Merve, Atatürk y Voltaire…

En 1923, un hombre llamado Mustafá Kermal Atatürk, luego de haber peleado incansablemente por obtener la libertad de su pueblo y eliminar los conflictos con Grecia y Armenia, logró lo que nadie en el mundo árabe ha conseguido: refundar su nación para convertirla en un país laico.

Entre sus logros están, en 1922, la abolición del sultanato y la proclamación de Turquía como república y al separar la religión de las funciones de estado implantó la monogamia, puso en marcha un sistema educativo y una legislación laicos e introdujo el calendario gregoriano y el alfabeto latino;  todo esto luego de haber luchado por su país en contra de otras naciones a favor de la libertad de su pueblo.

Otro personaje turco, es Merve Safa Kavakçı nacida en 1968, obtuvo una diputación por Estambul en abril de 1999, pero tuvo problemas para tomar protesta por oponerse abiertamente a la ley que prohibe a las mujeres musulmanas usar velo en actos oficiales o sitios públicos como las universidades, debido a la fundación del nuevo estado turco.

Actualmente, Merve vive en Estados Unidos, cuenta con una maestría de Harvard y un doctorado de la Univerisdad Howard, es profesora de la Universidad George Washington y tiene dos hijas.

Se trata de dos caras de una moneda.

No soy política ni trato de serlo, busco cumplir con mis obligaciones de ciudadana y en la medida de lo posible informarme sobre lo que sucede alrededor de mi mundo porque entiendo que ser consciente de las realidades que nos rodean y que en apariencia nos son ajenas, es el mejor camino para terminar con la indolencia y la indiferencia de las personas y de los pueblos.

Una cosa es cierta: yo no vine a salvar a la humanidad ni estoy predestinada a ser la gran madre del mundo moderno, pero sí tengo claro que mi papel en esta existencia no es venir a quedarme sentada y callada y hacer lo que otros me digan que haga y mucho menos dejar de opinar sobre lo que ocurre a mi alrededor, porque al permitir que otros silencien nuestra voz les estamos otorgando un poder que reside sólo en nosotros mismos: cada ser humano es dueñ@ y señor@ de su voz y de su conciencia; no basta hablar, es más importante aún luchar para que otros hablen y evitar coartar lo que es un derecho inalienable de todo hombre y mujer.

Y ¿qué tiene que ver mi discurso de auto-justificación con la nación turca? Ciertamente, todo y nada, NADA porque mis palabras no van a cambiar la singular realidad que vive aquel pueblo y TODO porque de eso se compone la vida, de lo que en apariencia nos parece una contradicción porque no tenemos la menor idea de todo lo que conllevan esas realidades ajenas.

Atatürk fue un hombre que luchó por su nación y que con todo el derecho del mundo creyó en la refundación de su pueblo y por ello le apostó a la separación entre la religión y el estado; ahora bien, los pueblos musulmanes son, por lo general y a los ojos del mundo occidental, totalitarios y por ende, una vez que, como Turquía, logran liberar y separar “los asuntos de Dios” de “los asuntos del hombre”, es posible que en la búsqueda del equilibrio caigan en el extremo opuesto y algo parecido le pasó a Turquía.

Naturalmente muy poco puedo aportar a esta reflexión, pero vale la pena intentar entender ambas posturas, porque así se conforma el tejido de social, de diferentes estratos que se cruzan y entrecruzan.

En la vida social, política y religiosa de un pueblo hay de todo: por un lado están quienes apuestan por una total separación entre lo divino  y lo mundano, mientras que otros, como Merve, luchan para que no se apague su voz y por su derecho a defender lo que ellos consideran importante, como la libertad de credo.

Muy admirable es la postura de esta mujer que para muchos contradijo el gran logro de Atatürk, pero no es así, porque ella sólo busca dejar claro que en su vida existe lugar para sus creencias religiosas y para su lucha política, es una mujer que entiende la satanización que existe en el mundo occidental hacia el velo musulmán e incluso ella misma ha dicho que para los activistas es más fácil defender el derecho al aborto que tratar de entender el significado de la burka y es cierto, muchas veces, en la búsqueda de la libertad, solemos quedar cegados por el brillo de los derechos humanos y la defensa de valores que a veces entendemos como universales sin ponernos a pensar que somos iguales y por lo tanto, levantar la voz podría ser peligroso si no tomamos en cuenta que nuestra lucha puede nos ser la lucha de todos.

El punto es, creo yo, recordar aquella frase al político, escritor y filósofo francés François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire y que en la traducción dice más o menos así:

“Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por defender tu derecho a decirlo”.

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2 Comments

  1. Ahí es cuando la suma de muchas voces puede llegar a ser un buen discurso o sólo una gritería.

    Eso de cerrar el pico me parece sólo una arista más de la domesticación. Afortunadamente en nuestro país, podemos andar por ahí divagando, hablando fuerte y hasta haciendo marchas. Ojalá fuera igual en todas las latitudes.

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