Yo soy yo y mi circunstancia

HOMERO DIXIT: Así que una mujer con carácter y decisión de decir lo que piensa y lo que quiere, ya sea a pesar de su educación familiar o gracias a ella, tiene el poder de decidir qué vida desea, su futuro, de lo contrario sólo aceptará lo que se le imponga, aunque en general se les condiciona para que sean dulces, sumisas, responsables de sus hogares y esposas ejemplares…

Me parece que es precisamente el epicentro de mi discusión, es a lo que llamamos “dar en el clavo”, aunque ello trae a colación más implicaciones que con gusto disertaré porque me encanta racionalizar acerca de muchos temas, pero el feminismo es algo que realmente me apasiona, quizá porque lo siento muy cercano.

“Soy feminista por condición” fue una frase que acuñé en honor y haciendo referencia al maestro José Ortega y Gasset: Yo soy yo y mi circunstancia, que precisamente, nos propone que una persona ha de cargar con todo un bagaje de experiencias, conocimientos, actitudes, traumas, vivencias, dolencias, pasiones, etcétera y que no las carga gratuitamente porque las ha ido adquiriendo a lo largo de su vida y ha de ser el entorno familiar el primer espacio en el que se la ha dotado de todos estos elementos constructores de su carácter y reguladores de su temperamento y personalidad.

“A pesar de su condición o gracias a ella” y yo agregaría ambas, porque es la familia la que nos proporciona las primeras armas para salir al mundo y pueden ser geniales o muy poco útiles; yo tuve la fortuna de ser la hija, nieta, la sobrina, la hermana, la prima de mujeres fuertes, mujeres guerreras acostumbradas a ser las “raras”, mujeres que han sido transgresoras porque no se han quedado llorando su situación sino que se levantaron de sus caídas sin verse siquiera los golpes que les ha dejado la vida, que no están familiarizadas con la palabra “lástima” ni la autocompasión.

Así que quizá podría parecer que yo soy de las que puede decir “gracias a ella”, sin embargo también me identifico con el “a pesar de ella” porque si bien “mis mujeres” son ejemplares, el delgadísimo velo que esconde al machismo puede lograr engañarnos.

¡Qué afortunada es la mujer que nunca ha sufrido, por parte del varón, una sola agresión, sea física, mental, psicológica, laboral, familiar, sexual, social…!

No pertenezco a ese selecto grupo, porque si bien conozco y convivo con hombres que proclaman una errónea y utópica igualdad -porque jamás seremos iguales hombres y mujeres- en realidad observan una mayor deferencia hacia sus iguales, hacía los de su propio género, más aún en el ámbito laboral.

Ejemplos concretos: ¿Quién es la persona que hace el café en la oficina? ¿Quién es la persona que hace la comida en casa? ¿Quién es la persona que cambia los pañales al bebé? ¿Quién lava la ropa? ¿Quién hace las compras de la semana, quincena o mes? ¿Quién barre, trapea, plancha, etc? Si respondiste, la mujer a más de tres, entonces ahí está el claro ejemplo de lo que digo, pero habría que preguntarse también ¿Quién sostiene económicamente a la familia? ¿Quién dice la última palabra en cuanto a permisos y decisiones importantes? ¿Quién gana más en igualdad de funciones? ¿Quién es el dueño del control de la tv? Si respondiste que el hombres en más de 2…ya ni hablar.

Finalmente: “Que de lo contrario aceptará sólo lo que se le imponga” es la afirmación más interesante de todo el argumento, porque ahí se esconden las sutilezas más profundas –aunque parezca contradicción- dignas de observación.

“Imponer” en apariencia hace referencia a que la mujer es obligada a adoptar un rol que nunca tuvo la oportunidad de criticar o cuestionar, sin embargo existe una “imposición” mucho más peligrosa que se cuela en nuestras vidas sin que la notemos: los roles sociales; cito “las mujeres que se graduaban de ‘Lic. en Letras Españolas’, se divorciaban si estaban casadas o se quedaban de solteronas…” pero la convención social es fuerte y señala, entre otras cosas que:
– La mujer que no se ha casado o no se casa es porque ningún hombre la eligió. (Y quién los nombró calificadores).
– Mujer que sabe latín no tiene matrimonio ni buen fin. (Entonces pobre Fabiola porque hasta griego sabe).
– Una mujer más preocupada por su crecimiento intelectual no es normal. (¡Pues bendita y bienvenida la anormalidad!).
Y no sabría decir, cuántas necedades más que, dicho sea de paso, muchas mujeres alimentamos, sumándonos a esas convenciones sociales que se le habrán ocurrido a cualquier persona sin cerebro.
La convención social señala también que el fin supremo es el matrimonio y luego la familia y hay niveles claro está, pero ocurre que hay muchas mujeres que ni siquiera lo cuestionan, no se plantean que las posibilidades son infinitas ¿Por qué? Porque la vida así se les presentó y cuando tienen la oportunidad de ver más allá simplemente les da flojera, risa, miedo o se quedan en blanco tan sólo por plantearse otra realidad.
Ojalá tuviéramos la fuerza de ir contra corriente para que nuestras convicciones sean “a pesar de”, y no sólo “gracias a”.

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