¿Y qué más?

 

Tal parece que cada vez que quiero dejar en paz el asunto de enojarme a causa de los cavernícolas que andan por el mundo y que ensucian la reputación de aquellos caballeros que sí saben respetar a las mujeres como a sus semejantes, siempre ha de llegar un Xy que logra que mi capacidad de asombro se supere a sí misma y me haga retroceder de nuevo.

Resulta que hoy es martes de mercado en el centro comercial de la “S” anaranjada, me fui con Adrián para que se distrajera un rato y como mi hermana está de vacaciones, ella también me acompañó.

Compramos todo lo que necesitábamos y luego ella se adelantó para ir al baño a cambiarle el pañal al pequeño Strudell de Manzana, yo hice fila en una caja que ya estaba terminando de marcar los productos de una ancianita, muy maquillada por cierto.

Pasé mi carrito por delante de mí porque logísticamente eso es lo que debe hacer para que el empaquetador, mejor conocido como cerillito, vaya poniendo las cosas en el carrito mientras uno paga; saqué mi cartera de una de las bolsas ecológica que llevaba y luego abrí la otra, traía en mis manos, una cartera, dos bolsas ecológicas y me disponía a sacar la cartera la tarjeta de puntos, ah sí porque no soy rica y el dinero no se da en macetas.

La simpática ancianita que estaba delante de mí estaba terminando de pagar cuando en eso llega un sujeto con su terrible actitud de superior y me dice casi gritándome y de muy mal genio –¿si me permites?- Giré para ver de qué personaje salía aquella voz malhumorada y prepotente y me topo con un sujeto que además de todo era muy feo; claro está que nada tengo contra la gente fea, salvo cuando su actitud es igualmente horrible, una sola ceja, ojos obscuros y con mucha ira por dentro.

En automático, sin preguntar nada dije –No- acto seguido intenta, igualmente con su actitud de macho encabritado hacerme entrar en razón sin darme explicaciones hasta que mi inteligencia me hace preguntarle –aaaaaaaaaaaaaaaaaaah ¿tú vienes con aquella señora que ya está pagando?-  y como si aquello hubiera sido lo más obvio del mundo o hubiera sido mi obligación saberlo, el “señor” dice: ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! Con su vozarrón poco amable, a lo que yo respondo con una interrogante:

–          ¿Y cómo le hago? ¿Me salgo de aquí para que tú puedas pasar?

Y ya que su testosterona le impidio pensar claramente para poder solucionar todo con la solicitud amable de que le hiciera un favor, él solito dijo: ¡Muchas gracias señora!

Y yo me quedé pensando: tan sencillo que era que me dijera primero “por favor” o bien que empezara explicándome que si santa madresita era la señora viejita super maquillada que estaba delante de mí terminando de pagar y le podría hacer el favor de pasarle lo que traía en la mano para poder pagarlo junto, pero nooooooooooo, él quería que por sus h…enchidas ganas de pasar y su vociferación, yo me asustara y le dijera: si patroncito, pásele usted y si quiere le beso los pies de pasadita.

No señor, cantidad de veces que uno le dice a la persona que está atrás y sólo trae un artículo mientra que uno va a marcar el súper de la semana: ¿sólo trae eso? Pásele; pero no, el señor “se arrancó en cuarta” y alzó su voz para que me sintiera obligada a dejarlo pasar, cuando en realidad él bien podía haber esperado a que yo pagara lo mío y entonces él podría hacer su pago, al fin que yo traía pocas cosas y mi pago iba a ser rápido en efectivo.

Siempre digo que soy muy peleonera y aunque muchos no podrán creerlo suelo ser una persona bastante educada en sitios públicos, mi pelea es de otro tipo y no tiene que ver con ser una brabucona que ande callando a todo el mundo a mi paso, suelo ser bastante respetuosa si la gente no se mete conmigo, pero cierto es que no soy de las que pone la otra mejilla y en este caso, lo único que pude hacer fue parar en seco a un sujeto que por cierto, me siguió con su mirada durante todo el tiempo que estuvieron marcando mi mercancía, no sé qué era lo que quería lograr, quizá que le preguntara qué era lo que le sucedía y si tenía un problema conmigo para poder responderme con alguna grosería o sólo quería hacerme sentir “el peso de su mirada matona”,  pero no sucedió ninguna de esas dos cosas, le sostuve la mirada por un rato, hasta que me pidieron mi tarjeta de puntos y el sujeto se tuvo que ir para no dejar a su santa madrecita esperando.

La cuestión es ¿hasta cuándo? Hasta cuando algunos Xy seguirán pensando que con gritonearnos van a entrar directamente por nuestro sistema nervioso para que respondamos sin chistar y nos obliguen a hacer lo que nos dicen y no lo que nos piden como un favor, porque lo que yo pude haber hecho por este señor era un favor, pero nunca me lo pidió, ahí estaba la clave.

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2 Comments

  1. Es que hubiera -hablando de hubieras- sido tan sencillo que me explicara que su mamacita era la santa anciana que estana dos personas delante de mí, creo que yo hubiera comprendido de inmediato.

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