Feminista por condición

Yo no soy feminista por tradición o por convicción; soy feminista por condición…por condición y por experiencia, porque la vida me ha llevado a creer firmemente que la mujer no es superior al hombre y mucho menos al revés.

La vida me ha enseñado que no hay mérito en haber nacido hombre o mujer, ningún ser humano hizo algo antes de nacer que lo hiciera merecer formar parte un un género o de otro y tampoco es una cuestión de suerte haber nacido XX o Xy.

Soy feminista por condición porque soy mujer y no puedo ser de otra manera, tengo que amar y respetar a la mujer porque soy una de ellas, se lo debo a mi género porque todas las mujeres a mi alrededor me hacen más mujer, su fuerza, inteligencia, entereza, amor y delicadeza alimentan lo femenino que hay en mí…

Soy feminista por experiencia al tener que entregar y sacrificar más, al tener que dar el doble de pasos para proclamar apenas igualdad; al tener que levantarme más temprano para poder llegar a la misma hora al trabajo; al tener que demostrar mi valor como profesionista segundo a segundo y con cada una de mis acciones mientras que a él sólo le basta su palabra; al tener que sacrificar minutos y horas de mi vida para cuidar de mis hijos mientras que a él sólo le basta que lo llamen papá; al tener que gritar para que no me miren por encima del hombro y entender que mi fuerza y mi valor no tienen relación directa con mi género sino con mi condición de persona y del compromiso y la pasión que le imprimo a todo lo que hago.

Y mientras tengo que dar el doble de pasos, me tengo que despertar 2 horas más temprano, hacer el triple de funciones en la casa y la oficina, gritar más fuerte, hablar con mayor seguridad para tener apenas lo mismo; disfrutar de menos permisos y horas libres…

Mientras eso siga sucediendo, seguiré siendo feminista, porque la igualdad es en realidad una idea, bastaría que mi padre, mi hermano, mi compañero, mis colegas y mis hijos entendieran que de verdad estamos en el mundo con las mismas oportunidades, hombres y mujeres y, que si lavo su ropa, hago su comida y pongo el café en la oficina, lo hago por amor y no porque mi condición de mujer sea condicionante para ello, que si le entrego horas de mi existencia a mis hijos, lo hago por amor y no porque deba sacrificarme o al menos porque sólo yo deba sacrificarme, sino porque espero que el amor y el compromiso también sea también una prioridad de los hombres de mi vida.

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