Día Cincuenta. Principio Básico No. 7. Reconoce tus duelos.

La estación seca de la vida no dura siempre. Las lluvias primaverales no tardarán en presentarse de nuevo.Sarah Ban Breatnach, El encanto de la vida simple.

Todos los seres humanos, invariablemente, no importa cómo, no importa cuánto tiempo; pasamos por 5 etapas de duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

La clave es, saber descubrirla etapa en la que uno se encuentra pero, sobre todo, el motivo de nuestro duelo. Uno de mis libros favoritos sin duda es Demian de Herman Hesse, no sé si tan sólo  sea por el recuerdo romántico de la época en la que lo leí, hace ya muchos años; o tal vez mi cariño sí vaya más allá y tenga que ver con los estados cíclicos que van y vienen y que nos hacen avanzar en una espiral ascendente hacia otros estados, ya sea mentales, emocionales o profesionales.

Demian es un libro que trata sobre las rupturas, no sólo las que ocurren en el sistema, sino rupturas en general, cismas que provocan caos en nuestras vidas y nos obligan a detenernos  para observar  con detenimiento hacia dónde caminamos.

Las rupturas son importantes, porque nos sacan de balance y nos arrojan fuera de nuestra zona de confort para obligarnos a reaccionar o bien, para sumirnos más aún, según lo asuma cada quien.

Estar fuera de balance no implica precisamente desequilibrio, sino simplemente una necesidad de reajustarnos a nuestra situación de acuerdo con nuestra naturaleza.

Creo que los seres humanos vivimos pocos grandes duelos en nuestras vidas y que implican grandes cambios, transformaciones que sufrimos en etapas críticas, esos grandes duelos conllevan pequeños duelos necesarios para el resurgimiento.

Cuando una persona comienza a cuestionarse desde el fondo de su ser, acerca de todo lo que su vida implica, sobre lo que tiene y debe aceptar y sobre lo que tiene y es preciso modificar, es entonces cuando sobrevienen esos “mini” duelos en los que uno debe dejar morir no sólo obstáculos que se interponen para el crecimiento o evolución sino personas –en sentido figurado- que a su alrededor no implican otra cosa que problemas, dolores, nostalgias, melancolías, enojos, frustraciones, porque son lastres que uno se va echando a cuestas a fin de no parecer incapaz.

Pues bien, “a lo hecho pecho”, dice la voz popular, porque las circunstancias que nos afectan aunque su curso no dependa de nosotros, debemos dejarlas atrás y concentrarnos en la valiosa persona que cada uno lleva dentro; como mirarse desnudo frente a un espejo y leer cada línea, marca, lunar, vello, comisura, coloración, protuberancia; buscar la autenticidad de la que cada no está hecho, cargar con nuestro manual de virtudes y defectos sobre el hombro, listos para el siguiente duelo o, quién sabe, tal vez será el tiempo de lluvia en el Sahara.

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2 Comments

  1. No he parado de leerte, sigo impactada de encontrar tantas coincidencias. Definitivamente formarás parte del alimento para mi mundo interior.

    p.d. Yo también leí Demian hace casi 20 años, cuando cursaba Literatura en la Preparatoria y fue un libro que me marcó.

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  2. Si, Demian un es libro que debes leer para encontrar algún sentido si estás viviendo una etapa de ruptura, como la que vivo yo en este momento.
    Muchas gracias Cecilia, aquí estamos al pie del cañón y espero ser yo la que comente en tus entradas.

    Responder

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