente también con los mismos movimientos y finalmente la lengua….largo largo largo, y yo con un tremendo calor encapsulado en mi cuerpo a pesar de que el aire acondicionado estaba a todo lo que daba…

Al final, las recomendaciones mientras la asistente te tomó en brazos y tu volteabas tu cabecita para ver si yo iba a consolarte al fin o iba a seguir en mi papel de mamá responsable en lugar de mamá cariñosa.

Te tomé en brazos, pagué y salimos de ahí, directo a casa, jugaste un rato y recordé que debía ir a la farmacia por tu pulverizador; la palabra mágica: ¡VÁMONOS! Pegaste un brinco como si fueras un pequeño resortín y te caminaste con apuro directo a la puerta, salimos y cuando regresamos a casa, calenté un poco de pescado empanizado del que comimos a medio día, tenías mucha hambre porque, contrario a tu habitual comportamiento, te quedaste junto a mí esperando cada bocado.

Al terminar, dejé a un lado del asiente el cepillo de dientes que quedó sin usar en el paquete, lo tomate y me pediste que lo sacara del empaque, te lo dí y comenzaste a cepillarte tú solito… mi corazón creció “del tamaño del universo universal”…y entonces te pregunté: ¿me dejas lavarte los dientes? Asentiste y entonce fui por el otro cepillo, con el que la doctora te lavó en el consultorio, lo tenía secando en un vasito y entonces te recosté y le pedí a Yoya que te contuviera los brazos, aunque ya no hizo” alta, pusiste tu pierna derecha sobre mi hombro (muy cómodo y gracioso para ti), comencé, tal como me dijo la doctora y entonces tus ojitos reían, tus pestañas se veían más hermosas y rizadas y tu risita gutural ahogada por el cepillo de dientes, me hizo sentirme tan orgullosa de ti que no cabía de la emoción.

“En 21 días de hacerlo a diario, cada vez que él coma, es posible crear un hábito”, pero tú respondiste más rápido de lo que yo imaginaba.

Ahora que duermes tan plácidamente, dormiré con una sonrisa en mi rostro y con el agradecimiento en mi corazón: gracias Strudell por sorprenderme cada día.

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2 Comments

  1. Oye que padre, de verad que es muy interesante que ya lo tenga como habito, felicidades Martita, de verdad!!!

    Un abrazo para ti y el tremendo Strudell!!!

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  2. Si Rocha, fue algo genial, el día de hoy siguió en el mismo plan chido de dejarse lavar los diente con gusto.
    Saludos a la señora Rocha y esperando que el nuevo miembro de la familia, se esté desarrollando con amor…

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