Contrastes

Confirmé que estaba embarazada, más o menos a las tres semanas, cuando algo que debía venir, nunca llegó, pero empecé a sospechar porque mi cuerpo empezó a presentar mucha sensibilidad en ciertas zonas y mi nariz se conectó directamente con mi cerebro y mi estómago: todos todos todos los olores me provocaban una náuseas terribles, aunque pocas veces llegué a vomitar. Así, cuando una de mis compañeras de trabajo, E, me empezó a preguntar si sentía esto o aquello y me dijo: tienes que hacerte un examen o compra una prueba de farmacia, pero creo que lo más recomendable es un análisis de sangre; entonces, le dije que ya tenía pensando ir al laboratorio al día siguiente para poder conocer la verdad de una vez. Pues al día siguiente me levanté muy temprano, en ayunas fui al laboratorio, me sacaron una muestra de sangre, los resultados estarían a las 2 de a tarde; así que me fui a trabajar y hasta que fui por mis análisis intenté olvidarme del asunto, salvo por el olor de café que me estaba matando porque a pesar de ser mi bebida favorita, por aquellos días me provocaba unas náuseas de muerte. Fui al laboratorio, recogí el sobre y decidí abrirlo hasta llegar a la oficina, porque no quería hacerlo sola, necesita de la compañía de alguna de la gente que aprecio. Cuando estuve de regreso en la oficina, antes de entrar, me topé con mi compañera E y me preguntó: – ¿Qué pasó? ¿ya lo viste? – No, aún no abro el sobre –le respondí. – Àbrelo, Àbrelo. Lo abrí y la primera palabra que busqué fue POSITIVO, ahí estaba, era mi confirmación, yo me quedé como descansada y a ella le dio mucho gusto, me abrazó y me felicitó. Cuando subí, mis compañeros más cercanos esperaban mi regreso para oír los resultados. Todos me abrazaron y me felicitaron y así fue sucediendo con cada persona a la que le daba la noticia, mucha alegría, muchos mensajes de cariño y esperanza y se trata de mensajes que te aportan seguridad y confianza, te aportan eso que necesitas para seguir adelante, aunque claro está, Adrián no fue un accidente ni casualidad, fue un regalo que en ciertos momentos de mi vida pensé que nunca llegaría, pero llegó y con él una etapa de buenas cosas para mí. La noticia de un nacimiento, bajo cualquier circunstancia, debe ser, no sólo la mejor noticia que se dé sino la mejor noticia que se recibe, aunque el bebé no sea propio y aunque las condiciones no sean óptimas porque, si el caso es esto último, la llegada de un bebé tiene que ser suficiente aliciente para luchar. Pero la vida es loca y los seres humanos tan complejos y tan simples a la vez… esta tarde, cuando regresaba del trabajo y lo que más ansiaba era ver los increíbles ojos resplandecientes de mi bebé, mi mamá esperaba que alguno de nosotros llegara para darnos una mala noticia; aún lo tengo claro, le acababa de cambiar el pañal a Adrián, le estaba poniendo los tenia al revés y aventó las palabras como para no tener que repetir lo que debía decir o como para no arrepentirse de tener que decirlo: – Habló Paty, tu tía Martha ya murió…. – ¿Ya le avisaron a mi papá? Martha es la hermana de mi papá, su hermana más querida porque fue quien más cerca estuvo de él durante su infancia, ya que mi abuela tenía que trabajar todo el día para mantener ella sola a su familia, porque su marido se fue. Y yo pregunté eso de inmediato porque, cuando suceden cosas terribles, tengo que poner una barrera para no derrumbarme y cometer estupideces, necesito un motivo para mantener la mente lúcida y actuar con claridad. – Se me cortó la llamada, ya no supe qué más me estaba diciendo Paty, a tu papá no lo he localizado, no responde su celular. Cuando mi hermano entró le dije que teníamos que localizar a mi papá porque Martha había muerto. Tardamos un buen momento en localizarlo entre ambos, pero fui yo la que dio con el teléfono en el que al fin pudo responder mi papá, sonó un par de veces y de pronto, el sonido más terrible, yo rezaba para que mi papá no respondiera porque si eso sucedía, entonces sería yo quien debía darle esa horrible noticia, algo que nunca he hecho. – Bueno…. Cerré los ojos, respiré profundo y miré como imagen de fondo a mi hermano que buscaba algo en su computadora mientras sostenía en sus brazos a Adrián, quien por cierto, se estaba portando exageradamente tranquilo desde que llegué, como si se diera cuenta de lo que estaba pasando. – Papiiiiii –dije alargando la i como para no tener que hablar más y sólo quedarme así… – ¡Sí, que pasó! Preguntó él casi gritando porque trabajaban en la calle. – Hablaron de Durango… -hice una gran pausa esperando que él adivinara el resto porque yo me negaba a completar la frase para no quebrarme. – ¡Chihuahua hombre! ¿Ya? – Sí, ya… – Okay, voy para allá. Colgué y miré a mi hermano y mi mamá: – Que viene para acá –luego me quedé pensando y de inmediato rebobiné la brevísima conversación con mi papá, su voz temblorosa aunque todavía inquebrantable, me hizo pensar que no…él no debía volver solo a casa. – Vamos por él -le dije a mi hermano- déjame le hablo para ver dónde anda. Llamé otra vez a mi padre, me explicó dónde estaba y cuando colgué les dije: – Es mejor así, no vaya a ser que le suba la presión y se desmaye, se le oía temblorosa la voz. Nos subimos al auto, abracé a Adrián con el cinturón de seguridad de su silla y partimos, me senté en la parte de atrás para ir cuidando al bebé y porque mi hermano me lo pidió, además era mejor que mi papá se subiera en el asiento del copiloto de regreso a casa. Durante el camino, que no fue muy largo, sentía que la cabeza me zumbaba, el estómago se me revolvía y mi presión bajaba hasta hacer que mis manos temblaran…ni siquiera había comido, pero quizá si lo hubiera hecho, habría devuelto todo, la respiración se aceleró y mi corazón parecía querer salirse de mi pecho…luego, cuando sentí que todo iba a terminar en una explosión y mis ojos estuvieron a punto de llover, respiré aún más profundo y ahí ví aparecer la pequeña figura de mi papá, ya lista para subirse al auto… Ha sido la noticia más terrible que he debido dar en mi vida y que cualquiera ha podido dar nunca, se trata de una noticia que no hay forma posible para darla, no hay forma de hacerla más ligera, menos dolorosa, menos profunda, no hay palabras para decir “murió” de forma que suenen menos abrumadoras, quizá puede uno buscar la dulzura del lenguaje, pero la verdad es que el resultado siempre será desolador, siempre quedará la impresión de vacío, de pérdida, de lejanía, de nostalgia y nunca habrá sido suficiente el tiempo que pasamos con esa persona ni los momentos hermosos que quien se queda atesora en su mente y su memoria. Hoy partió de este mundo una gran mujer con quien quizá no conviví como hubiera querido, mas, la memoria de lo que hizo por los suyos es una de las grandes motivaciones de mi vida y su ejemplo será uno de los banderines con que salga a batalla cada día de mi vida. RIP Martha.

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