Trueque

“Todos los hombres son iguales”, otro estúpido cliché que forma parte de nuestras vidas y nos impide considerar realidades diferentes; no es cierto que todos son iguales: el primero se fue sin decir nada, ni una sola palabra de adiós, al siguiente día simplemente ya no estaba y nunca más supe de él, salvo aquel día que fui al DF y lo ví sentado frente a mí, tratándo de esconderse para que yo no lo viera, como si después de 12 años yo le fuera a reclamar ¿qué? ¿que se fue debiéndome un adiós? No, ese adiós será su deuda, no la mía, la mía ya quedó saldada hace muchos años, muchos.

El segundo simplemente se consiguió otra novia y no me avisó, no me avisó que yo pasaba en automático a ser la primera “esposa” que por obvias razones deja de ser interesante porque ya nada en ella es novedad, dejé de ser la cueva desconocida por explorar y pasé al olvido hasta el enmohecimiento, hasta el momento claro, en que dejé de autocompadecerme para seguir adelante con mi vida después de haber levantado los trocitos de mi corazón que quedaron regados por toda la casa.

El tercero, puff, el tercero ha tenido que ser el más  importante, con él crucé el país y me llevó por caminos desconocidos que de otra forma quizá no hubiera recorrido, el tercero ha sido sin dudas él único que ha dejado una huella permanente en mí, tan permanente como lo pueden ser un par de hermosos ojos llenos de vida de los que espero la primera sonrisa del día y de los que anhelo con ansia su primera palabra, esa la huella más profunda que cualquier hombre puede dejar en una mujer…

Luego, el cuarto…no hubo un cuarto, hubo un intento de cuarto del que sólo fui el chivo expiatorio que sirvió para darle celos a alguien más y que por tonta acepté; recuerdo que ayer mi amiga me dijo que en la vida nos toca ser de todo y a veces, lamentablemente nos toca ser el chivo expiatorio de alguién más, pero la clave es comprenderlo, perdonarlo, sacar la pus y seguir adelante con el corazón vendado,  así está mi corazón en este momento, vendado aunque completo, tiene cicatrices por todos lados y hay sitios en los que luce amoratado, pero ahí sigue, vivo y latiendo, intentando darle un giro a la vida y buscando el amor dentro de sí mismo y no fuera, porque cuando lo buscamos fuera es cuando sufrimos decepciones, pero ahora que lo sé, entiendo que la fuente del amor es uno mismo y que no debe uno buscar el amor sino entregarlo, sin esperar recibir nada a cambio…

Cambiar el amor romántico por el amor universal sin límite y sin fin, es buen trueque, buscar la felicidad de los nuestros y tratar de que sus momentos con nosotros sean la mejor experiencia, es un buen trueque…cambiar el veneno por la sanación…es un buen trueque…

Ayer descubrí, gracias a dos personas maravillosas, que la vida está compuesta de tropiezos, duros tropiezos que nos latiman y parecen destruirnos, pero la energía no se destruye, simplemente se transforma y eso es lo que ellas han hecho de su vida, la han transformado para seguir adelante y para seguir siendo seres de luz dispuestos a salir al mundo a luchar contra lo que sea para que el mundo sea un lugar más justo; decidieron cambiar la amargura por la alegria de estar vivas…y eso me parece que es un buen trueque.

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7 Comments

  1. “ahora que lo sé, entiendo que la fuente del amor es uno mismo y que no debe uno buscar el amor sino entregarlo, sin esperar recibir nada a cambio…”

    Hace mucho que no pasaba por aquí. Mé hacía falta. ¡Qué buena reflexión! Saludos.

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