Clarobscuro

“Cantigas…., mujeres…., glorias…., felicidad…., mentira todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, ¿para qué? Para encontrar un rayo de luna… La gloria y el amor tras que corremos, sombras de un sueño son que perseguimos, ¡Despertar es morir!

Gustavo Adolfo Becquer. El Rayo de Luna.

 

Toda luz, tarde o temprano se extingue… hasta que lleva el momento de que una nueva luz aparezca…

Ella era un cuarto negro, lleno de humedad, obscuridad y con silencios más dolorosos y atemorizantes que el ruido mismo.

Nada pasaba ahí en mucho tiempo, salvo quizá la rabia de que nada sucedía; pasaron muchas lunas e incluso muchos soles, pero en su caso no lo había notado porque la luz no penetraba hasta ese lugar desde hacía quién sabe cuánto tiempo.

Así le transcurría la vida aparentemente tranquila, pero no era en realidad, únicamente se trataba de la apariencia o mejor dicho, de lo que nadie podía ver al quedar cegados por tanto obscuridad; ciertamente había muchas cosas en ese cuarto pero era imposible distinguirlas porque aquella negrura era tan abrumadoramente profunda que calaba hasta el último hueso.

Alrededor había de todo, un baúl lleno de momentos, una pequeña y hermosa mesa con su silla, ambas llenas de polvo en su superficie; sobre la mesa un libro abierto con muchas páginas en blanco que dejaron de escribirse hacía ya bastante tiempo; a un lado, el tintero y la pluma que de dieron, en otros días, forma a sus sueños, anhelos y pensamientos.

Al fondo de cuarto, un hermoso mueble de fino encino rojo al que ya nadie enceraba porque lo que su apariencia a la luz, debía haber sido seca y sedienta de lustre; en sus cajones y entrepaños, toda clase de cosas que a nadie le importaban pues quizá sólo tenían significado para ella.

Un delicado reloj que curiosamente seguía trabajando al ritmo del tic-tac tic-tac. Un álbum de fotografías y recuerdos de todos los sitios a los que fue, con decenas de páginas llenas de todo eso. Un cáliz de oro y plata con muchas incrustaciones de piedras preciosas, una verdadera joya que no había sido usada hacia mucho.

Y, en el estante central, quizá la pieza más importante de aquella habitación, un antiguo relicario de oro puro que en otra época debió colgar de su fino cuello gracias a la delgada cadenita, también de oro, que se encontraba a un lado.

Transcurría el tiempo, sin variación alguna y, un Buendía, pasó lo que nunca hubiera pensado que sucedería ya que aquella habitación parecía impenetrable…por alguna rendija que curiosamente siempre había existido, entró un delicado haz de luz; delgado y fino, tanto que de pronto daba la impresión de desvanecerse ante tanta obscuridad.

La habitación se sentía rara porque en mucho tiempo ni ella ni aquellos objetos que le hacían compañía en su sempiterna nocturnidad, no habían tenido tan distinguido invitado y el pequeño rayito de luz parecía sentirse a gusto iluminando tenue y sin saturación aquel espacio en desuso por tanto tiempo.

Se instaló aquel rayo y ahí pasó las horas y los días, riendo y jugando, acompañando y observando a todas aquella cosas que había en esa habitación otrora tan obscura.

Un día, sin aviso y sin más, el rayo comenzó a desvanecerse, no fue lento el proceso pues se extinguió rápido en absoluto silencio; de nada hubo tiempo entonces porque todo volvió a opacarse hasta ser negro de nuevo…quién sabe si por siempre o sólo hasta que un nuevo rayo de luz descubra la existencia de esa habitación y decida colarse por aquella pequeñísima rendija.

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5 Comments

    1. Alisma, sip… y supongo que la clave es saber disfrutar de esa penumbra… quizá habría que hacer un balance para saber cuánto tiempo pasamos en penumbra y cuánto tiempo nos alumbra la luz… nos podríamos sorprender.

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  1. Esos intersticios son a veces agradables y otras dolorosos. Pero cuando algo se filtra a través de ellos, algo cambia. La inercia se rompe por instantes, como cuando detectas un olor agradable que inmediatamente te lleva a asociarlo con un recuerdo.

    Seguramente el sol volverá a rasgar brevemente ese mundo obscuro, profundo e íntimo, para mostrar que aún en la más profunda obscuridad, siempre hay un intruso de luz.

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  2. HMx, No entendí.

    Fab: Este intersticio fue agradable y terminó doloroso, pero ya pasó, porque afortunadamente no duró tanto como para tirar la toalla y aventarse al suelo a sufrir.

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