Amistad y libertad.

Estuve pensando mucho en las 2 historias que me has contado, bueno, en las tres, pero más en las dos últimas porque ambas se tratan de lo mismo, aunque con distinto matiz.

Antes, te pido perdón por hacer esto, pero tengo un motivo; siempre que hablamos lo hacemos hasta el tope, no sé quien tendrá más palabras guardadas, tú o yo y todo esto es algo que necesito decirte, pero si espero al momento en que podamos hablar de nuevo, nuestra conversación irá por otro rumbo y nuevamente se me quedarán las palabras atoradas entre el cerebro y los labios, también pude escribirte un correo que sólo tú pudieras leer, pero lo cierto es que en un e-mail, no sería tan cuidadosa para elegir el hilo, el orden y lo adecuado de mi mensaje, quiero ser correcta sin dejar de decir todo lo que tengo atrapado; además me estoy probando, me reto a poder ser clara contigo sin dar detalles, veremos a dónde nos lleva todo esto.

Ambas historias me conmueven, no sé si bien o mal o siento simpatía por esas personas, pero sí creo que sus motivaciones me intrigan y me obligan por mi curiosidad nata a racionalizarlas… no tanto a ellas, pero sí sus historias.

Todo este asunto se resume en dos palabras: amistad y libertad, aunque en honor a la verdad, ambos conceptos se parecen, o no, más bien tienen mucha relación, es como un matrimonio perfecto.

Recordé por eso mismo, a mis amigos más queridos, esos que están en mi vida de una extraña pero reconfortante manera, a una de ellas tú la conoces, es un ser humano que me inspira en todos los sentidos, por su fuerza, por el amor hacia su familia y porque es la clásica persona que a pesar de todo sigue de pie, ya sabes de quién hablo; las otras son dos amigos, hombres, a uno de ellos lo admiro y lo respeto profundamente por su intelectualidad, es un genio en verdad y al otro porque es una de mis almas gemelas, hace mucho que no sé de él, pero sí te puedo decir que fue mi compañero en los últimos semestres de la universidad, las otras dos son un par de MUJERES en toda la extensión de la palabra, dos hermosas mujeres, ex compañeras de trabajo a quienes admiro por su entereza, su fuerza y su lucha diaria; todo ellos a quienes tengo tan cerca de mi corazón son amigos porque a pesar de mis tremendas fallas como amiga y como persona, sé de su cariño y ellos son personas tan tremendamente buenas para mí y para el mundo, que el sólo recordar su existencia me proporciona alivio; quizá porque el principal ingrediente de esta extraña relación que tengo con ellos(as) es la libertad, sin juicios, sin reproches, sin cuestionamientos, simplemente sé que el hecho de que su luz esté por este mundo, hace que la existencia de sus seres más queridos y cercanos, sea mejor.

Amistad y libertad son dos palabras que espero poder llevar más allá, porque ambas se me dificultan aunque espero haber aprendido ya, algo de la vida y de las buenas y malas experiencias que he tenido, ya sé que a nadie “le hace falta mi sabiduría”, pero  me gusta compartir, lo que sea, sabiduría o no, que más bien no es “sabiduría”, así entre comillas como alguien lo dijo una vez, es experiencia, para bien y para mal, a eso no le llamo yo sabiduría, le llamo VIDA, la vida nos pasa sólo una vez.

Pues, eso del TODO o NADA, lo entiendo, con mi razón, porque en realidad me parece triste tener que plantearlo; ¿cuán desesperante o desesperanzadora tiene que ser tu vida para plantear algo así? ¿Hasta donde puedes soportar el ahogo?

Una de esas personas sintió que no podía más y que lo necesitaba todo o no quería más lo que tenia, poco o mucho; pero tú no querías ese grado de entrega porque empezaste a sentir sofoco y a cambio entregaste libertad, cosa que en realidad al parecer parecía poco apreciada.

El segundo caso, fue un poco de lo mismo, sólo que me parece que en esta ocasión las circunstancias adjuntas que le rodeaban, te hicieron pensarlo y mi pregunta sigue latente ¿qué hubieras hecho si te dice que por ti dejaría todo, hijos, pareja… casa… todo?

Una historia terminó por el sofoco, la otra terminó abruptamente y el mensaje final, para mí, fue más despecho que otra cosa, el despecho se siente ante la impotencia de que el otro, el que amamos o por el que sentimos lujuria o deseo, no sienta lo mismo, pero en ambos casos,  sobró la libertad que les dabas y libertad que en ambos casos salía sobrando porque ambas personas querían estar a tu lado, ser quien dejaba todo por ti.

Aunque un poco me da miedo imaginar en lo que hubiera podido pasar, no por mí sino por enterarme de lo que un ser humano es capaz de hacer por otro, ya sea por amor o sólo por lujuria; tan sólo pienso que no podría yo poner nada por encima de un pequeño personaje de 83 centímetros de estatura, que absorbe mi vida al máximo y que me mata de amor, que derrite mi corazón de carbón cada vez que me mira ¿cómo podría yo siquiera pensar en dejarle por cualquier persona? Eso es lo único que no puedo comprender, no sé si juzgo o no, pero al menos en lo que a mi respecta, tengo clarísimo que mi decisión de ser madre me cobra factura y, afortunadamente, me sacude y me hace volver a la realidad, es mi ancla al mundo y el motivo que me mantiene alerta, reflexiva y quizá a salvo; esa maravillosa la libertad, porque te mueve a hacer locuras, pero también es muy peligrosa porque por ella es posible hacer locuras también, locuras que pueden lastimar a otros.

¡Qué chistoso! ¿No? Aquí la libertad no funcionaba y sin embargo, era imprescindible, ambas personas tomaron una decisión luego de conocer tu postura, alejarse porque la amistad no les pareció suficiente y mi pregunta es ¿qué queda después? ¿nada acaso?

Ojalá no fuera así, ojalá los seres humanos tuviéramos la oportunidad de hablar del después, no con nostalgia, sino, ahora sí, con sabiduría, pero mientras tanto, la lección de tus dos historias, de las tres era esa: amistad y libertad.

Espero que entiendas a qué me refiero y no te molestes por haberlo publicado así.

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