Agreste

Lamo mis heridas como una gata salvaje que quiso ser domesticada; craso error porque un gato salvaje no puede convivir con los que ya fueron domesticados.

Curo mis heridas con mi propia saliva, ya sin rugidos ni lamentos, quise ser domesticada y el cálculo me salió mal.

¿Cómo  domarme si mi naturaleza lucha contra la corriente?

No pertenezco a ese mundo, ya no más, andaré con mi paso felino por las veredas agrestes y profundas.

Iré sin rendirle cuentas a nadie, buscando mi propio destino, así vine al mundo ¿qué podría fallar?

Quizá pueda reconocer los rugidos de otros felinos o tal vez termine olvidando cómo suenan las voces salvajes de los míos.

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